Alucinadas IV

17 11 2018

Mientras escribo esta entrada, aún está abierto el plazo de la quinta edición de la antología «Alucinadas». No voy a deciros que conozco la iniciativa «Alucinadas» de escritoras de CiFi desde su comienzo porque soy mal mentiroso, aparte de que está feo mentir.

Os digo ya que si la descubrí fue por el crowdfunding de «Alucinadas IV» y «Terroríficas». De hecho, gracias al mismo tengo para leer en digital las anteriores ediciones de «Alucinadas» que, por supuesto, después de haber disfrutado de esta cuarta edición, leeré con calma…

… Cuando tenga un eReader, claro, que será más cómodo que en el ordenador.

Pero a lo que vamos: hablemos de «Alucinadas IV». Hablemos de calidad por los cuatro costados.

cover_alucinadas

Portada de «Alucinadas IV» [Fuente: Web de Palabristas]

Creo que ya queda claro que esta antología me ha gustado bastante. Mucho, diría. Hay que reconocer el esfuerzo de las autoras de cada relato, de su interés por crear mundos futuros, ucronías, distopías, crítica social, reflexiones… Todo ello con la ciencia y la tecnología de fondo o con un papel protagonista. Pero no adelantemos acontecimientos…

Cada año, esta antología tiene nuevas editoras, encargadas de seleccionar los relatos y a la ganadora. Esta convocatoria ha sido responsabilidad de Iria G. Parente y Selene M. Pascual, de las que ya sabréis si habéis leído mi reseña de «Antihéroes» (libro que sigo recomendando). La antología abre precisamente con un pequeño texto introductorio de estas autoras para dejar lugar a un prólogo escrito por Sofía Rhei. De forma parecida a Elia Barceló con el «I Premio Ripley», Rhei hace una presentación que recorre brevemente la historia del fandom y de la CiFi y sus autoras (invisibilizadas), para luego presentar, brevemente, cada uno de los relatos. Se agradecen estas pequeñas presentaciones para meternos en materia y, sobre todo, para prepararnos a la calidad que vamos a encontrar.

Así que ahí vamos, hablemos un poco de cada uno de los relatos.

«Pocas palabras bastan», de Arantxa Comes

La ganadora de la convocatoria nos propone una realidad que, al paso que vamos, no es demasiado descaballeada: ¿qué pasaría si nuestras palabras estuvieran, literalmente, contadas? Ciento cuarenta palabras al día, escritas o habladas, incluso algunos gestos cuentan como palabras. Es algo aterrador y angustioso, y esta angustia es la que te hace sentir con su protagonista, una mujer que, asaltada por un misterioso tipo que recitaba unas misteriosas palabras, quiere averiguar la verdad de lo que pasa con algunas personas que están perdiendo la capacidad de comunicarse.

Como digo, lo primero que se siente es angustia. Esa incapacidad de decir nada porque no tienes suficientes palabras para ello, que te limiten. Es una forma de acabar con la libertad de expresión bien pensada, y tan aterradora, sobre todo cuando sabes quién es el responsable. También sientes pena, por la pareja de la protagonista, y los choques con su amada. Y, sobre todo, sobre cómo no hacer nada es hacer algo, solo que no lo que te gustaría.

Un carrusel de emociones y un concepto muy bien pensado sobre cómo censurarnos sin mucho esfuerzo.

 

«Revolución modélica», de Coral Carracedo

Esta es una historia de ginoides. Concretamente, Neala-232, una humanoide modelo que se convierte en el reemplazo de Moira Beuvont, antigua estrella de las pasarelas. El conflicto humana-máquina se nos presenta con las estrictas lecciones de Moira y cómo Neala debe aguantar ese abuso, solo para poder esperar a la noche y escabullirse por una razón que, poco a poco, nos irá quedando más clara.

El relato en general es muy bueno, por saber jugar con los puntos de vista de Moira y Neala, para que las entendamos en su frustración y sus anhelos. Eso sí: es el final, es la forma en que resuelve el conflicto, lo que me dejó más impresionado. Hay muchas historias sobre inteligencias artificiales y robots, pero hasta ahora no había visto yo una con la resolución de este relato. Una forma diferente de ver la diferencia entre humanos y androides/ginoides/noides, los derechos de unos y otros, y hasta qué punto podríamos vivir juntos o no.

