El lloro de los tebeos

1 11 2016

El mundillo del cómic, especialmente la sección de superhéroes, lleva un tiempo bastante revuelto. Más de lo habitual, quiero decir.

Y es que los detractores de la así llamada corrección política están a la que saltan. A la más mínima muestra de alguien que señale sexualización o racismo o cualquier otra actitud nada ejemplar, se oyen gritos de censura, de guerreros de la justicia social, de activismo, de meter política en tus aficiones… Y la cosa queda pringosa, pringosa.

Lo último que nos ha dado el mundo del cómic se podría resumir rápidamente:

Estos son los casos más recientes, que de Manara aún la gente recuerda su Spider-Woman en una pose supuestamente en homenaje a una de tantas posturas clásicas de Spider-Man (solo que Parker no va por ahí pidiendo que le penetren) y que sexualización aparte es una oda a la mala planificación de anatomía y perspectivas; o aún nos queda para el mal recuerdo la portada-homenaje a “La broma asesina” por el 75º aniversario del Joker, en la serie de “Batgirl de Burnside”, mostrando a una Barbara Gordon indefensa, todo lo contrario a su caracterización en la serie. Aquellas portadas desataron más quejas de corrección política, de censura y de no entender los cómics (especialmente sangrante fue la gente ofendida porque se sacaba a la luz, una vez más, el uso objetificado de Barbara en “La broma asesina”).

También he estado viendo a gente en plan “jiji, jaja, os metéis con Manara y Cho, pero mirad, vuestros tebeos siguen llenos de tetas y sexualización”, como si el problema solo estuviera en Cho y en Manara. Como si el problema se quedara en dos personas en vez de ser algo que se siente, se nota en el ambiente.

Brian Michael Bendis dijo que el problema no son los tebeos. Y creo que debería haber matizado (aunque dudo que fuese su intención): “no son SOLO los tebeos”. Que estas actitudes existen en nuestra sociedad está claro, y nuestras aficiones, queramos o no, son un reflejo de la realidad en la que vivimos. Una realidad que, al parecer, se molesta porque la heroína marvelita de moda sea una inhumana de familia paquistaní en burkini que también lucha contra los típicos problemas de la adolescencia, o que la versión más reciente de Batgirl sea más jovial y vista más como una motera que como una modelo de lencería fetichista. De verdad, ¡si hasta el hecho de que Thor sea mujer hizo saltar las alarmas, y en mi opinión es de lo mejor que les ha pasado a los asgardianos en años!

Se tiene un concepto equivocado de que han venido las personas oprimidas a quitarnos a los demás nuestros juguetes. Pasa con los videojuegos, pasa con los cómics, pasa con el cine, pasa con todo. ¿O a estas alturas no se acuerda nadie de los ríos de lágrimas varoniles porque la nueva versión de “Cazafantasmas” es un equipo formado exclusivamente por mujeres?

Entiendo a todos esos que van burlándose diciendo “ah, de Cho y Manara os quejáis, pero de X no”. Entiendo esa actitud porque hace unos años yo también hubiera reaccionado así. Y cuando digo “hace unos años” es, por ejemplo, 2013 e incluso 2014, no hace falta que me remonte a mi prehistoria particular. Y seguro que alguna actitud así se me habrá escapado en 2015 y 2016. Y que lo entienda no quiere decir que diga que está justificado.

El problema que tenemos nos lo han señalado miles de veces estos colectivos oprimidos a los que no dejamos de llamar exagerados: estamos cómodos, controlamos todo, y nos molesta que nos cuestionen quienes suelen ser utilizados como objetos sexuales, o como chiste. Que es muy fácil señalar como censura y opresión desde tu atalaya a las personas que se sienten molestas y se expresan libremente y critican, porque crees tener inmunidad y que alguien diga que el emperador está desnudo te repatea, te rompe los esquemas. Esquemas dañinos, me atrevo a añadir.

Tenemos miedo a que nos echen de nuestra posición cómoda, porque, amigos, el mundo no es en absoluto cómodo. Más bien todo lo contrario: es muy molesto, es sucio. Cuanto antes nos mentalicemos, mejor. Y cuando nos lo señalan, balbuceamos y decimos eso de “te quejas de esto, pero de esto otro no”. ¿Y si resulta que solo se queja “de esto” como ejemplo de una situación generalizada, y no le hace falta remarcar lo “otro” porque va implícito? Porque es lo que suele ser: se ven los síntomas más claros por lo que en ese momento esté en boca de todos, que puede ser Campbell, Manara, Cho como puede ser cualquier otro dibujante cuya visión del cuerpo femenino es una excusa para matarse a pajas.

