Fanfic, divino tesoro

18 05 2019

El término fanfiction o fan-fiction pertenece a la lengua anglosajona y puede traducirse como “ficciones de fans”. Frecuentemente se encuentra abreviado como fanfic (esta abreviación es la más percibida como una sola palabra en el ciberespacio) o, de forma simple, fic.

Se trata de una ficción creada por fans y para fans, la cual toma un texto original o persona famosa como punto de partida. Se crea, por lo general, en una comunidad o fandom y es distribuido, principalmente, en línea, aunque antes de Internet se imprimían.

Wikipedia en español

Toca hablar un poco de los fanfics desde una perspectiva un tanto personal, pero antes necesito que pongamos las cosas en contexto…

En La Nave Invisible, Anna Roldós escribió sobre los fanfics: sus orígenes, su significado, su relevancia (especialmente entre las mujeres, sus mayores baluartes), y el desprecio hacia estos mezclado con misoginia. Esto se complementa con este artículo de Darkor de 2016 sobre Philip José Farmer. Ambos artículos son los que me han inspirado a escribir este post… aunque al final, lo que voy a decir, no tenga mucho que ver con lo que ellas han comentado.

También, por añadir, está el texto que escribí en su momento, «El fanart y yo» que, pese a que el título lo deja claro, tiene algunas menciones a los fanfics y, sobre todo, refleja mi postura al respecto de las obras de fans como muestra de amor y apoyo a la obra original hace tres años y que sigue prácticamente intacta.

Pero entonces… si mi opinión sobre fanfics y fanarts se mantiene casi igual, ¿Por qué escribir este post? Pues vamos a ello, ¿no?

Desde luego, no vengo aquí a hablaros de la historia del fanfic, porque de eso ya lo tenéis, y muy bien contado, en los enlaces. Pero sí que vengo a hablar de cómo yo mismo he tenido esa experiencia, sin saberlo primero, observando desde la barrera luego y escribiendo después, para después despreciarlo y, con el tiempo y escuchando a gente más sabia, volver a interesarme. Puede que ahora mismo no sea ni lector ni escritor de fanfics, igual que tampoco hago ni leo (apenas) webcómics, pero sí que soy de los que volvería a caer en ello…

En ocasiones, más allá de crear algo 100% nuestro, tenemos un sentimiento, una necesidad de volcarnos en obras derivadas, el deseo de mostrar nuestro apoyo hacia obras ajenas dando nuestra propia visión de las mismas. O, tal vez, no estemos conformes y demos nuestra visión, como fans, de lo que podría ser en nuestras mentes.

En mi caso, digamos que, de niño, yo también planteaba ideas con personajes de distintas obras, cruzándolos sin ton ni son… porque la gente se creería que «Las Paridas de La Guarida» («LPdLG») surgió porque sí, pero no, era solo el fruto de años y años y años de ideas de hacer crossovers por toda la cara, también inspirado, cómo no, por «Marvel vs. Capcom» y similares. Claro que, de pequeño, no sabía que eso era fanfic. O badfic, como se hacen llamar a los fanfics que son… hmmm… bueno, el nombre es muy descriptivo.

Pero de «LPdLG» hablaré luego un poco (porque bastante os he dado la turra en el pasado), vamos a lo que vamos…

En la universidad, me reencontré con todo lo referido a «Megaman», sobre todo gracias a los foros que descubrí en su momento. En uno de ellos, «Ciel Network», fue donde aparte me enteré de lo que era realmente el mundo del fanfic, esos relatos escritos por fans, usando personajes y elementos de las obras originales. En aquel entonces pensé que, si quería sentirme integrado, también debería entrar en el juego del fanfic.

Así fue como nació «La Leona Furiosa».

¿De qué va ese fanfic? Ambientado en los juegos de la saga «Megaman Zero», narra la historia de Sarah, más conocida como Sekhmet, una Reploide que es testigo de los acontecimientos de los cuatro juegos, mientras va descubriendo la verdad de lo que sucede en Neo Arcadia e intenta redimirse, al tiempo que se enfrenta a Sacmis, una mujer que dice estar relacionada con ella, y se alía con Monty, un dron Pantheon desquiciado. Los nombres os serán familiares, desde luego. Menos todo el rollo de «Megaman Zero», claro. Eso es para los fans de la saga, y tengo entendido que la saga Zero no es muy querida entre los fans de «Megaman», que digamos (podría ser peor: podría ser la saga ZX).

La cuestión está en que utilizaba un recurso que no es para nada extraño en el mundo del fanfic: narrar los hechos oficiales desde el punto de vista de alguien que no es parte de los protagonistas, aunque en algún momento puede que crucen sus caminos, generalmente fuera de los acontecimientos principales. Para «La Leona Furiosa» tenía bastante de eso: Sekhmet, la protagonista de este relato, había sido entrenada por los Cuatro Generales de Neo Arcadia (y se detallaba un día de entrenamiento de cada uno); también había sido testigo indirecta de la resurrección de Zero; se enfrentaría con este durante el año de exilio del héroe rojo (es decir, en algún momento entre el final del primer juego y el inicio del segundo en la saga Zero, para no pisar eventos oficiales); vería la caída de Neo Arcadia en directo… Sí, tenía planes para básicamente todo. Y muy ambiciosos.

