Antihéroes

23 06 2018

Cuando tienes que elegir por dónde empezar con ciertos autores… es una decisión difícil, muy difícil. Desde que por redes intento aumentar la lectura de autoras, también me he visto con esa tesitura, concretamente con el dúo de Iria G. Parente y Selene M. Pascual, conocidas por su saga de Marabilia…

… Claro que, pese a que ellas mismas dicen que los libros de la saga son independientes, uno prefiere probar con algo que esté en su propio mundo, sin ser parte de algo más grande. Y coincidió con la promoción de la que, entonces, era su novela más reciente, “Antihéroes”. Me gustó la forma en que llevaron esta promoción, con la participación de su público habitual, con información de los protagonistas, con datos sobre lo que sería este universo de gente con poderes en pleno Madrid. ¿Quiénes son estos cinco muchachos, qué es CIRCE y por qué la gente tiene miedo de lo que se sale de la norma?

Así que ya había decidido por dónde empezaría con ellas.

Portada de “Antihéroes”. [Fuente: la web de Nocturna Ediciones]

Vamos a empezar diciendo que me ha gustado bastante esta novela, así que quienes tuvieran miedo porque dijera algo como «bah, novela juvenil» o cosas así, que no lo tengan. Aparte, ¿y qué si es novela juvenil? ¿Y por qué usar ese concepto como despectivo? A mí me parece genial que se dirija a un público más joven, que los mayores también podamos disfrutarlo. Es maravilloso que haya personas ahí fuera que les haya encantado, gente que poco a poco le haya ido gustando más, gente que igual no le ha gustado… Hay de todo, pero que cualquier lector de cualquier edad lo pueda leer sin que le traten de tonto es importante.

Y… bueno, vamos a ir hablando de lo que me ha gustado y lo que me ha gustado menos, que para eso tengo este blog, ¿no? Avanzo que las cosas buenas superan a las que no lo son tanto, pero hay que comentarlo todo, por supuesto.

Empiezo diciendo que esta es una historia de personajes. Sus historias personales importan más que la trama general de la novela, por eso creo conveniente que hable de ellos en primer lugar.

El libro ya comienza con fichas de los que son nuestros cinco protagonistas y sus habilidades: Yeray puede teleportarse; Alicia tiene telepatía; Cristian es médium; Esther puede viajar en el tiempo; y Mei utiliza telekinesis. Cada uno tiene su propia historia, que se nos presenta en esas fichas de forma muy resumida, fichas creadas por la organización gubernamental CIRCE. Todos ellos han acabado en un internado que mezcla otras escuelas para prodigios de la ficción, desde la Escuela Xavier para Jóvenes Talentos hasta la británica Hogwarts. Solo que en las entrañas de la abandonada estación de metro de Chamberí, y sin ser tan elegante. De hecho, la sensación que se da en la narración, dividida en capítulos contados por cada personaje, es opresiva  incluso aunque algunos ya se hayan hecho al ambiente.

Cuando nos metemos en la historia en sí, lo hacemos a través de Yeray, con dos capítulos en pasado describiéndonos cómo llegó al internado de CIRCE. Su actitud es la de un delincuente juvenil de buen fondo, algo que seguramente alguno pensará que haría más difícil empatizar con él… en mi caso, eso no fue así, porque era fácil entender sus motivaciones (conseguir dinero usando su teleportación para ayudar a su padre, viudo, en el paro y con depresión); son sus referencias constantes a la cultura popular las que me agotaban más, aunque fuese coherente con el personaje. Su arquetipo es conocido, quitando las referencias, pero me gusta cómo en la obra vemos su evolución (aunque él parezca negarse), y cómo también, como digo, nos sirve de guía.

