El loco Max

15 08 2015

Atención: Este artículo tiene spoilers a mansalva sobre la saga “Mad Max”. Si quieres correr el riesgo, adelante; si no, mejor mírate las películas y luego vuelves para leerlo.

Comenté, cuando desbarré sobre “Jupiter Ascending”, que quería hablar de “Mad Max: Fury Road”, pero que también quería ver antes la trilogía original para poder dar así una opinión general de la saga de George Miller y Byron Kennedy, no solamente de la última película. Me he tomado mi tiempo, ¿eh?

La impresión general que me da esta saga es que, si quitamos la primera película, resulta un entretenimiento muy bueno, especialmente la segunda y cuarta películas, que son más redondas, pero sin desmerecer el buen hacer de la tercera parte. Aparte, hay que reconocerle sus méritos a una saga que ella misma es consciente de que la continuidad de la historia importa un pimiento y donde el único elemento común entre las cuatro películas (vehículos aparte), Max Rockatansky, empezó más como un secundario de lujo que como un verdadero protagonista.

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Normalmente despotricaría sobre por qué la continuidad es importante, pero la saga “Mad Max” se articula como una colección de cuentos post-apocalípticos donde Max, con mayor o menor protagonismo, es el punto en común. Sea el hombre que acaba desquiciado ante las bandas motorizadas, el único que puede ayudar en una refinería, el salvador de unos niños perdidos o el apoyo que necesita una rebelde para conseguir la ansiada libertad.

También, antes de empezar a hablar de las películas (de forma breve y muy general, sin mucha profundidad ni cosas de esas), me gustaría dejar claro que nunca fui fan de “Mad Max”, que las películas las vi hace años y que necesitaba este revisionado como el comer. Porque la niebla nostálgica puede ocultar muchas cosas, incluso a los que no somos tan fans.

Pero así en general: son mejores de lo que recordaba.

Mad Max

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La primera película, de 1979, nos presenta un futuro no muy lejano, donde bandas de delincuentes motorizados hacen de las suyas en las carreteras australianas, especialmente la del infame Toecutter, pero la policía no se queda de brazos cruzados. Eso incluye a Max Rockatansky (Mel Gibson), un buen policía, un buenazo que cree en lo que hace y al que insisten en que puede ser un héroe, pero él mismo se ve superado en según qué cosas. Los acontecimientos al final acabarán con su cordura, transformándolo en un lobo solitario y un cascarón de lo que fue.

Vista esta película en su momento, me pareció un peñazo considerable, una cura para el insomnio; vista ahora, sigue pareciéndome aburrida y demasiado lenta para lo que quiere contar, solo que en menor medida. Tal vez sea la madurez, tal vez sea otra cosa, pero a pesar de que la película no tenga un buen ritmo a la hora de contar su historia, veo dedicación en mostrar la caída en desgracia de un buen hombre, cómo un mundo hostil convierte a un buenazo en un hijoputa sin apenas sentimientos.

Y eso que el propio Max es más un secundario que el protagonista. Cualquiera lo diría, viendo cómo se llama la película.

No se niegan sus méritos, especialmente en el apartado técnico con buenas escenas de carretera, y como digo el tema de cómo cambia (para mal) Max, aunque sea casi al final del metraje, es algo que, creo, en aquel momento no se destilaba mucho. Aparte, sin ser destacables, las actuaciones son lo suficientemente convincentes para no sacarte de la película y su desquiciado futuro no-muy-lejano, especialmente Hugh Keays-Byrne como Toecutter. Curioso también que esta película establezca un rasgo curioso de Max: habla poco, muy poco.

Pero insisto, ese ritmo tan mal medido sigue fastidiando a la película en general. En serio, me fastidia mucho que necesitemos casi una hora para que la banda de Toecutter chamusque literalmente a Jim Goose, el mejor amigo de Max, lo que obliga a Max a “tomarse unas vacaciones” para evitar volverse loco… y que la pérdida de la cordura de Max, ese momento clave, la pérdida de su familia, suceda a escasos 15 minutos del final de la cinta, porque al final, de tanto ir lento, el último cuarto de hora se siente atropellado.

Mejor película que como la recordaba, pero sin conseguir que sea una película recomendable. De hecho, si alguien quiere hacer maratón de “Mad Max”, que directamente empiecen con la segunda peli.

Mad Max 2: The Road Warrior

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“El guerrero de la carretera” salió dos años después, en 1981. La película ya de por sí mete una breve explicación de un mundo asolado por las consecuencias de una guerra por el combustible… cosa que, en ningún momento, se vio en la primera película. Es la primera seña de que la continuidad y “Mad Max” no se llevan muy bien. Cosa que, como dije, importa nada. Aparte, ofrece un contraste fantástico con la anterior película, dándonos a entender que la primera cinta estaba situada en ‘una zona menos dañada y más idílica’, mientras que ahora estamos en ‘el mundo real’.

