El pesar del viejo webcomiquero

6 04 2019

A veces pienso en todo lo que ha pasado desde que, hace trece años y unos pocos meses, vio la luz «Las Paridas de La Guarida», uno de tantísimos webcómics primerizos que asentaron las bases sobre qué hacer (y, sobre todo, qué no hacer) si hablas español y quieres publicar tus viñetas en Internet. El artículo que le dediqué ante un hipotético undécimo aniversario resume bastante bien aquella experiencia, aunque soy de esos a los que les gusta remover su propio pasado, y más el creativo. Acaba convirtiéndose en algo cíclico y descubres cosas nuevas.

Como una excavación arqueológica, pero en tu propio cerebro.

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¡Aquí no hay quien viva con estos percebes que se avecinan!

Aquello fue toda una experiencia, desde luego. Sigo pensando en ello, en lo positivo y en lo negativo. Pienso en el potencial desperdiciado, y pienso en cómo no era capaz de organizarme para sacar tiempo, lo que acababa con una actualización al mes si tenía suerte… Pero también pienso en todo lo que empecé a aprender y, desde luego, en la gente a la que conocí. Gente que es ahora bien veterana y más o menos famosa, que cumple sus 10 o incluso sus 14 años, y a la que conocías personalmente porque en aquellos años éramos cuatro gatos haciendo viñetas. Y mirad, cuando caía una visita a Zaragoza incluso cuando el WEE desapareció… pues qué bien todo, porque a fin de cuentas hicimos muchas amistades, unas duraron y otras no.

Siempre pensaba, generalmente, en lo negativo, que no era poco, que ofrecía «LPdLG»; sin embargo, ya veis que comencé, con los años, a ver su lado positivo, y ahí están esos locos con sus locuras y sus cameos, para la posteridad. Que hay cientos de webcómics similares, eso sin duda, que el arte de hacer humor absurdo y referencial, y la obsesión por los cameos es algo más universal de lo que yo pensaba en aquel entonces. Pero bueno, era mi webcómic de humor absurdo y referencial hasta los topes de cameos.

Y, por supuesto, hay que recordar que alguien de ese plantel de chiflados volverá, en un futuro, y con otros compañeros de viaje, pero a veces…

… Es curioso, pero a veces me hubiera gustado resucitar este webcómic, aunque sea para hacer tiras de cajón de sastre, algo non-sequitur. La idea de reabrirlo un 28 de diciembre, o que Monty y Mike regresen porque están buscando una gloria pasada que nunca tuvieron (aunque Monty sigue creyendo que sí, que él fue famoso porque hizo un par de cameos fuera de «LPdLG»).

Una chorrada, vamos. Como la chorrada monumental que fue «MODOK, Cabeza de IMA».

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Lo traen de cabeza, desde luego.

¡Ah, la moda de los webcómics de 50 tiras! Copiar y pegar los mismos dibujos para hacer chistes infames sobre un tema en concreto. ¿Casas? ¿Matrimonios? ¿Caras? ¡Lo que sea! Incluso hacer chistes sobre el cabezón de uno de los villanos más conocidos, inteligentes, ridículos y patéticos de Marvel.

Lo curioso de todo fue que aquel experimento gustó mucho, más incluso de lo que me gustaría admitir. Me hizo pensar en cómo este absurdo tenía más reconocimiento que «LPdLG», supuestamente mi cómic principal, el que debería atraer más la atención… Pero bueno, las cosas fueron como fueron, aquella tontería fue hija de su momento, tuvo su fama y ahí se quedó. La gente apenas recuerda los chistes horribles con MODOK y su organización criminal. El día que Marvel me ponga una denuncia igual sí se acuerda la gente, pero esperemos que nunca llegue ese momento (lo de la denuncia, digo).

Pero todo se acaba, y tanto las chorradas de 50 tiras como los webcómics primerizos también. Pero incluso con el pequeño vacío y descanso, uno acaba volviendo, así que… Bueno, digamos que «Apolo» vino a cubrir un nuevo hueco.

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Esas dos rayas dicen mucho de lo que hay en este cómic…

De este webcómic-desafío ya también hablé en su momento. Fue esa primera experiencia de dibujar guiones ajenos, junto al hecho de tener que enfrentarme a algo serio. No es precisamente una experiencia agradable. Era más el desafío, el tratar de hacer un cómic en menos de un mes…

… Al final fueron 36 días, por lo que aquel desafío fracasó, pero para mí siguió siendo un logro, sobre todo por mi historial previo. Incluso el hecho de hacer dibujos que antes no era capaz ni de imaginar, o el ver que podía hacer algo que no tuviera que ver con humor o cameos o referencias. Que había algo más que podía ofrecer, y que mi estilo podía adaptarse a ello. Ese estilo tan raro, que mezcla influencias occidentales y orientales, podía usarse para algo más serio.