Lo de que sea nuestro guía es obvio, porque la parte de revelación de este mundo la hacemos gracias a sus episodios. Yeray empieza a conocer lo que es CIRCE, conoce a sus compañeros y sus habilidades, se convierte en el pegamento que los une (no por nada, es quien consigue que se unan para huir). Pero, sobre todo, descubrimos con él la que será la verdadera esencia de la obra: no es tan especial porque hay más gente con poderes, y que pese a su soberbia, fingida o no, aprenderá que lo que consideraba normal solo es una imposición, que reprime a quien se salga de ello, y que ser ‘especial’ no te libra de tus propios prejuicios, heredados de la sociedad.

No por nada, la sensación general es que, por ello, Yeray es el personaje mejor desarrollado del quinteto protagonista, lo conocemos mejor, y lo vemos crecer más que a cualquier otro.

Lo que no quita mérito al resto de protagonistas, aunque con distintos niveles. Las narraciones de Alicia y Cristian son, en buena parte, parecidas, son crónicas que se cuentan a sí mismos. Pero más allá de lo formal, realmente el contenido, no el continente, es lo que los diferencia.

Alicia lucha por mantener su seguridad, esa fuerza que consiguió al obtener su telepatía, pero que a la vez supuso su maldición, porque no podía fiarse de nadie, porque la hipocresía aflora, y ella necesita mantenerse íntegra, porque es lo que le queda. Su arco argumental es este, tenga o no sus habilidades de telépata: el demostrase a sí misma como es, no como los demás quieren que ella sea. Y con el grupo es capaz de ser ella misma, lo que lleva incluso a encontrar el apoyo que necesita, especialmente de una persona concreta… que no menciono, porque no es plan de ir destripando todo.

Por su parte, Cristian es mucho más inseguro, ya que su habilidad le debería permitir controlar a los fantasmas… y, sin embargo, solo consigue que lo dominen a él. No es hasta que tiene un incidente en el adistramiento de CIRCE con un espíritu, Álex, cuando empieza su propio camino, aunque tiene que ser forzado por el espíritu que ahora habita su cuerpo, no es algo que lleve él mismo. Es curioso, porque los personajes inseguros no suelen tener apoyos y al final se enfrentan solos a todo, pero tanto el resto del quintento como Álex (de quien hablaré más tarde) hacen que pase de ser un personaje poco interesante a uno que, pese a no crecer tanto, consiga cambiar lo suficiente.

Ahora bien, aunque ellos dos están bastante bien, creo que la sorpresa me la llevé con Esther. Y por dos razones. La primera es la forma en que se narra, con cartas, a veces adornadas con fotos (dibujadas por Kloe de Saga, autora también de la portada y los retratos de los protagonistas), a su yo del pasado, atormentada por algo que ocurrió hace años y que, espera, pueda arreglar cuando sus poderes sobre el tiempo estén perfeccionados; por otro lado, está su lucha contra la invisibilización.

Porque si con Yeray descubrimos la esencia de la obra sobre lo que es normal, es Esther la que nos lo deja más que claro. Y es ella la que nos habla de la invisibilidad de todo lo que no siga unas normas. No, no hace falta ninguna sutileza aquí, y es que tanto las autoras como sus personajes lo plantan: la invisibilización y estigmatización de identidades que no son las que la sociedad dicta como normales, sean poderes, identidad de género o sexual.

Y ahora llego al eslabón débil del quinteto: Mei. No me malinterpretéis, no es que sea pobre en cuanto a caracterización. Se diferencia a la hora de narrar de Alicia y Cristian en el hecho de que se lo cuenta a su muñeca, Arlenne. Mei vive con el trauma de que sus poderes harán daño a los demás, por un evento del pasado, y es lo que dominará su relato. Es la insistencia en el no hacer daño a los demás, en su miedo, lo que acaba cansando. Sé que es parte de su arco, es parte de ella, pero resulta muy insistente. Y, una vez da el paso, su arco queda parado, como si no pudiera avanzar más, y es una lástima, porque el superar sus miedos no debería ser el final, sino el comienzo de algo nuevo.

