Star Wars: Estrellas perdidas

1 12 2018

Desde que Disney se hizo con Star Wars (y, bueno, con todo lo que viene siendo Lucasfilm y LucasArts), la gente tenía mucho, muchísimo miedo. Y una de las cosas que más escoció (hasta que llegó «El despertar de la Fuerza» y los rancios se rebotaron) fue el hacer borrón y cuenta nueva del Universo Expandido. Cientos de novelas, cómics, videojuegos y demás pasaron a ser Leyendas, fuera del canon, con algunos elementos como el Gran Almirante Thrawn dando el paso al nuevo canon.

Y es que, sobre todo, en las novelas se está viendo ese nuevo movimiento, aunque solamente he leído las dos primeras partes del «Consecuencias» de Chuck Wendig y este «Estrellas perdidas» de Claudia Gray.

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Portada de la edición española (Fuente: Web de Planeta)

Quien me conoce, sabe que soy fan de La Guerra de las Galaxias desde que vi de crío, en un VHS ya casi desgastado de tanto verla, «El Imperio Contraataca». Y también sabrá que no estaba muy apegado al Universo Expandido quitando algún juego como «Jedi Academy», aunque entiendo a la gente que le escoció muchísimo en su momento. Aun así, si siguen recuperando material antiguo (si se molestan en acreditar a los creadores originales, mira, mejor), puede que al final haya algo de compensación.

Sin embargo, no tengo nada en contra de este nuevo canon. El canon de «Rebels», de «Consecuencias» y de «Estrellas perdidas» me parece muy digno. Y eso que con la novela de Gray he tenido algunos sentimientos enfrentados que comentaré después.

La historia es sencilla: dos niños del planeta Jelucan, Thane Kyrell y Ciena Ree, sueñan con servir al Imperio. A pesar de sus diferencias (Ciena pertenece a una familia humilde que valora el honor, Thane a una rica que lo desprecia y maltrata), se hacen amigos casi al instante, y consiguen su propósito… solo que las cosas se tuercen en cierto momento y alguien deserta.

Así que, con este pequeño resumen, ya se deja clara una de las principales bazas de la novela: la visión desde dentro del Imperio Galáctico y su contraposición con la Alianza Rebelde. Podría haber recurrido a una visión bastante equidistante del conflicto, pero Gray consigue que poco a poco veamos cómo dentro del Imperio, entre gente que está segura de sí misma, podemos ver la duda, especialmente con episodios como el de la Estrella de la Muerte (que a ver, si tu dictadura llama a una estación espacial así, muy santos no son).

Ese paso gradual de la fe ciega a cuestionarse el Imperio, luego quedarse en una posición neutral y, finalmente, tomar la decisión de elegir bando es lo que más me ha llamado la atención de la novela. Y no solamente eso, sino también la justificación de quien sigue en el Imperio para no abandonarlo. Podemos ver desde un razonamiento que es sincero aunque retorcido, y también a los que ese fanatismo les hace servir sin dilación por muchos horrores que hayan visto.

Esto no hace que veamos a los imperiales como menos malvados, ni a la Alianza como menos buena. En un tiempo como el actual, donde hay bandos muy marcados, esas justificaciones de aquellos que no les importa hacer daño si con eso mantienen un status quo harán lo posible para sacar y maximizar los defectos de unos buenos que, no, no son perfectos. Me parece muy acertado que la novela, pese a ofrecer los distintos y enfrentados puntos de vista, sabe dónde posicionarse.

Pero aparte de esto, ¿qué más tiene la novela? La propia relación entre Thane y Ciena. Quería esperar a hablar de ellos, pero estos dos personajes muestran una evolución muy acorde con lo que vemos al principio de ambos. Thane, el chico que quiere huir de su planeta porque solo le trae malos recuerdos y el Imperio es lo único que le traerá algo mejor; y Ciena, la muchacha que busca conocer la galaxia y servir con honor y dedicación al Imperio. A partir de ahí, está claro cómo acabará la cosa…

Y vemos a ambos cambiar, está claro quién va a tomar qué camino, pero tal y como están escritos queremos verlo con nuestros propios ojos. Me encantan ambos personajes, precisamente, por su evolución, porque aunque sepas cómo acabará todo, ya no solo en el tema de Imperio-Rebelión, sino también en cómo su relación oscila, incluso en los peores momentos, en la comprensión del prójimo, en el amor que aparece tan naturalmente gracias a su amistad, en cómo la lealtad y el honor pueden cambiar… Las tiranteces, los pensamientos de cada uno, cómo la autora nos mete en su piel, hace que uno quiera que la cosa acabe bien… o, por lo menos, no demasiado mal.

En el reparto de secundarios, que no es que destaquen mucho si son nuevos nombres, es Nash Windrider, un cadete de Alderaan, el que tiene casi tanta presencia como los protagonistas, y no es para menos. Porque por lo que pasa este muchacho tampoco es moco de pavo, y también se observa una evolución, tal vez más brusca (pero, quien conozca Star Wars, lo entenderá), en alguien que se va apagando hasta que encuentra algo que le permita seguir adelante. Y no es agradable.

Lo que comento aquí es, de momento, todo positivo. Y es que la historia de por sí está muy bien…

… Mi problema viene en cómo intenta integrarse en el canon. Lo de que haya secundarios nuevos que no destaquen mucho más allá de Nash no es un problema, porque al menos también cumplen su función dentro de la historia. Es, como digo, la forma en que esta novela entra dentro de la cronología oficial.

No digo que no pueda haber una pequeña aparición de Tarkin como inspirador de los jóvenes jelucaníes, o que Mon Mothma se muestre muy cercana con uno de los protagonistas. Mi problema está en cómo se hace en los primeros compases. Como un intento desesperado de señalarnos que sí, esto es Star Wars, y que recorremos los Episodios IV a VI, e incluso nos vamos a Jakku.

Esto ocurre, ya digo, y sobre todo, al principio, donde destaco las chirriantes segunda aparición de Tarkin, quien aún recuerda a Ciena, y la primera de Darth Vader, en un intento fallido de transmitir el terror que inspira el Lord Sith. Por fortuna, esto mejora según avanza la novela. La aparición de Mothma nos muestra su lado más humano, sí; y la sorpresa al ver al verdadero Palpatine en la segunda Estrella de la Muerte nos transmite el terror de ver al Emperador sin filtros, siendo pura maldad.

Aunque hay que admitir que esos cameos son lógicos, porque si estás en el Imperio o en la Rebelión vas a ver a varias de sus figuras significativas (con suerte). El verlos en la práctica, ya digo, es como si sintiera la presión con la que se han metido.

Eso sí, ya os digo que esta novela me ha gustado bastante. No sabía qué encontrarme, y me ha dejado más que satisfecho.


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9 03 2019
Star Wars: Consecuencias (trilogía) | El muro de Charlie Draug

[…] hablé de «Star Wars: Estrellas perdidas», ya dejé claro que no estoy en absoluto descontento con el nuevo canon de la saga galáctica que […]

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