Y así es como, finalmente, llegamos a «Zodiac».

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Unos corsarios muy salaos.

De este webcómic hablé dos veces: una vez cuando más o menos llevaba la mitad de mi recorrido, y otra vez cuando acabó. No dejaré de repitir que fue gracias a «Zodiac» que pude salir realmente de mi zona de confort en lo que a dibujo se refiere, y que supuso también el enfrentarme a mis miedos pasados sobre no poder sacar tiempo para dibujar y aprender a organizarme un poco mejor.

Fue algo catártico en muchos sentidos, fue reencontrarme conmigo mismo, con el yo de hace años que tenía ilusión por hacer viñetas. Por supuesto que antes ya quería dibujar, llevo garabateando desde crío… aunque hubo momentos con «LPdLG» que había perdido buena parte de la ilusión porque mi autoestima no acompañaba, y porque, lo admito tras tantos años, sentía mucha envidia por la gente que triunfaba (se lo merecieran o no… se lo merecen, ya os lo digo). Pero fue «Zodiac» el webcómic que consiguió que la chispa ardiera con tanta intensidad durante los cuatro años que duraron mis andanzas con esta banda de corsarios ucrónicos.

Y ahora os preguntaréis: ¿a qué viene este post? Digamos que, aparte de ponerme a rememorar estas cosas por los aniversarios de «¡Eh, tío!» y «El Vosque», también es porque, creo, y pese a que no hayan sido 13 años sin parar… he sufrido cierto desgaste como dibujante.

Fue acabar «Zodiac» y pensar que, bueno, ahora tengo tiempo para hacer chorradas, fanarts, cosas más ‘oscuras’ (y no visibles para todos) y similares…

 

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A veces, nuestro lado oscuro tiene forma de zorrita salida del año 1930 y pico llamada Chiki.

El problema está en enfrentarme a una hoja en blanco y no saber rellenarla. Lo que antes ni siquiera era un problema, o no era tan común, es mi día a día actual. He llegado a un punto en que mi cuerpo y mi mente no están de acuerdo en seguir dibujando. Como si tuviera que obligarme a descansar.

Y cuando empecé a sufrirlo, me dije que yo no quería eso, no quería pararme. Esos cuatro dibujos que ilustran los cuatro webcómics de lo que hablo en este artículo  fueron un intento de darme un homenaje y no abandonar el lápiz. Y me puse con algunas cosas sueltas (como Chiki), e incluso unos pocos fanarts. Y compartir parte de ello en mis redes sociales…

 

… Pero todo va a un ritmo muy, muy lento. No, no hay una excusa sobre no organizarme ni que me falte tiempo. Este agotamiento, o al menos creo que es eso, es lo que hace que no tenga esa pasión, esa creatividad, esa determinación. No culpo a la casi constancia con «Zodiac» de lo que me ocurre actualmente, porque esta saturación ha sido una acumulación de muchas cosas.

De ahí ese pesar del viejo webcomiquero. Del tipo que llevaba 13 años dibujando monigotes, viñetas y demás, y que ahora siente que no puede dibujar tan de seguido, pese a que «Zodiac» terminó no hace ni medio año. Pero así estoy, rascando cuando puedo la poca motivación que me queda, mientras espero que la cosa mejore.

No le deseo a nadie pasar por esto. Ni de broma. Es algo que, ojalá, no tengáis que experimentar. La sensación de no poder crear nunca más, o de no crear tanto como quisieras. Mientras tu cerebro funciona a todo gas generando nuevas ideas, es como si se las fuese reservando, porque no se siente con ganas de plasmarlas, y el resto del cuerpo está de acuerdo en dejarlo estar hasta que llegue el momento.

Así que… bueno… ahí estamos, ¿no? Pero no sé… Aunque no estoy en mi mejor momento creativo, al menos me esfuerzo para que lo poco que salga destaque, sobre todo para bien.

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A fecha de hoy, esto es lo más reciente que he dibujado.

Ya llegará el momento en que recupere mis energías. Solo quería dejarlo salir, porque es mejor hablar de ello, soltarlo, enfrentarse a esa realidad de la forma que sea.

Así que solo queda armarse de paciencia y seguir con estos intentos cuando buenamente pueda. Al menos no estoy parado al 100%, solo que ojalá estar más activo y creativo.


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