Me descubro ante la mezcla de dureza, elegancia y sentido común.

 

«Ahora lo sientes», de Andrea Chapela

Manipular la mente humana solo está al alcance de unas pocas personas, y Rivera es de las mejores. Así que solo ella puede encargarse de un encargo tan complicado como hacer lo posible para que un niño bien salga bien parado, hacerle creerse inocente de unos actos que ha cometido. Y no, no es tan fácil como parece.

El relato se toma su tiempo en hacernos entender cómo funciona el trabajo de Rivera, la clase de mundo en el que estamos, y cómo es tan fácil que alguien con dinero pueda manipular la mente de su propio hijo para salvar el pellejo, sin importar las consecuencias. Es un mundo de ricos que se salen con la suya y el resto del mundo, y es algo evidente, porque aunque Rivera acepta y realiza su trabajo, no nos ocultan en ningún momento que el poder y el dinero pueden comprar la inocencia de un criminal. Por supuesto, hay precios que ni el rico más rico puede pagar.

La verdad es que el planteamiento de esta manipulación mental es interesante, pero lo que más me ha llamado es la resolución que… obviamente, no voy a contarla.

 

«Seamos efímeros», de Isabel Fernández

Los recuerdos, la felicidad, las ganas de vivir… Son tantas las cosas que merecen la pena en la vida que el hecho de perderlas… Bueno, no pensemos en ello, pero está claro que la protagonista de este relato sabe que su amiga pasó por algo tan terrible como para que se quitara la vida… no, para que la mataran. Y está dispuesta a llegar hasta el fondo de este asesinato.

En principio, la historia parece no tener mucho de ciencia-ficción más allá de los nombres usados. Sin embargo, poco a poco va descubriendo su naturaleza y hasta qué punto hay quien, en nombre de la ciencia o del beneficio propio, quiere despojarnos de todo ello. El frío, el horror y el vacío eternos a los que nos enfrenta este relato, especialmente en su clímax, solo para recordarnos lo que merece la vida.

Y que incluso en lo más oscuro puede haber una luz de esperanza. ¿O no?

 

«Mamá de metal», de Haizea Muñoz Zubieta

El título de este relato juega al engaño, porque tenemos dos madres en una familia que podría ser feliz, ambas con su hija… Pero no es así. De hecho, desde el comienzo hay algo extraño, que poco a poco se va complicando hasta llegar a un final que no por ser muy sorprendente no es de los que te dejan con el corazón en un puño. De hecho, es de esos finales que hacen que te derrumbes.

Porque pese a la aparente felicidad, es uno de los relatos más amargos de la antología, y sabe cómo jugar con ello. Poco a poco va quitando cualquier esperanza y alegría hasta que no queda nada. Por cierto, ¿os he contado que es todo desde la perspectiva de la niña? Por si no era lo bastante descorazonador. Consigue el efecto deseado, el de cómo la alegría pasa a ser rabia, tristeza, dolor y, finalmente, una suerte de apatía que acaba por tumbarte.

Y hay que inclinarse ante semejante capacidad para manejar esta montaña rusa.

 

«Un árbol para el nuevo mundo», de Paula Rivera Donoso

Un muchacho y su abuelo recorren un mundo desértico, buscando un árbol que solo el anciano consigue recordar, y con la única ayuda para recrearlo, aunque sea en dibujo, de papel y lápices. Y cómo el nieto intenta hacer realidad el sueño de su abuelo una vez llegan a un centro de recuperación.

La historia es esa relación entre un abuelo y su nieto, cómo este último quiere que la ciencia ayude a recuperar lo que el viejo anhela, o cómo en su búsqueda hace amistades y descubre cosas nuevas… Solo para que al final… Oh, bueno, no está bien destriparlo, pero digamos que hay muchas cosas que no hace falta que las recupere la ciencia. Hay otras disciplinas que hay que conservar también, otras formas de recordar el viejo mundo y llevarlo al más actual. Y al nieto le cuesta aceptarlo.

Es un canto sobre la mente humana y su capacidad para hacer algo real de la forma que sea, incluso en un mundo árido.

