Misteria I

15 06 2019

Ya sabéis que aquí uno es muy de darle a la fantasía y a la ciencia-ficción, y a cualquier cosa que las combine. Sin embargo, no es menos cierto que hay veces que uno debe salirse de su zona de confort, y la antología «Misteria I» (ya prometen que, por lo menos, es la primera) es una forma de darle el tiento al misterio. Aunque no me es desconocido, porque alguna historia de Agatha Christie leí hace tiempo, la verdad es que no ha sido un género que consiguiera atraparme.

Aun así, «Misteria I» ha sido una sorpresa grata. Desde LES Editorial querían iniciar su línea Policíaca|Suspense, y nada mejor que con un concurso para escritoras y con protagonistas femeninas y LBT. Si ya me conocéis, sabéis que estoy muy a favor de esta diversidad e inclusividad; cansa ya lo de hablar de que se ‘fuerza’ la representación LGBT (o femenina o racializada) y es necesario derribar barreras y expulsar a los demonios más rancios e ignorantes.

Ese objetivo lo cumplen cada uno de los doce relatos que componen «Misteria I». Puede que haya tenido mis más y mis menos, pero ya digo que es una colección muy notable.

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Portada de la antología [Fuente: web de LES Editoria]

Así que, como en el resto de colecciones y antologías, toca hablar de los relatos que podemos encontrarnos…

«Crimen carmín», de Raquel Arbeteta

La historia abre con Adriana, una adolescente, descubriendo el cuerpo sin vida de una de las vecinas de su bloque de pisos, Julieta. Y luego conocemos a Virtu, la agente de policía que investiga el asesinato, porque otra cosa no es. Todo ello regado con las malas lenguas sobre el trabajo de Julieta (básicamente, era prostituta), mientras Virtu está decidida a encontrar la verdad sobre este feminicidio y Adriana está en medio de todo, confusa y triste ya que era muy amiga de Julieta, y esta comprendía a Adriana mejor que nadie.

La narración es siempre en primera persona, alternando entre Adriana y Virtu. Esto nos permite ver la historia desde dos perspectivas diferentes, una adolescente y otra adulta, cada una con sus problemáticas, mientras vamos conociendo, a través de cada una, más detalles sobre la vida de Julieta y sobre su asesinato. El trabajo de caracterización de ambas está muy logrado, por esa contraposición que hace creíble los pensamientos de cada mujer, y cómo poco a poco el rompecabezas del caso se va completando.

Es un relato en el que quieres conocer el final, y que sea feliz. ¿Lo lograrán? Ya se sabe: hay que leerlo para saberlo.

 

«A Raiña», de Miriam Beizana Vigo

Emilia es enviada a un faro perdido de Galicia donde, en teoría, tendrá que recoger muestras y estudiar la flora y fauna de la zona, pero en realidad hay algo más: el recuerdo de su amada, Eva, y de lo que fueron los últimos momentos.

Gran parte de la narración es desde el punto de vista de Emilia, alternando entre el presente en el faro ruinoso, con la sola compañía de la esquiva farera, y el pasado, donde conocemos mejor la relación entre Emilia y Eva, el amor entre ambas pero, sobre todo, cómo encararon la tragedia. Según avanza la historia y Emilia parece perdida en un presente sombrío, el pasado que vamos conociendo va poco a poco perdiendo su luz y esperanza.

El final, admito, se me hizo confuso, pero también admito que, precisamente, la historia, en su recta final, juega con esa confusión. El avance sombrío es también, cada vez, más raro, extraño, y la frontera entre la realidad y la ficción se difumina.

 

«La muerte solo puede matarme», de Adriana García Ramos

Ariel visita un claro en el que conoce a una chica, Leslie, a la que va conociendo mejor día tras día, hasta sentir algo por ella… solo para descubrir que, en realidad, Leslie lleva años muerta. Y eso es lo que lleva a Ariel a buscar la verdad sobre lo que ocurrió.

A partir del recurso del ‘fantasma’, la historia va cubriendo todo los agujeros relacionados con el caso de Leslie. Podemos sentir en todo momento la dedicación de Ariel en la causa, cómo se fija en todos los detalles para resolver un caso que ni la policía consiguió cerrar como debiera. Además, el relato juega mucho tanto con la presencia etérea de Leslie, antes y después de conocer la verdad, como con las apariencias.

Una historia interesantísima, con un principio idílico, un golpe de realidad más tarde y una conclusión muy satisfactoria tras un desarrollo bien pensado y construido.

 

«Bajo la tierra», de Teresa Gispert

El relato ganador del concurso de «Misteria I» es, en mi opinión, muy merecedor de tal mención. Gertrudis, agente de la Guardia Civil, vuelve al pueblo de su infancia a resolver el misterio de la desparación de una joven, cuyo cuerpo, prácticamente intacto, reaparece muchos años después. Y Gertrudis quiere acabar cuanto antes, porque, no, el pueblo no le trae buenos recuerdos.

