El año que abandonamos peligrosamente

31 12 2015

No suelo ser de esos que hacen un ‘balance’ del año que se acaba. No lo suelo ser porque soy más del tipo de persona que no pasa del “pues ha habido cosas que han estado bien, otras mal, y ya veremos qué nos trae el año que viene”. Sin muchas complicaciones, sin profundizar así a viva voz, porque prefiero analizarlo internamente. Al menos, hasta ahora.

Porque en el último año, en este 2015 que se nos va, las cosas han sido un tanto diferentes, y me han afectado, me han cambiado, hasta el punto de convertirme en el tipo que va a amargaros la mañana, la tarde o la noche, dependiendo de cuándo leáis esto, contándoos sus paridas.

Sí, sé que hay mucha más gente ahí fuera también contando sus penas, y yo voy a unirme a la larga lista, pero necesito echarlo fuera. Así, de paso, resucito un pelín el blog, que está muerto del asco, pero a saber cuándo podré volver a escribir, porque esa es una de las cosas a comentar…

Es lo menos que puedo deber a la gente que, incluso en estos periodos de sequedad, sigue atenta a ver qué tocho cae.

¿Dónde has estado?

A ver, tampoco es que me haya ido muy lejos, he seguido por aquí, aunque mi actividad en blogs y en redes sociales haya descendido un poco. Más en blogs que en redes sociales, eso sí.

Pero sí es verdad que he tenido presiones que me han dejado K.O., y no precisamente buenas presiones. Una de ellas es el trabajo, por no decir que tiene prácticamente toda la exclusividad del tema. Porque sí, parece que uno no puede tener tiempo libre cuando está trabajando. Hace años ya acusé de esto cuando estaba con aquel webcómic, solo que entonces era un problema más de no saber administrar mi escaso tiempo y del que ni yo parecía ser consciente… o me negaba a verlo… no sé ya…

Ahora que sé administrarlo mejor, veo que el poco tiempo libre que puedo aprovechar es sagrado, pero encima lo que no es tiempo libre me machaca física y mentalmente, de forma que hay días que no estoy en condiciones para nada en ese tiempo supuestamente para mí.

Eso, por supuesto, afecta al blog. No me gustaría que mi última entrada fuese poner a parir la saga de “Viernes 13” o esta colección de lamentos. Pero necesito que la vena bloguera vuelva de verdad, y a saber cuándo lo lograré. Igual la semana que viene, igual en un mes, un año o nunca. Ni idea.

Las maravillas de ciertos empleos, damas y caballeros.

¡Al menos tienes trabajo!

Es lo que se suele decir: en una época tan mala como la que pasamos, por mucho que los políticos hablen de una recuperación que ni ellos mismos se creen, al menos uno puede darse un canto en los dientes por tener trabajo. Es fácil decirlo, pero hay que mirar las cosas con perspectiva.

Hay un gif sacado de “BoJack Horseman” (serie que recomiendo, igual que “Rick & Morty”, por la mezcla de risas y pochez) que describe perfectamente mi estado de ánimo durante no días enteros, sino semanas, que ya es decir:

v5ik1s.jpg.gif

“Necesito darme una ducha para no saber si estoy llorando o no.”

Aunque hay más veces que me llevo la mano a la cabeza al más puro estilo de ese doble físico mío (pero con más carisma) que es Louis C.K.:

Louiefacepalm.gif

“¡De verdad, este es Louis CK, no soy yo, no somos TAN parecidos!”

Soy alguien que no suele quejarse de los clientes para los que trabaja su consultora. Tienen sus locuras, claro, pero conoces gente interesante que, por lo menos, te trata con una persona, y que se alegra de volver a verte si os encontráis en algún sitio, incluso fuera del trabajo.

Pero hay otros en los que ocurre al revés. Sinceramente, cuando solo te valoran como poco más que una máquina, una herramienta, un engranaje, en vez de una persona, pues qué queréis que os diga, no es agradable.

No es agradable que básicamente te exijan de todo con poco tiempo, que no haya planificación, que todo sea un caos y que se prometa lo imposible y tú tengas que arreglar estropicios sin poder siquiera probarlo adecuadamente.

No, no es agradable, ni tampoco es bueno para tu autoestima cuando estás más de un año así, y buena parte de todo este desorden se concentre tras las vacaciones de verano. He llegado incluso a volverme paranoico porque vaya a ser que se ‘rompa’ algo y me fastidien un fin de semana para arreglarlo. Y a pesar de lo que me gusta tanto el tema tecnológico mi propio trabajo ha ido matando toda esa ilusión, ese interés. ¡Y de eso va mi trabajo, de tecnología!

Soy consciente de que ni soy el primero ni el último en pasar por ello, pero lo digo para que entendáis hasta qué punto “el trabajo mata”.

Y bien, tendré un sueldo, vale, tengo ingresos, pero sabes que mereces más y que tienes que agarrarte cual tacaño para no pasarte vaya a ser que te quedes sin pasta. Porque la sociedad te condiciona tanto que, al final, visto todo esto, te tiene tan agarrado por las gónadas que alzarte como un humano y pedir algo de dignidad está visto como poco más que ser un loco antisistema que quiere romper España y otras cosas.

