Orgullo

30 06 2019

Junio es el Mes del Orgullo, eso lo sabemos. Se celebran los disturbios de Stonewall que, aun no siendo los primeros, fueron los que marcaron el pistoletazo de salida de la lucha LGBT. Y también sabemos que hoy se acaba el mes, pero la lucha sigue, porque esto no es en plan de vamos a celebrar un mes y, si te he visto, no me acuerdo. Que el Mes del Orgullo no es «el mes en que os permitimos a los desviados que os mostréis y luego desapareced hasta el año que viene», ni «el mes de vamos a hacernos los guays apoyando a la peña LGBT y luego seguiremos como si no existieran» y similares. Solo es un recordatorio de lo que mucha gente tuvo que pelear y lo que queda todavía por hacer.

Claro que ahora os preguntaréis: «¿y tú qué tienes que ver con todo esto?». Pues digamos que llevo todo el mes pensando en qué puedo hablar en un mes como este. Y, claro, que este es mi rincón egocéntrico de Internet, solo que no sabía cómo poner en palabras lo que quería decir. Y creo que va tocando…

Porque, sinceramente, durante este mes y los anteriores he tenido dudas, muchísimas, y ciertos sentimientos que quiero exponer, aunque sea para que me digan que no debería pensar así. Así que… ¡al turrón!

No debería ni preguntar cuánta gente ha vivido en su casa el típico discurso sobre que la homosexualidad es antinatura; o que la gente nace (mejor dicho, se les asigna) u hombre o mujer y ahí se queda; o que la bisexualidad es o bien una perversión o bien una fase de que no sabes aún qué elegir; y así sucesivamente. Porque aquí todo el mundo ha pasado por esto. Igual que por qué se organiza una cabalgata, que madre mía la indecencia, que nadie piensa en los niños (que sus organizadores no tengan problemas con los fachas y la gestación subrogada me parece más importante y contradictorio, qué queréis que os diga)…

Yo he sido así. De niño ya me llamaban «mariquita», porque ya se sabe que en el colegio ya debes tener novia, por ejemplo, o que si tienes actitudes femeninas (sea lo que sea, supongo que es porque lloraba), pues no eres hombre (ya sabéis: señor cishetero)… Eso se te acaba pegando, tienes ese sentimiento de la sociedad a tu alrededor, que lo LGBT es un insulto (igual que lo femenino), y te afecta hasta el punto de que no muestras sentimientos porque si no dudarán de tu heterosexualidad masculina. Y tardas años, muchos años, en empezar a darte cuenta de lo equivocado que estás; tardas en saberlo porque, de no ser por Internet, no habría escuchado a gente que tiene mucho que decir al respecto y aprender de ella. Incluso una psicóloga tiene que sacarte de tu error tras tanto tiempo.

Y, aun así, las dudas no desaparecen de la noche a la mañana, por mucho que te informes. Incluso aunque parte de tu entorno esté avanzando, siempre quedan algunos coletazos ahí y una tolerancia hasta cierto punto (sobre gays y lesbianas opinan algo así como «vale, mira, vamos a toleraros mientras no nos toque»; de la gente bi siguen opinando que «son unos viciosos indecisos»; y de las personas trans y no binarias… mirad, mejor no os cuento lo que piensan de ellas). Eso hace que, cuando te vayas descubriendo, cuando, tras casi 30 años pensando que eres hetero y resulte que igual no… El miedo no desaparezca.

Ya no es solamente el tema de que no te acepte la gente LGBTfóbica, sino que creas que eso también te va a ocurrir dentro del colectivo (aunque luego sea mentira eso de que te van a dar la espalda). El ver que, durante tanto tiempo, has creído ser lo que te impuso la sociedad, ver que no eres eso… pero sentirte como un intruso. Que durante años creyeras ser hetero y luego resulte que seas, no sé, birromántico y demisexual. Que hayas tardado tanto en verlo, ¿no hará que otras personas LGBT sospechen? ¿Que piensen que finges, que mientes? Claro que por qué tendríamos que mentir, ¿no? Y que no sería el único, porque hay muchos, muchísimos casos, muchísimas experiencias diferentes…

Aparte está todo el tema de la asexualidad y su espectro (en este caso, demisexualidad), que hay personas LGBT que no lo aceptan, o al menos no creen que tenga que estar relacionado… y nunca sabes con quién te vas a topar (porque, a fin de cuentas, somos personas, con nuestros defectos y prejuicios igual que tenemos virtudes y bondades). Sé que hay personas que aceptan la asexualidad, aunque no sea bajo el paraguas de las siglas, sí como algo que no te hace un bicho raro.

