El Chocujuego

13 04 2019

Durante años, muchos años, él, el Chocu, ha sido todo un fenómeno en las redes sociales. Nacido como la versión oscura de Coco, la mascota de Choco Krispies, sus aventuras comenzaron en el cajón de sastre «ASDFG», en la difunta Subcultura, obra de tantos autores que, si bien algunos son reconocibles, como Malleys o Fran Neftalí, siempre te preguntas quién más estaba, está y estará por ahí. Protagonizando tiras con el generador de cómics de Kellog’s, Chocu y sus amigos y enemigos desarrollaron su peculiar forma de hablar como forma de sortear el filtro anti-palabrotas que venía con el programa de marras.

Chocu pronto dejó de estar exclusivamente en Subcultura, y sus creadores se establecieron en Twitter, donde el magnate y tirano de los cereales Chocopocs tiene una legión de seguidores que crece y mengua día sí, día también, mientras la lista de gente que lo ha silenciado o bloqueado aumenta.

Chocu y familia han pasando por toda clase de sagas e incluso cambios de personalidad (como Magogo o los posavasos). Incluso tiene una Wiki para no perderse en la ingente cantidad de historia (o intento de la misma) que tiene esta jungla de locos.

8 años

Seamos sinceros: el humor (o algo que se le parezca) de los habitantes de la Chocucabaña es de ese que o amas u odias. Es más fácil caer en lo segundo y, por ósmosis o porque todo el mundo está que no para, acabas incluso pillándole cariño a la memez, aunque sea por el trabajazo que, en realidad, hay detrás. Yo admito que mezclo mis periodos de estar superenganchado con alguna saga currada con otros en los que me alejo del mono lo más rápido y lejos que pueda.

Y en 2016, se suponía que saldría el videojuego oficial de tan extravagante mono psicópata. Solo que, conociendo a sus autores, 2016 puede significar perfectamente 2019. Es lo que pasa cuando creas un juego en tu tiempo libre comunicándote con el resto por Telegram y, aun así, poniéndole todo el empeño y cariño posibles.

La cuestión está en que JAJA SÍ, ES ÉL, EL CHOCUJUEGO.

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El Chocujuego: El Dark Souls de los Bloodbornes de los Sekiros de los juegos de mascotas de cereales.

«Las aventuras de Chocu: el videojuego» suena a broma. Suena a malware listo para reventarte el ordenador. Suena a que te van a colar entera la película de «El profesor chiflado» de Eddie Murphy. Suena a porno de Shrek camuflado.

Es todo eso y más.

«El Chocujuego», como también se conoce y es mucho más corto, es un juego de plataformas de esos que son puñeteros por sí mismos. Y aquí es donde me llevo la primera sorpresa: pese a que su aspecto bebe directamente de la cutrez de las tiras hechas con generador de Kellog’s, el juego en sí es un ejemplo de cómo, con sencillez, puedes hacer un buen planteamiento de sus fases. Todo en ellas cumple un propósito…

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Esto, por ejemplo, cumple el propósito de matarte del aburrimiento.

… Incluso si ese propósito es amargarte la existencia. Porque, aunque empiece fácil, «El Chocujuego» va complicándose cada vez más en su búsqueda del Chocopoc Primigenio, hasta el punto de querer tirar el teclado por la ventana. O el ordenador (de sobremesa o portátil, da igual). O la mesa, directamente, y te dejas de rodeos.

En realidad no es tan tremendamente complicado, pero hay dos factores que juegan en contra del jugador.

Por un lado, los controles, que unos momentos pueden responder perfectamente y otros, sin embargo, deciden hacer lo que les salga de los mismísimos. Junto a eso, hay algún que otro bug que puede saltar porque sí. Lo que no sé es, dada la naturaleza de Chocu y compañía, hasta qué punto son intencionados. Aun así, mejor que «Mighty No. 9» y cuesta menos.

Y, además, esto de aquí añade aún más dificultad al juego:

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¿Veis todos esos mensajes que aparecen en pantalla? Estados de gente aleatoria similares a los de Facebook (ya os digo que por salir, salgo hasta yo), José María Aznar agregándote y quitándote de su lista de amigos, y, cómo no, Chocu y el resto de personajes dejando comentarios por doquier. Esto hace que la dificultad suba como la espuma, porque tienes dos problemas: te quitan espacio en pantalla y te debates entre leer las chorradas que sueltan o pasar de ellas (mientras inundan la pantalla, no ves nada y MUERES).

Por fortuna, se pueden quitar… o puedes aumentar su cantidad. Porque este juego te facilita la vida o te la complica, según te dé la gana. Si por opciones será…

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El Chocujuego da valiosas lecciones para la vida y para que no seas un mierdas. Si el Chocujuego lo dice, no seas un mierdas.

Como se puede apreciar y ya he comentado, gráficamente tira de toda clase de imágenes de ‘stock’ y de los personajes del infame generador de tebeos, junto a algunas cosas nuevas, entre arte oficial de «Motu y Patlu» o, por qué no, dibujos originales de algunos de LOS AUTORES.

Todo ello contribuye a esa sensación de cutrez y mala baba que caracteriza al Chocuverso. Mención especial merecen las pantallas de GAME OVER, donde los muchos padres de la criatura dan rienda suelta a su imaginación, desde collages hasta dibujos geniales y perturbadores a la vez…

… No voy a poner ninguna de esas pantallas de GAME OVER porque, a ver, es mejor que te sorprendan (para bien o para mal) por tu cuenta.

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En cambio, os dejo con el duelo del siglo: Chocu vs Arturo Pérez-Reverte

Luego está el apartado sonoro, con toda clase de sonidos más que conocidos y varias tonadillas que, desde luego, se acreditan convenientemente en el juego. Ninguno de estos son de producción propia, a excepción de varias líneas habladas por los personajes y, sobre todo, la música original compuesta y/o remezclada por Ziru, Repelux y Fran Neftalí.

Y eso incluye que esta música original sea tremendamente pegadiza, y que incluso se convierta en parte activa de una de las fases, que nada tiene que envidiar a las fases musicales de «Rayman Legends»… bueno, sí, envidia los graficazos de aquel juegazo, pero «Rayman Legends» no tiene a Chocu, así que quedan empatados.

Los temas originales y remixes de la banda sonora del juego están aquí y aquí, para vuestro goce (o rechinar de dientes).

Es un juego que, visto lo visto, podría haber sido un desastre. Y, a ver, un poco desastre es, pero es uno desternillante, con toda clase de personajes soltando estupideces a una velocidad imposible, mientras tratas de hacerte con todos los secretos. Porque encima el puñetero juego tiene secretos, un modo EX una vez te lo pasas con nuevos desafíos y fases, tienda para comprar objetos de mierda, e incluso galerías de fotos, dibujos originales de LOS AUTORES, fanarts…

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Como esta maravillosa obra hecha por un servidor

Así que… en fin… Si eres fan del mono más disléxico, malhablado, tirano, explotador de niños en sus minas de Chocopocs y sus amigos, aparte de que quieras un juego desafiante… Pues ahí que va, ¿no? Te puedes bajar el juego de Google Drive, o de Mega, mientras no se saturen los servidores, que total, darle leña al mono es gratis.

JUGAD SUS PRODUCTOS (con moderación).

 

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14 04 2019
Pedro de Matos

JAJA, SÍ

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