El odio y el asco de Gertrudis hacia su pueblo, tanto en el pasado como en el presente, nos hace desear tanto el querer que se largue como que el crimen quede resuelto. Y para ello el relato se sirve no solo de las impresiones de Gertrudis (por poner un ejemplo, a los locales no les gustan las lesbianas), sino que de leer lo que la gente del pueblo y de otras localidades cercanas dice y hace solo refuerza esa idea. Sobre todo cuando hay muchas partes de la historia que nos hagan sospechar, no solo de la podredumbre local, sino también de la mentira que hay detrás de todo esto.

Y es así como, al final, la conclusión no nos pilla tan de sorpresa, pero todo lo que vamos viendo solo confirma cada una de las sospechas, encajando todo. Y aunque queden algunos elementos en el aire, que no cabos sueltos, uno puede hacerse a la idea de qué puede pasar a continuación…

 

«Nombres propios», de Evelyn González San Martín

Un atentado en Chile es el detonante de una historia de miedo e incertidumbre. Europa, la protagonista, está preocupada por Camila, la mujer que fue su amiga y amante durante tanto tiempo. ¿Qué ha sido de ella? ¿Estará bien? ¿Aparecerá su nombre en los noticieros, como Europa teme? Pero ¿de qué forma?

La angustia de Europa es el motor de todo el relato. La narración nos pone en su piel, mientras busca a Camila, vamos pasando por su preocupación, su dolor e incluso su negación. Todo ello mientras vamos conociendo fragmentos de la vida que tuvieron Europa y Camila antes del atentado.

Tal vez lo mejor de esa historia no es tanto el misterio de qué pasó con aquel atentado y su relación con las protagonistas, sino precisamente la vida de ambas y que nos hace plantearnos hasta qué punto se conocían realmente. Y cómo afecta, precisamente, al presente y a la búsqueda en la que se ha embarcado Europa.

 

«El caso del I-Ching», de Viviana Hernández Alfoso

La muerte de Madelaine Sinat y un sobre con varios nombres conocidos y unos hexagramas del I-Ching llevan a Lili Schwartz a una carrera contrarreloj de romances, conspiraciones y pistas varias. Lo que parece un simple asesinato de una vieja amiga y amante acaba llevando a Lili a algo mucho más complicado.

Tal vez este sea mi relato menos favorito de la antología. No es un mal relato, de hecho, la historia que plantea, al menos en teoría, es muy interesante. La narración, eso sí, intenta embutir muchos detalles en poco espacio, lo que lleva a bastantes nombres, viajes y datos que se van acumulando, pasando factura. Esto hace que la lectura, al menos en mi caso, no sea tan fluida, teniendo que estar atento continuamente, revisando lo dicho en párrafos anteriores… no me induce seguridad cuando leo este relato.

Aun así, como digo, no es un mal relato. Sus ideas y la necesidad de saber cómo acaba juegan más a su favor que su lectura trastabillante, aunque interesante cuando debe serlo.

 

«Ónix y ámbar», de Alaba M. Vila

La historia finalista del concurso «Misteria I» también hace valer su posición, con una historia ambientada en los años ochenta españoles, con la inspectora Gabriela Montero investigando una agresión en la que dos gemelos de alta cuna son los principales sospechosos. Las pruebas parecen dejar claro quién es el culpable, pero ¿de verdad es así?

Como digo, parece que, por las pruebas y testimonios, sea un misterio fácil de resolver. Sin embargo, a través de Montero vamos viendo que hay más tela que cortar, conocemos mejor a los gemelos y su familia, e incluso qué relación tiene ella con la familia, o más concretamente con la víctima, Alicia, la esposa de uno de los gemelos. Es a través de ella, herida por lo que parece una agresión (¿o un accidente?) como llegamos a un final de lo más inesperado.

Ese juego entre lo esperado y la sorpresa consigue que, al final, el relato gane aún más fuerza, y eso que, precisamente, por las interacciones entre los personajes (incluyendo cómo Montero está harta del machismo de comisaría, o su relación con Alicia y los gemelos), que dicen mucho más incluso que las acciones.

 

«Círculo», de Haizea M. Zubieta

Lo que debería ser otra expedición en la Antártida se convierte, en cuestión de horas, en una locura donde un asesino anda suelto y amenaza al equipo de investigación que acaba de llegar. Celia Aranguren se acaba convirtiendo en la principal sospechosa, pero ella hará lo posible para demostrar que es inocente.

La historia se toma su tiempo para introducirnos la misión que se dirige al Círculo Polar Antártico, y la relación de Celia con los miembros tanto de su expedición como de otras personas que conocía de antes y estuvieron alguna vez en la base (especialmente con las hermanas Susana y Domitila Lago). También está el hecho de plantear una historia en un lugar tan remoto, tan aislado, para meter un asesino en serie.