Después de un resumen muy resumido en imágenes de la primera película (haciendo todavía más innecesario su visionado para entender esta segunda parte), nos encontramos con Max Rockatansky sobreviviendo en la Australia post-apocalíptica. Movido por la necesidad de combustible para su vehículo y con las indicaciones de un piloto de girocóptero (convenientemente llamado Capitán Gyro), Max ayuda al viejo Papagallo y su grupo encargado de una refinería a defenderse de la banda de Lord Humungus, un señor fetichista del cuero con máscara de hockey que adora el sonido de su voz en un megáfono. Siendo Max y habiendo pasado por lo que ha pasado, solo busca la gasolina, se mueve por la necesidad, si bien el contacto con un chavalín asilvestrado parece rescatar parte del lado humano que Max perdió en la primera película.

A diferencia de la película anterior, Max sí se siente como un protagonista, y el ritmo está bastante mejor medido, consiguiendo que no haya trozos ni demasiado alargados ni apresurados, todo encaja y todo entra en su momento, facilitando el desarrollo de la trama y sus personajes.

Con ello, la película se hace más entretenida y te interesa más la vida en la refinería, cómo tratan de sobrevivir a Humungus e incluso saber sus opiniones cuando el líder criminal intenta alcanzar un trato (nada justo, por supuesto) con ellos, viendo la diversidad de opiniones y exposición de puntos de vista. Ayuda muchísimo, sobre todo, a interesarse por unos personajes que, de otra forma, olvidaríamos, haciéndolos más humanos incluso aunque no sepamos sus nombres. También te acabas interesando de una vez por toda por lo que pasa Max, por su búsqueda de gasolina, sus acuerdos con la refinería y sus pocos pero nada amigables encuentros con la banda de Humungus.

Y ojo, lo hace sin mucho diálogo, es más acción y gestos que otra cosa. De nuevo tenemos actuaciones convincentes sin ser estelares, con Gibson mejorando bastante al personaje de Max, más con los gestos que con los pocos diálogos que tiene. Y como ya he dicho, el contacto con el niño salvaje hace que veamos a un Max que, pese a todo por lo que ha pasado, sigue teniendo un poso de humanidad y bondad, y eso la película sabe sacarlo, porque incluso cuando parece menos altruista y solo quiere ayudar por conseguir combustible, al final hace las cosas más por el bien de los demás que por el suyo propio. Este tema, los intentos de redención de Max, se convierte en una constante en las siguientes películas.

El apartado técnico vuelve a relucir, sobre todo en las escenas con vehículos, que son una versión más dopada y espectacular de las escenas de la primera película, con lo que incluso aquí sale ganando y por goleada. Mención especial a la persecución final del convoy de la refinería.

También es curiosa la estética ochentero-apocalíptica, clara inspiración para “Fallout” y “El puño de la estrella del Norte”, que una vez más saca a relucir el desquiciado mundo en el que nos encontramos, sobreviviendo como uno buenamente pueda.

Mad Max: Beyond Thunderdome

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“Más allá de la Cúpula del Trueno” salió en 1985 y es la última película de Max protagonizada por Mel Gibson. También estuvo a punto de no existir, ya que Byron Kennedy murió en un accidente de helicóptero mientras buscaban localizaciones para la película y George Miller no se sentía con fuerzas para seguir con el proyecto, aunque al final sí que siguió. Y dedicaron la película a Byron, por supuesto.

Años después de “El guerrero de la carretera”, Max llega a Bartertown en busca de su vehículo robado. Allí, la dueña del lugar, Aunty Entity, le propone un trato: ella le recuperará el vehículo si él se encarga de reventar el monopolio del combustible (a base de metano extraído de las heces de cerdos) de Master Blaster (Master es un enano vestido de samurai que va sobre los hombros del grandullón Blaster, es fácil saber quién es el cerebro, ¿no?) desafiándolos en la Cúpula del Trueno. Solo que, obviamente, las cosas no van a ser tan bonitas como parecen y la traición se respira en el aire…

Esta película es más conocida por ser “la de Tina Turner” y por la frase “Dos hombres entran, uno sale”. También debería ser recordada porque es la película en la que Max habla más de todas, y aparte es la mejor versión del Max de Gibson, más experimentado e ingenioso, con algunos toques de sarcasmo que contrastan con su amargura y búsqueda de la paz interior. Lo que es de agradecer, aunque qué queréis que os diga, la sorpresa es Tina Turner como Aunty Entity, logrando convencer como la líder carismática e implacable que sabe dirigir a su gente no solo en su ciudad sino también en combate.

Aparte, la infame Cúpula del Trueno y su lucha a muerte hacen su aparición en la gran pelea entre Max y Blaster. La presentación de esta lucha enjaulada se hace de forma maravillosa, y no menos gratificante es la pelea en sí, enfrentando la estrategia de Max con la fuerza bruta de Blaster…

… Pero como Max, en el fondo, no es mal tipo, lo deja vivir, lo que, de alguna forma, rompe con las normas de Bartertown y lo exilian… para que luego le encuentren unos niños perdidos que quieren llegar a su tierra prometida, lo que llevará a Max de vuelta a Bartertown en busca de transporte y provisiones.

