El año que abandonamos algo más tranquilamente

31 12 2016

No iba a escribir nada, pero mirad, ha sido volver la vista atrás, leer el post que escribí hace un año y pensar en todo lo que ha pasado en este…

No, cambiar de un año a otro no hace que mágicamente todo empiece de nuevo ni cosas similares. La vida sigue, y los cambios son cosa tuya y de las circunstancias que se den, se dan a lo largo de los días, las semanas, los meses… Pasar de 2015 a 2016 no hizo que de pronto mis problemas desaparecieran…

No dejó de ser lo mismo: estrés, estrés y más estrés. Solo que mucho más concentrado, no en un año entero, sino en 4-5 meses. De esos de no dejarte descansar ni en el puente de mayo, así que imaginad el día a día.

Todo para acabar con el regreso de viejos fantasmas, como un autodesprecio que iba en aumento, una rabia que acababa convertida en amargura, o un hastío que no ha ido a peor debido a pequeños placeres como dibujar una página semanal para “Zodiac” (algo que me ha servido como vía de escape)…

… E incluso he llegado a dudar muy seriamente de mi propia bondad. Circunstancias diversas de mi entorno hicieron que, en fin, pensara que igual yo era realmente un ser horrible del que ni tan siquiera yo era consciente.

En definitiva, que mi situación en casi toda la primera mitad de 2016 era la misma que en 2015: esta escena de BoJack Horseman en el episodio 11 de la primera temporada (ya van tres veces que pongo este gif).

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«Voy a ponerme bajo la ducha para no saber si estoy llorando o no.»

¿Hiciste algo al respecto?

Claro. Llega un punto en que te hartas. Te hartas de que tu situración laboral solo supiera amargarte (el trabajar en una cárnica, por desgracia, te hace estas cosas); ves cómo tu entorno también tiene problemas y tú en medio, como siempre, conciliador, pero recibiendo por todos lados; el percatarte de que hay gente que te hace luz de gas porque qué culpa van a tener ellos…

… A lo que se sumaba algo que tenía muy arraigado, tanto que era tan parte de mí como el quedarme calvo o el tener un buen culo: esa sensación de tener culpa de todo por no poder ser capaz de ayudar a los demás en todo lo que creía que podía, el querer hacerme responsable porque alguien debe asumir esa responsabilidad (cosa que no es cierto: no puedes ayudar en todo, da igual que tengas buena intención, no somos omnipotentes)…

Harto ya, decidí por fin buscar ayuda. Hay mucho estigma, mucho miedo, mucho qué dirán sobre psiquiatras y psicólogos. La salud mental es, por desgracia, algo que buena parte de la población desconoce. Y así nos luce el pelo… o la calva.

¿Podría haberlo hecho antes? Podría. ¿Me arrepiento? No, porque la ayuda que he conseguido me está ayudando. Por supuesto, requiere mucho esfuerzo por mi parte, pero esto ha servido para escarbar, ver todos esos demonios que se resistían a salir, encontrarse con viejos enemigos que aprovechaban la bajona continua para regresar y atormentarme…

… Todo eso mientras soportaba a algún listillo diciendo «pero si estas cosas se ven/se arreglan sin ir a psicólogos», aunque fuese cierto que gente conocida, más o menos cercana, había visto algunas de estas cosas, aunque no supieran cómo ayudar. Al menos no iban de listillos.

No parece muy agradable…

Duele mucho ser al fin consciente de todo esto. Sentir algo que te sube por la garganta, esa rabia contenida, esa frustración. Llorar amargamente lo que llevas años aguantándote, expresar todo el dolor que te han provocado y que tú has intentado ocultar porque si no verían a un pusilánime por mostrar tus sentimientos, y que no fuese un estallido de rabia contenida.

Estás roto, pero por fin lo ves, y sabes qué piezas encajar y cómo recomponerte. Hacer frente a tus males y miedos. Requiere esfuerzo, pero ya te están dando indicaciones para seguir el camino adecuado.

Es ahí, es el ver por fin el lado positivo de la vida, y no solamente cantarlo en una canción de los Monty Python para aliviar el dolor, cuando te das cuenta de todo lo que has vivido, de la mezcla de experiencias, de cómo has dejado que los momentos negativos tomaran el control por diversas circunstancias, pero los positivos, aunque no les des tanto mérito, son los que te han mantenido a flote.