¿Sabéis qué? Que se reboten, que lloren. El problema no es una superheroína con traje ajustado (que era una preocupación mía hace unos pocos posts de este blog): es que todo el rato solo esté para provocarte una erección. La problemática viene cuando esta clase de personajes se usa únicamente como una fantasía sexual (igual que todos esos tipos hipermusculados en mallas son fantasías de poder masculino), con poses incongruentes con el contexto en el que estén (y a buena cuenta The Hawkeye Initiative nos lo demuestra… y Escher Girls recopila horrores anatómicos en pos de la paja).

A la mínima que se les dé una personalidad a estas mujeres de ficción, a la mínima que no sean “mujeres en el congelador”, a la mínima que su historia no implique que la maltraten ni violen para madurar… Ahí es donde empiezan las quejas. Porque hay alguien que se preocupa en darles personalidad, carisma, algo más que ser cachos de carne.

Se critica una actitud generalizada en el medio, algo que cambia a marchas muy forzadas. Se critica algo que encima está en nuestro día a día, que no es exclusivo de los cómics. En cuanto una persona oprimida alza la voz, ¡BUM!, cientos de varones blancos cisheteros se les echan encima, porque nada exclama más “¡libertad de expresión!” que una horda haciéndote la vida imposible solo por una crítica.

Es triste que la gente piense ya directamente en censura sin pararse a pensar que igual, solo igual, los tiempos cambian para mejor. Y que las empresas no son tontas, ven negocio en la diversidad. Si encima encargan que se ocupen de ello gente que sabe, de bien, mucho mejor. Y que haya personas que durante años han sido tratadas como objetos o como chistes con patas, y que ahora puedan verse representadas en una novela, un cómic, una película o un videojuego… y que sea una representación genial… yo como parte de los privilegiados no puedo entenderlo al 100%, pero un mínimo de empatía te hace ver lo importante que es para ellos, y lo llorones que somos nosotros.

Pero ¡eh!, qué malas las feminazis que nos quieren quitar las tetas y que tratemos con dignidad a personajes ficticios y no como carne para paja. ¡Que nos quitan las tetas, que no nos dejan hacer chistes de maricas o de “¡esa chica es un travesti!”, qué mal todo! Que saltaréis diciendo que los hombres también están sexualizados en los cómics de DC y Marvel, y quitando a Dick Grayson/Nightwing, ¿de verdad pensáis que es así? ¿Que ya con poner a un hombre en taparrabos tenemos una fantasía sexual? ¿No sabéis lo que es la fantasía de poder masculino?

No nos lo van a quitar: aparte de dar más variedad a nuestra ficción, a nuestra cultura, y que el erotismo y el porno van a seguir donde están (aunque servidor agradece algo más respetuoso y menos fantasía de violación), nos van a señalar cuándo algo está mal. Y por mucho que el privilegiado se monte su propia película, no, los desnudos y la erotización per se no son el problema, el hablar o practicar sexo en la ficción tampoco lo son. Hay gente que aprecia el erotismo en su belleza, que crea historias eróticas y hasta pornográficas más que respetuosas; o que utiliza las actitudes tóxicas como una forma de mostrar lo malo del mundo. O cualquier otra posibilidad, ¡hay muchas! Así que menos hablar de puritanismo desde la ignorancia, por favor, que quedamos en ridículo.

Y he visto una cosa. Y es curioso, e irónico: quienes desde sus atalayas dicen que las personas oprimidas exageran, que se ofenden con nada y que son quejicas y lloronas por vicio… son un caso muy claro de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, porque ellos acaban siendo los que parecen ofenderse a la más mínima y lloren solo porque alguien señale contenido degradante. O porque una mujer aprecie su cuerpo porque es suyo y de nadie más, se siente empoderada, y nadie más que ella lo controla. O porque el reinicio de tu saga favorita lo protagonicen mujeres que no necesitan de hombres que las salven para demostrar lo que valen.

Hay mucha más diversidad, y eso hay que celebrarlo. No podemos dejar que los lloros de gente que se cree privilegiada nos cieguen ante el hecho de que, poco a poco, se están consiguiendo cosas que hace años parecían imposibles.

Y no, no soy precisamente un ejemplo de virtud. Sí, mi visión de la vida va cambiando bastante con el tiempo según me informo y me formo, y en estos dos últimos años ha ido cambiando incluso en cuestión de pocas semanas. Y sí, hay mucha gente que sabe mucho más que yo de esto, más sabia, y que seguramente me corregirá y me sacará los colores. Pero tenía que soltarlo, tenía que desahogarme.

Las críticas son bienvenidas; los ataques de rabia, no.

EDITADO (02/11/2016): J. Scott Campbell ha compartido su nueva versión de la portada de Riri Williams y las cosas como son: es una gran mejora. Porque también hay que reconocer las rectificaciones y mejoras, que es importante.

 

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