Mi principal problema con esta historia, que hasta entonces había conseguido manejar la tensión hasta el punto de hacerte dudar de lo que piensas, es su final. La revelación en el mismo me ha resultado repentina, pese a que tiene una buena explicación para la misma. Pese a ello, sigue siendo un relato muy recomendable.

 

«Guardia nocturna», de Ana Morán Infiesta

¿Qué pasaría si en España convivieran los seres humanos con criaturas fantásticas y feéricas? ¿En qué cambiaría nuestra vida? ¿Y cómo influiría en un caso de asesinato que las agentes Sara Fernández y Eva Valdés deben resolver? Pues no tanto como parece, pero ayuda a dar cierta novedad.

La ambientación tiene todavía un sabor más bien costumbrista, pese a la presencia de zoántropos y cambiaformas, entre otros seres. Esto también ayuda a que, junto a la investigación de un asesinato en un Gijón sobrenatural, tengamos un tratamiento sobre la discriminación, siendo la repulsa hacia las personas feéricas solo una manifestación más. Eso sí, sin olvidarse del caso y de cómo se persigue su resolución.

Una resolución con una escena de acción un tanto precipitada, pero aun así satisfactoria. Y dos protagonistas que quedan enfrentadas en varios momentos por temas profesionales y personales, pero que, en el fondo, se tienen la una a la otra (y nunca está de más que alguien experimentada como Sara ayude a Eva a llevar mejor la relación con tu novia, las cosas como son).

 

«Un buen hombre», de Elena Romer Bonilla

Basado en un caso real que sucedió en Islandia, la acción se traslada precisamente a este país, lejano, frío y extraño para los que estamos más al sur. La vida apacible de una zona costera de Islandia se ve alterada por el hallazgo de una mujer desfigurada. Johanna Stéffansdóttir es la tanatopractora y, mientras intenta que el cuerpo sin vida quede de lo más presentable, pronto empezará a tener sospechas y visitas inesperadas relacionadas con el principal sospechoso, Jónas Møller…

Ya de por sí el hecho de que la protagonista se dedique a una profesión como la tanatopraxia nos da un punto de vista diferente: el de la persona encargada de que la difunta luzca bien. La soledad de Johanna mientras trabaja en la fallecida nos hace conocer mejor su trabajo, pero a la vez también la conocemos a ella y a Jónas.

Debo destacar toda la parte en la que Johanna recibe las misteriosas visitas, la tensión en todas ellas está muy lograda, desde la primera vez que cierta persona entra en la casa hasta la conclusión, tan amarga como espeluznante. Y, al final, todo queda en un buen trabajo que no oculta la desagradable realidad.

 

«A, de anónimo», de Marina Tena Tena

«¿Serás capaz de matar?». Esta pregunta, al principio extraña, fuera de lugar, es la que acabará por complicar todo cuando Lis sea secuestrada y Val no tenga más remedio que seguir las instrucciones que le hace llegar «A» si quiere volver a ver a su novia con vida.

El relato sabe cómo llevar la angustia de Val, sobre todo después de haber presentado su relación con Lis de una forma desenfadada, viendo la vertiente artística de Lis y cómo Val trata de comprender su arte. El vuelco que da todo con el secuestro de Lis sirve para ponerla a prueba, ver hasta dónde llegará Val. Y la misma pregunta que se le hace a ella se la podría estar haciendo a quien leyera esta historia. Y eso es muy importante, porque vemos la decisión de Val, pero ¿cuál sería la nuestra?

Y aunque no todas las historias tienen por qué acabar bien en esta antología, la verdad sea dicha: esta es la que, con diferencia, me ha dejado más tocado. Y no penséis que lo digo como algo malo.

 

«Por mano propia», de María Delfina Ungaro

Mariana Antón tiene que hacer un encargo para su jefa, comprar un cuadro para ella, uno de tantos chanchullos que le permiten tener un poco más de dinero y romance… pero las cosas se tuercen con el asesinato del vendedor del cuadro y todo se complica sobremanera.

Esta historia, en forma de confesión de la propia Antón, no tiene como foco principal este asesinato. Sí, es parte importante de la trama al punto de ser su detonante, sin embargo no es más que una pequeña parte de algo mucho mayor. Precisamente la virtud de esta historia es jugar con nuestra expectativa: donde podríamos pensar que Mariana se involucraría en la investigación del asesinato, en realidad somos testigos de sus dudas y miedos, de qué pasará con ella… hasta que, finalmente, empieza a ver que hay mucho más, el porqué de esa muerte concreta y lo que implica.

Esta es una historia de venganzas, es un juego judicial entre distintos personajes en los que Mariana ha quedado en medio, observando lo que ocurre. Somos testigos como ella de lo que ocurre, aunque sepamos que Antón ha sido parte activa, de una forma u otra. Y que, al final, seamos quienes hemos leído su confesión.

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