El año que abandonamos… y eso, que lo abandonamos, ¿no?

31 12 2017

Pues otro año que se nos va, ¿no? Como en su momento dije, pasar de un año a otro no hace que, mágicamente, todo empiece de cero. Todo esto no deja de ser nuestra forma de hacer un resumen de lo que ha pasado y echarnos unas risas o unos lloros o lo que sea. Y pensar que yo antes decía que esto de ponerse a hacer un resumen del año no es lo mío y, aquí estoy, con el tercero en discordia.

Al menos en este no voy a sacar el GIF de BoJack Horseman…

Entonces, ¿qué tal el año?

Pues a ver, tampoco voy a decir que ha ido chachi-piruli (¿se sigue diciendo u oficialmente soy VIEJO?), porque en el trabajo ha habido repuntes de esos de darte de cabezazos contra la pared, solo que menos y de una intensidad menor. Eso sí, el señor síndrome del impostor está por ahí, pululando, todavía… solo que, igualmente, está menos presente.

Tampoco es que la parte social haya sido… bueno… muy social. Ha sido un año en el que he visto grupos de amigos romperse y enfrentarse, directa o indirectamente, mientras yo estaba en medio con el qué dirán dando vueltas, que si se polariza todo esto por quedar con unos o con otros… Así que digamos que este año lo he aprovechado más para tener más tiempo para mí mismo. Bien por el autoconocimiento y darme algo de amor propio y tiempo; mal porque ojalá más tiempo con gente que merece la pena aunque estén enfadados unos con otros.

Aparte, por supuesto, de esa sensación de que, por momentos, sigo siendo una persona poco relevante para la vida de muchos conocidos, pero tampoco es que todo el mundo tenga que decirte a todas horas lo relevante que eres. No vamos a tener la misma importancia para todo el mundo ni en todo momento.

 

Pero nada de eso suena tan bien…

Ya, me estoy quitando de encima los puntos negativos, que no son tantos, antes de ir a por lo positivo. Como el año pasado, tengo las herramientas, las tareas, las actitudes para ir a mejor. Pero también cuenta lo que pase que sea ajeno a mí, porque no todo depende de uno mismo.

Puede que mi vida social no haya sido muy social, pero ya he dicho que bien por la parte de tener más tiempo para uno mismo, para autoconocerte. Y es ese tema de apreciarte, de ver que tienes tus sentimientos y que, aunque no seas precisamente una persona supergenial ni megaatractiva, tienes un algo. Que no eres perfecto, y ser perfeccionista en exceso no ayuda. Tienes imperfecciones, tienes cosas que mejorar, pero que no te impida disfrutar de lo bueno ni convertir en una tortura lo que, básicamente, es ser una mejor persona.

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Esta es la clase de sonrisa que, hace poco, yo no era capaz de esbozar. Bueno, eso ni hacerme una foto por iniciativa propia. Da gusto no mirarse asqueado en un espejo o en una fotografía, por muy calvo, gordo, y mal envejecido que esté.

El tema del trabajo, quitando esos repuntes y marrones, ya digo que ha estado más tranquilo. Aparte, parece que la gente está siendo más honesta con el tema de reconocer que lo que hago no cae en saco roto. No digo que merezca alabanzas de todo, solo que, de vez en cuando, se te reconozca que no pierdes el tiempo, que lo que haces es útil, ayuda a que tu autoestima no se hunda. Claro que todos cometemos errores, pero si solo nos vamos a acordar de lo negativo no llegamos a ningún sitio.

Aparte, pese a, como digo, la presencia del síndrome del impostor, hay una diferencia: de echarme las culpas de cosas que no son mi responsabilidad estoy pasando más y más a ver quién tiene que hacer qué cosa y avisar de ello. Y eso es un paso muy grande. Porque cargar con las culpas de otros es un mojón bien grande, o el creer que realmente algo es culpa tuya cuando puede ser una casualidad o simple mala suerte, algo que le pasa a todos. Lo del impostor es feo.

A eso se añade el ampliar mis conocimientos. Solo que algún día espero que esos conocimientos encuentren su aplicación, más pronto que tarde.

 

Hay gente que este año también te ha visto más… ¿reivindicativo?

Más autocrítico (¿aún más? sí, pero menos machacón y más comprensivo) y más dado a la deconstrucción, mejor dicho. Desde el asunto del GamerGate a finales de 2014, digamos que estoy quitándome varias vendas de los ojos que llevan tantísimo tiempo ahí. Todo poco a poco, claro, nada de prisas ni de pedir medallas… aunque he tenido esas épocas de «aliado», las conozco demasiado bien para saber que, quien las critica, tiene razón.

Y hay gente que dirá que qué mierda el activismo online, y sí, hay momentos en que a la gente le puede el ir muy p’alante y arrasar… pero qué queréis que os diga, pese a que hay momentos en los que aquello que dice gente concienciada o marginada me duela, porque la verdad duele, incluso aunque no sea culpa tuya directa sino porque te beneficias de un sistema que te pone, por defecto, por encima de otros, también se aprende mucho. Se aprende a que uno no será una buena persona, pero tiene ese margen de mejora, sabe gracias a otras personas cómo puede empezar a andar ese camino. Y aunque mirar atrás suponga avergonzarte de actitudes pasadas, al ver que has avanzado, y vas por buen camino, sabes que, al menos, no vas a ir a peor (de momento).

