Por siempre jamás

15 04 2017

Existen obras que son inspiradoras, otras con las que te sientes identificado… alguien puede pensar que una obra debe ser superprofunda para que sientas todo eso, pero no hace falta que tenga palabras complicadas ni muchos giros ni capas para provocar estos sentimientos.

“Por siempre jamás” consigue todos esos sentimientos sin hacer piruetas de guion, con las capas justas para encerrar más de lo que aparenta, y con un ritmo que sabe adaptarse a la situación.

Ya conocéis a Alicia Güemes “Laurielle”, dibujante de “El Vosque” y autora de casi todos los Woodies del mismo cómic. Ahora es su turno de contar su propia historia, con sus propios personajes y en sus propios términos. Porque si no todos, muchos dibujantes quieren también contar sus historias, no solo dar forma a las palabras de otras personas. En buena parte, todos somos cuentacuentos.

Y “Por siempre jamás” tiene esa sensación de por fin poder contar las historias que quieres.

“Era una noche fría y oscura… bueno, el tiempo era agradable… y había farolas…”

Empecemos por lo primero: la historia. Conocemos a Maite, una escritora aficionada con una novela aún sin terminar. A todos nos pasa que tenemos algo pendiente, pero ¿a vosotros os visitan dos de vuestros personajes y os arrastran a su mundo para terminar la historia? Pues eso le pasa a Maite cuando el protagonista de su novela, Fernweh, y su compañero Yo, el adorable metamorfo, toman esa decisión.

A partir de aquí, nos sumergimos en un reino gobernado por un rey caprichoso y egocéntrico, siempre rodeado de sus más fieles servidores y de su guardia real, destacando la general Percara como jefa de su seguridad. ¿Por qué tanta seguridad? Para evitar rebeliones, y Fernweh está dispuesto a comenzar una revolución… y necesita a Maite para que esto termine (y como él quiere, por supuesto). Por supuesto, no todo tiene que ir bien, y muchas veces las apariencias engañan.

Ya de primeras tenemos nuestro plantel bien colocado. Todos los personajes son interesantes (bueno, menos el Vizconde de Folo, un lameculos de cuidado) dentro de los arquetipos con los que comienzan y sobre los que se van desarrollando. Porque aunque la obra en un principio les asigne ciertos roles, tal vez por la entrada de Maite en este mundo, tal vez porque ya estaban destinados a serlo, consiguen actuar de formas que incluso se desvían de lo que se esperaba de ellos. Puede que Fernweh esté obsesionado con la revolución, pero también tiene sus momentos de dejar a un lado su ego por los demás; y Percara será fiel a su rey, pero hasta ella sabe que hay un límite y su propio código acaba tomando partido.

Siempre se agradece que un personaje pase de la única dimensión que un rol o arquetipo le asigne. Porque a fin de cuentas, las personas estamos llenas de contradicciones, de muchos factores, de una suma de experiencias. Y cuando un personaje te da esa sensación, sabes que hay un buen trabajo de construcción tras ellos.

Pero si tengo que destacar a alguien, es tanto a Maite como a Yo, quienes curiosamente muestran mejor la dualidad entre autora e historia.

“Mi historia y Yo”

Y es que Yo, ese ser cambiante, puede perfectamente ser una metáfora de una historia. Su devoción por la creadora, a la que llama su mamá, muestra esa conexión entre autor-cuento, un vínculo invisible e implícito. Yo se comporta como un hijo que no comprende todo, pero lo que sí entiende le basta y le sobra para que uno se dé cuenta de la realidad de su historia. Porque si con Fernweh entendemos la historia que se quiere contar, con Yo se observa lo que esa historia nos hace sentir, tanto siendo un lector como un creador.

El papel de creadora que tiene Maite aquí. Una autora que tiene miedo a avanzar, a terminar, porque no se siente con fuerzas ni talento (sea lo que sea lo que esta palabra signifique) para seguir. De hecho, cuando entra en la historia no se cree que ella sea su creadora. Todo le parece muy trabajado, con mucho trasfondo, pero su inseguridad le puede. Y es aquí donde vemos el reflejo del creador, y de cómo esta obra llega a esa parte nuestra. Porque Maite es cualquier persona que haya decidido contar una historia, pero por lo que sea no puede continuar, ni tan siquiera terminarla. Y es ella, al final, el motor que hace que todo se mueva, su simbiosis con lo que ella ha escrito, hace que avancemos en la trama, que esta muestre su verdadero rostro y que, finalmente, ocurra la catarsis.

Maite nos representa, estemos en el lado que estemos de la historia. Y este es el viaje que nos representa también, el viaje a conseguir la entereza necesaria para llevar a cabo nuestros proyectos. Nos costará más o menos, no será un viaje tan introspectivo, en muchos sentidos, como el de Maite en este cómic, pero es el viaje que todos compartimos alguna vez en nuestras vidas de creadores. Y es algo que en la página de agradecimientos la propia Laurielle deja más claro todavía.

“La mano que traza las líneas es la mano que domina el mundo”

Y ya que vuelvo a mencionar a Lau, si ya habéis visto su trabajo en “El Vosque”, aquí seguimos teniendo más de su estilo. Un trazo limpio y de apariencia sencillo, lleno de expresividad y dinamismo. Y puede que esta no sea una historia de otro guionista que haga que te salgas de tu zona de confort, pero eso da igual cuando eres tú quien te impones cosas nuevas. Y eso se ve claramente aquí.

Hay toda clase de planos, de localizaciones, desde grandes extensiones hasta tabernas y palacios y ruinas. La sensación de que nos maravillemos como Maite se maravilla está ahí siempre, aunque nuestra perspectiva sea el de alguien nuevo más que de alguien que no se cree que haya creado todo esto.

Pero hay otra cosa más. He mencionado la expresividad y el dinamismo, y no sé si seré yo, pero noto más soltura especialmente en lo primero. El lenguaje corporal y los rostros de los personajes transmiten incluso más de lo que ya transmite un personaje de “El Vosque”. ¿Puede ser un cariño especial por algo 100% propio? ¿La experiencia? Algo de esto será, porque si uno lee “Arded, Maderos, arded” o “El elfo inhumano”, las dos historias que continúan “El Vosque”, se ve algo de esa evolución ahí (aparte de que “Por siempre jamás” se ha estado haciendo en paralelo con las historias creadas por Morán).

Tal vez lo único que me ha chocado es el entramado de las páginas. Estoy acostumbrado al estilo habitual de sombreado con colores sólidos, tanto en grises como a todo color, y ver tramas me parece extraño. Te acostumbras, pero conociendo el trabajo previo de la autora (y el actual), lleva su tiempo hacer la transición.

“¿Y bien?”

Así que la conclusión que queda es más que clara: comprad, leed y disfrutad de esta obra. Y aunque parezca que solo vaya orientado a creadores, está muy bien que lectores que no han pensado en crear y solo quieren disfrutar de la obra hecha por otros también lo lean. No es solo por la empatía hacia los creadores, es también porque hay una buena historia que disfrutar aquí.

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One response

15 04 2017
John Wheel

Mi opinión sobre el guión no es tan buena como la tuya. Pero es un cómic que no me apetece despellejar porque me parece un cómic con una maquetación y narración visual muy buenas y que, a pesar de mis opiniones sobre el guión, es divertido y agradable.

Eso me hace pensar que si va aprendiendo y mejorando la parte de escribir puede fácilmente dejar en el barro al resto de autores y autoras de cómic que hay en el mundo.

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