 

«Camera obscura», de Júlia Sauleda Surís

El planteamiento del relato es curioso, cuanto menos: ¿y si la fotografía, o más bien heliografía, existiera en el reinado de Jaume I? Agnès, como parte de la corte del rey valenciano, llega a las Baleares para retratar al vanidoso monarca, pero además se une a ello un nuevo encargo de las altas esferas papales.

La historia consigue que realmente nos situemos en otra época, no solo por las actitudes, sino también por el habla. Esto ya ayuda de por sí a sumergirnos en el período del relato. Y en él también nos enfrentamos a la ignorancia y a una suerte de tecnofobia mezclada con el terror y la pasión religiosos de tiempos pasados (o no tan pasados). Es una historia sobre cómo la ciencia, especialmente cuando está en manos de una mujer, es mirada con malos ojos a lo largo de la Historia.

Sin necesidad de grandes avances, consigue una ucronía muy interesante.

 

«Surrosolutions», de Gloria T. Dauden

Por desgracia, la gestación subrograda, los vientres de alquiler, es un tema que lleva bastante tiempo más que en boca de todos. ¿Y si hubiese un futuro en que esta fuese algo tan normal? ¿Y si las gestantes fuesen consideradas inferiores a seres humanos? ¿Y si alguien quisiera luchar contra esta realidad? ¿Lograría su objetivo?

El mundo que nos presenta el relato no parece diferenciarse tanto del que nos rodea, aire contaminado que te obliga a llevar una máscara aparte. No se corta en absoluto en hacer el paralelismo con nuestra realidad, dejando clara su posición. Especialmente tenemos esa presentación de cómo el mundo ve a las gestantes, el cambio que podemos experimentar al conocer la realidad, o el cómo queremos seguir negándolo, o que juegues con las normas de un mundo injusto porque no te merece conocer la verdad por el peligro que supone.

El final es de esos que duelen como un puñetazo en el estómago.

 

«In memoriam», de Irantzu Tato Rodrigo

La inmortalidad es algo que buscamos como especie porque ya no es que queramos dejar huella, es que queremos estar ahí para enseñársela a todos. Y ahí la ciencia y la tecnología pueden hacer mucho. Pero los recuerdos de cientos de años no caben en un solo cerebro, así que son necesarias memorias auxiliares. Eso sí: ¿qué pasaría si una de ellas fuese más allá de almacenar y comenzara a… pensar?

El relato ofrece una forma muy original de tratar tanto la inmortalidad como la inteligencia artificial. O la inteligencia, a secas. ¿Qué es lo que nos hace ser… nosotros? ¿Qué es ser? Es algo que Zaki, una IUI, se plantea, mientras intenta comunicarse con Lander, el humano en el que está implantada. Y esa comunicación es también algo tratado de una forma muy ingeniosa, que puede parecer obvia tras leer el relato, pero sorprende cuando lo ves por primera vez.

Un relato con muchas preguntas y optimismo.

 

«Amarás a tu madre por encima de todas las cosas», Elaine Villar Madruga

Mamá defenderá con uñas y dientes a su querida Anisha de las llamadas ratas, en un mundo donde el sol puede ser una bendición o una maldición. Desde la perspectiva de la pequeña podemos notar esa sensación de soledad, pese a la compañía de Mamá, y el miedo a lo desconocido y un mundo exterior que puede o no ser peligroso.

Es un relato confuso, donde nada es lo que parece, y sabe cómo jugar sus cartas. ¿Qué está bien, qué está mal? ¿Tiene razón Mamá en ser tan recelosa? ¿Qué hay más allá de la alambrada? ¿Por qué es tan importante el sol, para lo bueno y lo malo? ¿Y quiénes son esas ratas? Son preguntas que no tienen respuestas claras, y seguro que es mejor así. El objetivo del relato es la confusión y la incertidumbre, el miedo a lo desconocido… Y ahí acierta.

Puede que sea el relato que menos me haya llamado la atención, por su temática y confusión, pero ya digo: cumple su cometido.

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One response

24 11 2018
Terroríficas | El muro de Charlie Draug

[…] como os conté hace una semana, «Alucinadas IV» es un viaje a futuros posibles, a realidades alternativas, ucronías, distopías y mensajes tan […]

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