Y que, por mucho que digan, no es salir una vez del armario y se acabó. Y que hay que elegir tus salidas igual que tus batallas, porque no toda la gente reacciona igual ni es igual de comprensiva.

Y no es mentira que nuestro país aún tiene bastante que aprender en materia LGBT; sin embargo, desde que se aprobó el matrimonio homosexual hay cierta sensación de «ya está, ya tenéis derechos, ahora dejad de quejaros», algo muy similar a lo que se hace, por ejemplo, con el feminismo. Y ahí está el tema de que hay mucha gente que cree que para qué seguir celebrando el Orgullo, que ya está claro que la gente LGBT es humana, que ya el resto es quejarse por quejarse (lo dicho, como con el feminismo).

Y ahí está la cuestión: intentar acallar las voces de quienes reclaman, porque queda muchísimo por hacer, esto no es un capricho, hablamos de la vida de la gente. De ahí está también lo que se ha dicho de «los maricones amables». Porque parece ser que Stonewall fue una marcha pacífica o algo así, y que la Historia se equivoca con lo de las revueltas.

La gente ha peleado y ha muerto para conseguir muchos derechos, y eso incluye todo lo relacionado con lo LGBT.

Mirad, ya he dicho que yo también he sido muy de esa opinión, porque la LGBTfobia te viene de serie en la educación, como el machismo y el racismo. Y de escuchar a gente que sabe mucho más, que ha sufrido, que ha luchado y que, pese a todo, sabe que quedan cosas y siguen peleando pese a los logros… te queda claro que no es un camino de rosas que ganarás con simple amabilidad.

Que no todo será pedradas, pero sí que van a seguir protestando, manifestándose, escribiendo… No se puede quedar en una aproximación ‘amable’ dentro del sistema. Que estés dentro del sistema no quiere decir que te quedes ahí y listos, no quiere decir que solamente cumplas con unos mínimos y que, sobre todo, no molestes, no incomodes. Si tienes ese poder, ¿por qué no utilizarlo para modificar el propio sistema? Porque parece que la amabilidad que algunos pregonan es acomodarse, no incomadar y ser una mascota en vez de una persona que lucha para que sus semejantes conserven sus derechos y consigan avanzar todavía más.

Y recordemos que, en muchos países, ser LGBT es un delito (incluso castigado con la muerte); que ser LGBT en público hace que te ganes más que malas miradas (incluso en España, donde te quieren «volver heterosexual a hostias»); y, por supuesto, que los partidos políticos pacten con la extrema derecha y eso signifique que mujeres, personas racializadas, migrantes y LGBT vayan a pagar las consecuencias para contentar a fascistas que no tienen miedo de mostrarse tal cual.

¿Y con este panorama, con autobuses negando la realidad de las personas trans, con partidos políticos que buscan quitar derechos que llevaron tanto conseguir, con personas que usan lo LGBT para hacer caja solo un mes por limpiar su imagen… se pide que seamos amables? No se puede ser amable con esta clase de actitudes. No se puede ser amable cuando, al otro lado, si pudieran, empezarían a hacer ‘limpiezas’ y terapias de reconversión.

Hay gente que se arriesga, es muy valiente, sabe las consecuencias… Y ahí también está el tema de la educación, porque hay mucho que enseñar, y ese hecho tan simple puede ser tomado por muchas personas como algo depravado, como una perversión para los niños, como si todo lo LGBT fuese solamente sexo y más sexo, sin pararse a pensar en los sentimientos, en la identidad, en tener referentes que te hagan ver que no estás mal, que no eres un error: que eres una persona, que hay más como tú, que hay muchas experiencias que compartir.

Y mirad, yo más de una vez, leyendo a gente que sabe, me he sentido incómodo. Muy incómodo. Pero si no fuese por esa incomodidad, no habría pensado en ello, no me habría cuestionado ideas que tenía preconcebidas y no habría cambiado a mejor. Y no puedo estar más que agradecido.

Hay muchísimo que hacer. Se pueden dar charlas, ir a manifestaciones, educar… Pero siempre quedará algo pendiente. Estaría muy bien pensar que el futuro será más brillante, solo el tiempo dirá.

Mientras tanto, escuchemos, eduquémosnos, revisemos nuestras ideas, aprendamos, y seamos mejores personas. Será un comienzo, y no tiene por qué ser amable. Si hay que incomodar, remover conciencias, que se haga así.

Ojalá poder decir más, pero yo solo estoy empezando.

 

 


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