El mito del esfuerzo

8 01 2017

Empecemos por lo obvio, aunque haya que decirlo porque hay quien se empeña en ver lo que no es: jamás diré nada en contra del esfuerzo. Nunca negaré la importancia de que des lo mejor de ti.

De hecho, ya habéis visto en el post catártico anterior que hablaba de mi esfuerzo a la hora de ponerme a cambiar las cosas en mi vida, de la importancia que le doy a trabajar duro en ello. Sin embargo, y también está en el artículo, hay una ayuda externa, una serie de guías que me ayudan a encauzarlo, y os puedo asegurar que sin esas guías mi esfuerzo no serviría por mucho que me partiese los cuernos; ni tampoco olvido el factor suerte, uno de tantos en la vida, que puede ser tanto el haber encontrado a la persona idónea para ayudarme como el tener la disposición de tiempo y dinero para ello.

Y aun con el esfuerzo, siempre hay baches, momentos de bajón… que pueden o no ser cosa mía, pero bueno, ya para eso os leéis aquel post.

¿Por qué todo esto? Porque el esfuerzo está bien, tener el control es bueno, y sin embargo no es lo único en esta vida, y hay muchos factores, muchas variables que no controlamos.

Todo ello viene a raíz del enésimo tipejo que va de inspirador y de coach por la vida. Que da igual que sea JPelirrojo como si quiere ser tu vecino el del quinto, porque ya es algo interiorizado por la sociedad y se cuenta como una Verdad Absoluta™. La cuestión está en que nos siguen contando la misma cantinela sin parar ni cuestionársela.

Porque a todos nos ha pasado. Nos han convencido de que solamente con esfuerzo uno puede llegar a donde sea, a conseguirlo todo. Te hablan de la leyenda de los garajes donde empezó Silicon Valley (mentira). Te matas a estudiar, a trabajar, a lo que sea, y la realidad, en vez de recompensarte, pasa de tu culo. Porque la realidad no está pendiente de que solo te esfuerces.

El guarrazo de realidad te lo llevas cuando eres consciente de que lo único que tienes es ese esfuerzo. Que al salir al mundo no tienes todos esos factores que influyen y no te contaron.

Puedo afirmar que conmigo esa hostia de realidad vino justo al salir de la universidad. A mí, como a tantos, nos convencieron de que una carrera nos solucionaría la vida. Teníamos el clasismo en vena, de eso que íbamos a estar por encima de los que no tuvieran carrera universitaria, que nos comeríamos el mundo. Y nuestros padres, incluso los de clase media-baja, se dejaban el dinero para que nosotros pudiésemos ser una generación más preparada.

Ahora: todo era esfuerzo nuestro, eso era lo que nos contaban.

Bueno, llegó la crisis, teníamos la así llamada titulitis y, en fin, qué os voy a contar…

Lo peor era ver la frustración familiar volcada en mi persona (¿recordáis las luces de gas que mencioné en el post anterior? ), el hacerme ver que era mi culpa por no esforzarme en conseguir un trabajo nada más salir de la universidad. Es algo que no solo he visto dirigido hacia mí, sino hacia mucha gente.

¿Qué dice la sociedad? Que da igual tu esfuerzo, para el público general si no has triunfado aún es porque no haces lo suficiente. Tu fracaso es solo tuyo, punto. Todo depende de ti, solo de ti, y de nadie más.

Y eso es mentira.

Y me jode muchísimo porque, como ya adivináis, eso ha sido uno de tantos motivos por los que llevo tantos años roto. El que te digan que eres único responsable de lo que te pase, que no te esfuerzas lo suficiente, por mucho que seas consciente de que haces incluso más de lo que te piden. Y esa creencia sigue presente.

Yo valoro, y mucho, el esfuerzo. También sé que no es lo único en esta vida. Y en esta vida, cualquier cosa nos puede ayudar o fastidiar.

Aquí ya entran muchos factores: estar en el lugar adecuado, caer bien a alguien, tener contactos (¿alguien creía que lo de los enchufes no era cierto?), dinero… hay muchos, tantos que ni yo mismo podría listar una milésima parte.

Así es como nos trata la sociedad. Así es como nos ha marcado, porque esto no es algo que uno se quite de un día para otro, es algo que tienes que ver, que otros te ayuden a darte cuenta. Porque uno por sí mismo no consigue verlo, sobre todo cuando ves a gran parte de la sociedad echarse encima de ti y culparte de «no esforzarte (lo suficiente)». Y aunque te digan que vuelvas a intentarlo, ya te han dejado claro que es culpa tuya que no saliera a la primera.

Y en esa mentira vivimos.

Yo no tengo la solución a esto, no tengo ninguna panacea. Ya me cuesta a mí irme dando cuenta de estas cosas, imaginad encima encontrar una solución. Y que sirva. Hay mucho que hacer, mucho en lo que apoyarnos. Encontrar la forma de que dejen de meternos la meritocracia y el valor del esfuerzo como únicos componentes vitales… ¿cómo?

Ojalá lo supiera y no se quedase solo en que aprendamos de esos fallos y ayudemos a las nuevas generaciones a que no se formen ideas falsas como nos hicieron a nosotros.

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2 responses

8 01 2017
Gurrupurru

Ánimo Carlos.

12 01 2017
Chuck Draug

Gracias. La verdad es que estoy mejor de lo que parece, quería soltarlo porque sé que no es tan fácil como lo pintan unos cuantos (que encima no son pocos).

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