Ya veis, la alegría de la huerta.

Pero, por fortuna, no todo es malo. Y no me refiero solamente a que el cliente “esté satisfecho”. Qué menos, ¿no? Después de dejarme la piel incluso donde no debería…

Ejem… Lo bueno…

Los amigos, tanto los de toda la vida como los más recientes, y la familia están ahí para ayudar. No sabes lo mucho que te ayudan incluso en los peores momentos.

Es cierto que me guardo muchas cosas, y no debería, porque cuanto más lo lleves dentro, más se te agria el carácter y peor serán las cosas cuando al final estalles. Eso es algo que, por desgracia, he aprendido por las malas y me lo han echado en cara, sin faltarles en ningún momento la razón. No me gusta amargar a los demás, no quiero que piensen que voy llorando por las esquinas buscando atención (es algo que ya comenté hace tiempo por aquí). Pero hay cosas que, quieras o no, tienes que echar, tienes que librarte de ellas, y habrá un oído amigo que no tendrá problemas en saber qué es lo que te pasa y que, aunque no pueda ayudarte, por lo menos pueda estar ahí para lo que necesites.

Es un proceso catártico: aunque el problema no esté solucionado del todo sí por lo menos puedes explicarlo, soltarlo, porque lo peor que se puede hacer es amargarte por no querer hacer daño a los demás cuando esos demás pueden ser la clave para salir del bache. Y qué queréis que os diga, esas catarsis son las que han hecho que no me vuelva loco.

Aparte, también he tenido momentos de esparcimiento, momentos de liberar tensión. No solamente lo típico de ir al gimnasio a quemar grasas y frustraciones, salir con los colegas, conocer nueva (y muy interesante) gente, ver películas y series o jugar a videojuegos o juegos de mesa, sino también cosas como hacer el NaNoWriMo de noviembre (pese al trabajo) y, cada semana, dibujar la página que corresponda de “Zodiac”.

Zo-¿qué?

Algunos ya lo saben, pero desde principios de agosto de 2014 dibujo “Zodiac”, el webcómic guionizado por mi buen colega Alfredo “Zel” Murillo. Este cómic antes lo dibujaba Gonzalo San Martín, pero cuando eres animador y tienes que trabajar en películas, pues no tienes tiempo para estas cosas. Y las cosas como son, cuando tienes que sustituir a alguien del nivel de Gon, el listón está bien alto.

Y sí, lo está. Mi nivel es muy mediocre en comparación con el de Gon, pero ya que no soy tan bueno, por lo menos quiero mejorar lo que viene siendo yo mismo. Porque la primera cuestión es superarte a ti mismo. Que los demás pueden incentivarte en plan “mira hasta dónde ha llegado Fulano por partirse los cuernos dibujando y aprendiendo de sus fallos y practicando”, pero tu único rival eres tú mismo, y cuando te superes, lo que has conseguido valdrá, y mucho, la pena.

Porque además las críticas ajenas ayudan. ¡Anda que con “Zodiac” no he recibido palos, especialmente del bueno de Ovi! Hay cosas en las que he mejorado, otras en las que sigo cayendo, aparecen nuevos errores… ¿Y lo divertido que es ver todo eso, mirarlo y aprender, para ir mejorando poco a poco?

escorpio_comparacion

Incluso detalles como los primeros planos que parecen fáciles también evolucionan, y para bien.

Y ese es uno de los pocos placeres que realmente he disfrutado. “Zodiac”, aun con sus dificultades y fallos (míos), es lo que ha hecho que lleve mejor la vida junto a mi familia y amigos, por supuesto.

Vale, llorón, ¿y ahora qué?

Pues a seguir luchando. El año 2016 está ya al caer, y habrá que seguir peleando por algo de dignidad, seguir dibujando “Zodiac” hasta que termine (aunque aquí Zel también tiene mucho que decir, claro, es el creador y guionista), ponerme a hacer otros proyectos, encontrar tiempo libre, no dejarme amargar tanto ni guardármelo hasta agriarme… ay, sí, todo suena a propósitos de año nuevo, pero ahora mismo tenía que soltarlo todo y, en fin, ya ni sé qué decir.

Gracias por llegar hasta aquí y que entréis bien en el siguiente año.

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2 responses

21 05 2016
A bordo del Zodiac | El muro de Charlie Draug

[…] toda esa combianción de esfuerzo y dedicación y palos se notan. Vamos, cuando tuve aquella bajona gorda a finales de 2015 ya os conté que era uno de los pocos placeres que tenía e incluso mostré un ejemplo rápido: un […]

31 12 2016
El año que abandonamos algo más tranquilamente | El muro de Charlie Draug

[…] iba a escribir nada, pero mirad, ha sido volver la vista atrás, leer el post que escribí hace un año y pensar en todo lo que ha pasado en […]

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