Sí, no lo niego, he tenido algún bajón… Algunos incluso han estado rondando por este blog. La única diferencia es que han sido menos y más cortos. Porque esta vez, por fin, me he sentido que podía ejercer cierto control.

Y también he tenido momentos poco agradables este año en mi entorno, y son esos los que han hecho dudar de mi supuesta bondad. Pero deconstruirse no es fácil, como tampoco es fácil reconocer las luces de gas de otras personas, o volver a sentir aprecio por ti mismo tras tantísimos años considerándote tan poco y chocarte de pronto esos momentos de mártir sin venir a cuento y que, por desgracia, han sido una constante en tu vida.

Basta ya de tanto mártir, ¿no os parece? Demasiado tiempo siendo cruel y autodestructivo, demasiado tiempo diciendo «esta vez cambio» y que quede en nada. Es hora de coger el toro por los cuernos, como quien dice.

Vaya… pero… ¿entonces te está funcionando o no?

Está funcionando. Que aún hay bajones, pero lo dicho, en menor cantidad e intensidad y duración. Llegará el momento en que sean algo anecdótico e incluso me pueda reír de ello. Al menos con más gracia que en una tira de “Owlturd”.

Y uno tiene que aprender de sus defectos sin olvidar lo positivo, que es muy importante tenerlo presente…

El poder por fin expresar lo que pienso y que la gente al principio se extrañe porque no están acostumbrados, pero pronto acepten que algo ha cambiado, y para mejor.

El ver que manejas mejor la carga de trabajo y su efecto sobre ti, que gestionas mejor cuando alguien viene a tocarte la moral y sabes cómo reaccionar. Que sí, que ahora habrá menos trabajo que hacer, pero el que llega, que no es poco, no consigue agobiarme.

El darte cuenta de que antes hablabas de problemas y ni te planteabas soluciones, y que ahora, con dificultades incluso, hables más de esas soluciones.

El fijarte que no tienes que cargar con las culpas de todos, no eres responsable de todas las vidas de este mundo, tienes que vivir tu vida, dedicar realmente un momento para ti, sin olvidar a los demás… pero no cargando con sus males: ten empatía, ayuda sin creerte el salvador de nadie.

El empezar a no darte asco al mirarte en un espejo, el ver a un ser imperfecto pero con virtudes que merecen la pena, y que quiere aprender y mejorar.

El intentar tomar decisiones nuevas en tu vida, para intentar mejorarla, sea con un curso que amplíe tus conocimientos, o sea, yo qué sé, aficionándote al teatro amateur (a verlo, ojalá tener tiempo para volver a actuar como en la universidad…).

El ganar confianza en ti mismo, y que incluso te marques seguir un desafío que antes te parecía imposible, y que pese a las dudas iniciales lo logres.

El poder mirar a alguien y que esa persona sepa que eres más feliz con solo un vistazo.

Puede que queden muchas asperezas por limar, pero estoy viendo que por fin las cosas lucen mejor.

Y puede que este año no haya sido uno en el que yo haya causado un impacto, por así decirlo, en vidas ajenas, porque antes de eso tengo que trabajar duro en mi propia vida y en mi bienestar. Y si no consigo estar bien conmigo mismo, ¿cómo voy a ayudar a otros, teniendo en cuenta que no siempre podré ayudar y que siempre debo dar lo mejor, aunque no salga todo a pedir de boca?

Tal vez por eso he estado algo distante con mi entorno en estos últimos meses, porque quería recomponerme, pegar los cachos rotos, para ofrecer un mejor yo al mundo y a mí mismo.

Y todo este rollo para…

Bueno, está claro, ¿no? Este no es más que otro texto catártico, con un toque algo más esperanzador, por fortuna, pese a las sombras que han aparecido como un mal recuerdo. Sé que cada persona es un mundo, cada persona es un cúmulo de sus experiencias y hay cosas que a mí me han servido y a otros no les servirá.

Podría decirse que he tenido suerte. Y también que he trabajado duro para conseguir una pequeña mejora.

Y eso ya es algo importante para mí.

Sé que hay gente a la que las miserias ajenas les importa un carajo, pero no importa: este es mi rincón egocéntrico de Internet, y si quiero marcarme un texto catártico, me lo marco. 😛

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8 01 2017
El mito del esfuerzo | El muro de Charlie Draug

[…] hecho, ya habéis visto en el post catártico anterior que hablaba de mi esfuerzo a la hora de ponerme a cambiar las cosas en mi vida, de la importancia […]

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