Ahora, respecto a los secundarios, hay una de cal y otra de arena. Por la parte buena tenemos a Álex, el espíritu que se cuela en el cuerpo de Cristian. Con Álex conocemos parte de su vida en CIRCE, y también sus motivaciones. Porque cuando eres un fantasma atrapado en Chamberí al morir allí, lo primero que necesitas es un cuerpo, y aunque actúa de forma egoísta, con el quinteto todo esto puede cambiar.

Podría hablar de otro personaje que también es muy interesante, pero dejaré caer su nombre para quienes leáis la novela: Sam. Tenedlo en cuenta.

¿Lo malo de los secundarios? Los villanos. CIRCE. Sabemos que es una organización del Gobierno español, y que no deja de ser parte de algo más grande, algo mundial. Pero aparte de ser la amenaza que persiga a nuestros protagonistas, poco o nada sabemos de ellos. Aparte de las ocasionales luces de gas que lanzan sobre sus internados, haciéndoles creer que son un peligro que debe ser entrenado para servir al ‘bien’, es como si disfrutaran con eso de ser villanos planos. CIRCE es, tal vez, la mayor decepción que me llevo con esta novela, aunque supondré también que, pese a ser los malos, no son el verdadero foco de la novela.

Vale, pero… ¿qué hay entonces de la trama? ¿Cómo que CIRCE no es el verdadero foco? Como ya he dicho, la esencia de la novela es desafiar lo que nos han impuesto como normal, que nuestra identidad, nuestras habilidades, lo nuestro es lo que nos hace personas, y que como tales personas nos tienen que ver los que creen que somos poco más que bichos raros.

Aun así, la historia está ahí: la historia de un internado, de cómo los cinco protagonistas (más Álex… así que sería sexteto, más bien) consiguen huir, recuperar sus poderes y prepararse para lo que está por llegar.

La primera parte es una presentación de los personajes, conocer un poco la vida del internado de CIRCE y cómo, con la insistencia de Yeray, al final los protagonistas se unen para salir de allí. Es un comienzo lento, ya que necesita poner las primeras piezas del rompecabezas en su sitio, las motiviaciones, la situación actual. Y aun así, no se hace pesado en ningún momento, la forma en que está todo escrito permite avanzar rápido y sin perder detalle.

Es a partir de la huida de CIRCE, de moverse por distintos lugares del mundo y empezar a entrenar con sus poderes cuando la novela gana en interés. Es el momento en que los protagonistas comienzan a mejorar, a madurar, a hacerse fuertes para enfrentarse a CIRCE y al mundo. Tiene momentos en los que te deja emocionarte, reír, enfadarte… Es un no parar de sensaciones que te lleva a empatizar con todos y cada uno de los protagonistas.

Cuando las cosas se complican, parece que la cosa está estancada hasta que nos vamos acercando al final… Un final un tanto decepcionante por un lado, pero muy emotivo por otro.

Es inevitable el conflicto final con CIRCE, y es tan caótico como uno podría esperar (no, aquí no hay coreografías, son los Antihéroes, no los Vengadores), pero no es ese el problema. De hecho, el caos es lo que da un punto original a la lucha. Es lo anticlimático que se siente en su resolución, como si fuese al final todo demasiado fácil…

… Pero, como compensación, se vienen unos últimos capítulos, a modo de epílogo de cada personaje, que son de las cosas más emotivas que he leído. Especialmente la parte de Yeray, con la que se me escapó una lágrima. ¿Veis como al final era el mejor desarrollado?

Y ya digo: es una historia más centrada en los personajes que en los eventos a su alrededor, pese a que, obviamente, esos eventos también les van a afectar.

Así que ahí tenéis mi opinión. Me alegra que haya gente a la que le ha encantado, porque dice mucho, y bien, de sus autoras, de cómo han llegado a los demás. A mí también me ha llegado, pese a esos puntos que he sacado, porque al final, como ellas mismas dicen, no vamos a dejar que nadie sea invisible, ni juzgado por una sociedad cerrada.

En el fondo, a nuestra manera, más de uno podríamos ser también Antihéroes.

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