Sé que hay gente que ha dejado de interesarse por mí en las redes sociales porque ayudo a dar voz a la gente que merece tener voz, soltando consignas como «del activismo también se sale», y no me arrepiento de que esa gente se vaya. Total, en las RRSS tú sigues a quien quieres y te interesa, aparte de que hay veces que vienes por las aficiones o el activismo o lo que sea de esa persona, y te quedas por la persona en sí (porque las aficiones y activismo siguen siendo parte de esa persona). Cada cual maneja las redes sociales como puede, y…

 

Espera… entonces… ¿tú eres uno de esos…?

¿Manginas? ¿Nu-males? ¿Planchabragas? Me han llamado tantas cosas este año por algo tan sencillo como dar voz a otras personas o mostrar mi apoyo o que yo mismo muestre signos de ser un poco mejor persona que ya aburre un poco, y ya solo me queda el recurso de contestar con esta imagen de Willy Wonka:

willywonka_wilder

Hay gente que no está abierta al diálogo y no merecen más respuesta, si es que merecen alguna respuesta siquiera.

Vale, quitándonos eso de encima, sigamos con cosas importantes…

 

¿Y qué más hay que sea importante?

No sé…

¿Qué tal la boda de mi hermana? No seré muy de ceremonias, pero si ya el año pasado fue agradable estar en la boda de dos de mis mejores amigos (no lo mencioné el año pasado porque… en fin… a veces mi mente es un desastre), el ser este año no solo mi confirmación oficial de cuñado, sino también ser el padrino de mi hermana, estar junto a ella en el altar, ver su felicidad y el estar feliz al verla así… Nuestra familia es tan imperfecta como cualquier otra, y ya con solo recordarlo se me están saltando las lágrimas. Sí, todo el mundo dice el tópico de qué bonita es una boda, yo me uno a ese tópico… y lo mejor es que ni me arrepiento de sentirlo.

¿O qué tal volver a Zaragoza, al salón del cómic de diciembre, para reunirme con gente genial que hace que, pese a la vida social en hibernación, uno pueda disfrutar de una compañía tan agradable? ¿Y de esos momentos de socialización a lo largo del año que, pese a ser menores en cantidad, han sido mayores en intensidad y felicidad? Porque eso de poder sentirte a gusto y feliz con gente que merece la pena… ya digo, ojalá más a menudo  y menos miedo al qué dirán porque hay gente peleada entre sí sin que tú tengas nada que ver con sus roces (no voy a decir que sea mi propósito para 2018, pero no sería descabellado… ¿verdad?).

O conocer a otra gente por las redes sociales, que aún hay miedo a que no sean «personas de verdad», y sin embargo gracias a ello conoces a gente más afín, aunque también tengáis vuestras diferencias. Y hay quien llena tus cronologías de RRSS de cosas bonitas, y esa alegría se contagia.

Son cosas que se quedan ahí, que son bonitas de recordar y de vivir. Para mí es un cambio poder apreciarlo como se debe, tras tantos años de recluir mis sentimientos que siempre te quitaban algo de la tarta de alegría de actos así.

 

Espera… ¿y qué hay de la parte artística?

Oh, bueno, “Zodiac” sigue viento en popa y a toda vela, desde luego. Aunque este año no es solamente el de “Zodiac”…

¿Quién dijo que no volvería jamás a dibujar en un fanzine? Pues este año lo he hecho en dos: “WEEzine X” y “Es ciencia”.

El primero es un ejercicio egoísta, egocéntrico, endogámico y nostálgico de un grupo de webcomiqueros como los que formaron aquel lejano WEE (que se hundió), de gente que le gusta hacer webcómics o lo que se tercie. No deja de ser una experiencia personal, y mi aporte es eso, precisamente, una retrospectiva de ese yo artístico. Curiosamente, lo que he hecho ha gustado a bastante gente (= 4 o 5 personas, que son 4 o 5 más de las que esperaba).

portada

El segundo es un fanzine divulgativo. Ya por este blog había hablado de lo difícil que era divulgar una vez pensabas en ello, y aunque siga siendo complicado, con este fanzine tratamos de darle un poco de vidilla al tema, y hacerlo de forma amena.

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A esto se añade el NaNoWriMo y una nueva edición del Inktober. Así que mira, sí, es cierto que con tanta cosa “Zodiac” se haya resentido un poco, pero no se puede decir que estuviera parado, más bien todo lo contrario.

Y no contará como algo artístico propio, pero gracias a iniciativas como La Nave Invisible he descubierto literatura de varias autoras que están fetén. Eso y valorar que, en nuestra vida, nos hablan tanto de autores Señores™ que nos olvidamos que hay muchas autoras, y con bastante trayectoria y experiencia, que pasan desapercibidas. No sé… Leed “La quinta estación”, de N.K. Jemisin, si queréis un híbrido de fantasía y ciencia-ficción con una construcción de un mundo bien hecha; o “El árbol de las mentiras”, de Frances Hardinge, una historia juvenil en una isla de la Inglaterra victoriana con paleontología, alucinaciones, misterios y guerra de sexos; o “El cuento de la criada”, de Margaret Atwood, que debe ser de las novelas que peor cuerpo me ha dejado y cuya distopía ya no es tan distopía y más una realidad.

Hay que seguir ampliando el catálogo, claro.

 

¿Y qué esperas de 2018?

Nada, no estoy ahí planificando todo lo que pueda pasar. Veremos qué es lo que va saliendo, tener algo por ahí planeado, pero imagino que habrá mucha más improvisación, porque hay… incertidumbre, así en general. Que la gente se pensó que 2017 iba a ser mejor que 2016 y también ha estado cubierto de ponzoña.

Nunca se sabe qué va a pasar exactamente de un año para otro, así que ahí vamos, a darle la caña que sea, según se vea, y a seguir mejorando en general.

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