Quiero decir, ¡hasta subía aquello a Fanfiction.net y también hice la versión en español! Tenía la versión original en un inglés chapucero, y luego la traducía, y la colgaba en mi blog de relatos… Hasta que hice un buen borrado. Sí, también lo borré de Fanfiction.

Y ahora os preguntaréis «si tanto tenías planeado, ¿por qué lo dejaste?». Pues bien, hubo dos cosas que me llevaron a abandonar aquel proyecto: la deriva hacia los juegos de rol vía foro (que no dejaba de ser otra clase de fanfic, pero no lo llamábamos así), y el leer, por otros lares, que los fanfics… no eran algo bueno. Es en esos momentos cuando, movido por opiniones ajenas, decidí dejarlo estar. Y sí, en parte tenía un tinte misógino, como que qué es eso de un hombre escribiendo fanfics (y más con protagonista femenina), que si las Mary Sues y si la leche en vinagre, y… bueno, os hacéis a la idea, así que os remito de nuevo al artículo de Roldós.

Básicamente, el tema está en que uno tenía que asegurar su ¿hombría? en aquellos tiempos en que era más ignorante y de derechas. Así que me posicionaba en contra de los fanfics como algo inmaduro, que al final pasaríamos a crear cosas ‘de verdad’.

Y así llegamos a los webcómics, y a «LPdLG». Que no nos engañemos, esta fue una forma nada disimulada por mi parte de hacer un fanfic, pero como era un webcómic, pues nadie podía asociarlo con aquello. Claro que utilizaba el término badfic para referirme a mi webcómic porque era un imbécil que se autodespreciaba y, si bien es cierto que, como sabéis, tenía sus cosas malas, también tenía sus cosas buenas. Aparte, seré el autor, pero ¿quién soy yo para tanto desprecio? Porque el uso de la palabra badfic decía más de lo que podía significar realmente: no solo el autodesprecio, también se manda el mensaje de «claro que esto es malo, porque es un fanfic ilustrado, y de los penosos».

Pero sí: «LPdLG» era un fanfic, un crossover demasiado loco para ser verdad, combinando creaciones propias con otras ajenas. Fue lo que fue, y eso lo sabéis. Y nada cambiará.

La cuestión está en que esta realización, años después de terminar el webcómic, y el leer a la gente apasionada con el tema me hizo pensar. Sobre todo cuando las veía compartiendo los fanfics que encontraban, escribiendo los suyos propios, comentando lo que hacían y leían… mostrando una pasión por la obra original, dando una visión distinta y, como también menciona Roldós en su artículo, siendo «la única manera que estas mujeres tienen de liberar su voz crítica y artística, de luchar contra lo masculino como genérico y de sentirse representadas». Porque sí, gran parte de la gente a la que veía tan emocionada y apasionada con el tema eran mujeres.

Mi visión de los fanfics cambió bastante a raíz de ello. Había pasado de escribirlos a despreciarlos, a darles forma de webcómic (pura hipocresía), usar el término como insulto y autodesprecio… para, finalmente, aceptar la verdad: que son algo que, vale, no deja de ser una limitación por un lado porque estamos usando una obra ajena en vez de algo original, pero hay un esfuerzo detrás, un trabajo en crear un mundo nuevo a partir de otro existente, de dar un punto de vista diferente, de, en momentos, desafiar el status quo… Hay algo en los fanfics que te hace pensar en ese amor del fandom hacia la obra original. Salga peor o mejor.

Que sí, que lo sé, y todo el mundo lo sabe: hay mucha mierda en el mundo del fanfic, pero igual que en el mundo del no-fanfic, por así decirlo. ¿Y por eso hay que demonizarlo? Obviamente no.

Y sé que no leo ni escribo fanfics (quitando «Relatos de la Ascendencia», pero eran antiguos fics reescritos) porque, en fin, uno tiene sus bloqueos artísticos y busca tiempo hasta debajo de las piedras sin éxito. Sin embargo, pese a que en un momento pensé reescribir lo que sí estaba hecho de «La Leona Furiosa» a modo de despedida… a veces… he pensado serioamente en retomarla. Bueno, realmente no es retomar esta historia, más bien he pensado en empezar de cero, porque tenía muchos problemas, y no me refiero solo a la forma en que está escrito. Hay temas que, vistos ahora, no los trataría igual. Y, no sé, pese a las veces que he pensado que podría adpatarse como obra de un universo propio, creo que es un proyecto que debe nacer, vivir y morir en el seno de «Megaman Zero», como planeé originalmente.

Siempre habrá tiempo (como sea, lo conseguiré) para obras originales. Como los NaNoWriMos, ¿no?

Así que sí, el fanfic, divino tesoro. Disfrutad leyéndolos y escribiéndolos, que no os dé vergüenza admitirlo. Hay gente más sabia que yo que ya lo ha dicho, claro, solo quería dar mi punto de vista personal al respecto…

Y me siento muy agradecido por haber leído a gente que sabe más y que me ha hecho un pelín menos idiota.


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