Temía que la película fuese a cambiar drásticamente de tono con la aparición de esta peculiar tribu. Y aunque sí es verdad que en general todo se siente menos crudo, los niños no son precisamente un primor. Eso sí, las cosas como son, el ritmo aquí decae e incluso parece que la película no sepa a dónde ir… por fortuna, no es grave y la vuelta a Bartertown consigue que la película levante vuelo otra vez.

Y con la persecución final, porque siendo “Mad Max” necesitamos persecuciones motorizadas, sube bastantes enteros, haciendo que el tercer acto compense el ligero bajón. En serio: esta saga se pone con las persecuciones e incluso si no te gustan los coches, te quedas pegado a la pantalla.

La película sigue con la temática de ‘la redención de Max’, mostrándonos nuevamente a un hombre que intenta que los demás le dejen en paz y que se ocupen de sus asuntos, pero consciente o inconscientemente, acaba ayudando, acaba siendo esencial para que otros avancen… aunque él vuelva a quedar solo y vagando por la Australia post-apocalíptica.

Mad Max: Fury Road

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Treinta años después, en 2015, y tras dirigir varias películas entre las que están las dos de “Babe” (muy recomendables) y las dos de “Happy Feet” (no tan recomendables), George Miller volvió a la saga con la que se estrenó tras las cámaras.

Sí: tras tres décadas, llega “Furia en la carretera”, Tom Hardy se convierte en el nuevo rostro de Rockatansky, y rápidamente hace olvidar a Gibson. Hace suyos sus gestos, sus gruñidos y las pocas palabras que articula, yendo con un Max más próximo al de la segunda película que al de la tercera.

En general, la película hace olvidar la larga espera que supuso para los fans que aún se acordarían. Vista por alguien que hacía años que no veía las películas anteriores, que esta película me hiciera revisionarlas pese a que es totalmente independiente de estas (punto muy positivo el de esta saga) habla muy bien de “Furia en la Carretera”, aunque al final esta sea superior, al menos en mi opinión, a las anteriores. Sí, incluso me gusta más que “El guerrero de la carretera”.

Esta cinta podría considerarse una versión muy mejorada de “El guerrero de la carretera”, solo que aquí Max queda eclipsado por la tremenda Imperator Furiosa (Charlize Theron). Tras tanto tiempo, Max vuelve a tener un papel secundario, aunque no demasiado, tal vez podríamos decir que es el co-protagonista del relato de Furiosa, de una rebelde que quiere alejarse junto a otras mujeres de la dictadura de Immortan Joe (aquí, curiosamente, regresa Hugh Keays-Byrne, petándolo otra vez) y sus pálidos Warboys, buscando un lugar en el que poder vivir con libertad y lejos de semejante déspota desesperado por tener un hijo que no sea un mutante deforme.

Y creo que incluso más que ninguna otra de la saga, esta película tiene mucho más de lo que parece.

Porque esta película, con una factura técnica impresionante, combinando de forma genial los efectos más tradicionales con las virguerías generadas por ordenador y dando una espectacularidad incluso superior a lo que se espera de la saga (voy a decirlo así: todas las escenas de acción superan sin despeinarse la genial persecución final de “El guerrero de la carretera”), es una historia sobre la búsqueda de la libertad (de todos los personajes, pero especialmente Furiosa y las mujeres) y sobre la redención, ya no solo la constante búsqueda de la misma por parte de Max, sino también de un personaje que para mí es toda una sorpresa, Nux, un Warboy desengañado que pasa de ser un devoto de Immortan Joe a buscar su propia forma de ser mejor persona.

Igual que las demás cintas de la saga, es una película de acción, eso no lo oculta jamás, hasta se enorgullece de ello, pero también es una película que quiere contar una historia, que tiene personajes por los que te interesas y que, como ya pasara desde “El guerrero de la carretera”, tiene el ritmo bien medido para que no te sature a persecuciones y explosiones ni te aburra con diálogos interminables. Todo ello que hace a esta saga lo que es está aquí, pero potenciado todavía más.

“Furia en la carretera” lo tiene todo en su justa medida precisamente para que no desconectes el cerebro y disfrutes tanto de las persecuciones y del guitarrista con su guitarra-lanzallamas.

Hay quien la pone por las nubes. Yo no llego a tanto, pero he de admitir que es una película que, vista en el cine, es de esas que se disfrutan por todo, y que hacen que la entrada que has pagado se convierta en una buena inversión. No esperaba mucho y me encontré con entretenimiento de calidad notable. Y vistas las anteriores películas, una evolución en la buena dirección de la saga.

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Así que en general, ¿qué me parece la saga “Mad Max”? Pues ya digo: te puedes saltar al primera película y hacer maratón de las otras tres, que son entretenimientos muy válidos tanto juntas como separadas.

Es que tampoco tengo tanto que añadir a lo que ya he comentado de cada película, aparte de que, pese a que huelen a años 80 que tiran para atrás, “El guerrero de la carretera” y “Más allá de la Cúpula del Trueno” no dejan que la nostalgia las disfrace de lo que no son. Y a pesar de los años que han pasado, “Furia en la carretera” mantiene la estética y el espíritu de aquellas, llevándolos incluso más allá.

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