¿Eres “Charlie Hebdo”?

11 01 2015

Desde el miércoles llevo dándole vueltas a este tema, pensando “¿y qué puedo opinar exactamente sobre esto?”. Y podría haber puesto algo ayer, pero ayer estaba con todavía más dudas.

Hoy sigo con dudas, pero quería expresarme, no quería callarme.

Pero oye, igual debería callarme, igual no debería meter la pata, igual me voy a buscar un lío…

… Igual sí tengo que soltar lo que tengo que soltar, aunque me equivoque, ya habrá gente más sabia para decirme dónde he errado; aunque otros hayan dicho más y mejor sobre el tema. A fin de cuentas, para algo tenemos la libertad de expresión, ¿no? Esa libertad que para algunos está muy bien hasta que te metes con lo suyo.

No creo que haga falta entrar en detalles sobre la tragedia que empezó a desencadenarse desde el 7 de enero con el asalto a la redacción de la revista satírica “Charlie Hebdo” en París. Desde el minuto 1 ha habido un maremágnum de reacciones al respecto, desde gente que usa a la ligera el “PERO” hasta los que realizan el clásico “activismo de redes sociales” (ya sabéis: empieza fuerte al principio y luego, si te he visto, no me acuerdo, porque solamente querían su minuto de gloria y falsa paz interna). Luego están, por supuesto, los que sienten de verdad lo que dicen, tanto a favor como en contra, pero la hipocresía es el pan nuestro de cada día, amigos.

Y más cuando los ineptos que nos gobiernan se creen adalides de la libertad a raíz de esto cuando ellos mismos han aprobado una Ley Mordaza para que dejemos de quejarnos, porque les molesta que nos manifestemos en contra de su pésima gestión de un país que no sale del fango.

Sigamos…

En Twitter se popularizó el hashtag #JeSuisCharlie. Era una forma de mostrar apoyo a la revista, de estar a favor de la libertad de expresión… pero yo me pregunto: ¿cuántos de verdad se sienten como los redactores y dibujantes de “Charlie Hebdo”?

Os diré una cosa: yo no soy “Charlie Hebdo”. Defiendo la libertad de expresión, defiendo que yo puedo hacer un comentario y tú, todo ofendido, te revuelvas y me contestes. Tenemos la misma libertad. Y si yo opino, sea con un texto o con un dibujo, no lo hago porque busque que alguien me meta un tiro entre ceja y ceja, sino porque quiero que el mundo sepa lo que pienso. Y también tenemos la libertad de ignorarlo, de pasar de largo. Todo tiene sus consecuencias, por supuesto, pero tenemos esa libertad por la que muchos, décadas atrás, lucharon e incluso murieron para que nosotros la disfrutásemos.

No, yo no soy “Charlie Hebdo” porque yo no tengo el valor que la gente de la revista sí tiene para plantar cara, para expresarse sin tapujos. Cierto que poco o nada sabía de la revista antes del atentado, cierto también que no he visto mucho desde entonces… pero la sensación general de lo poco visto es de gente que no se calla la boca y dice lo que piensa, duela lo que duela, seas o no religioso, seas de derechas o de izquierdas.

Admito mi ignorancia sobre la propia revista, sí, y que lo que he visto no sirve para más que una primera impresión. No voy a convertirme de la noche a la mañana ni en un experto en “Charlie Hebdo” ni en libertad de expresión.

Lo que hago es, simplemente, hablar desde mi experiencia personal sobre lo que veo: que nos resulta más fácil escudarnos en la hipocresía, en una falsa seguridad y en culpar a la víctima que en ser nosotros los que nos echemos hacia adelante.

Lo digo porque estos días se ha visto de todo y para todos… Que si la gente de “Charlie Hebdo” se la estaba buscando con las caricaturas, que qué mierda el Islam, que libertad de expresión sí pero ojito con según qué cosas… Actitudes que uno observa con mucho pesar. Y digo pesar, porque sorpresa ninguna, es algo que está muy arraigado en nuestro país. Por desgracia.

De todos modos, quiero ir pasando por estas tres actitudes que he mencionado, que son tres ejemplos de muchos, pero, por lo que he visto, de los más generalizados. Vuelvo a remarcar que todo esto es una opinión, que más de uno se creerá que voy de experto, y ni de coña lo soy. Soy un ciudadano más expresando su opinión, y puedo estar diciendo algo cierto como también puedo estar soltando una barbaridad digna de ser generalmente desaprobada.

Actitud 1: Se lo estaban buscando

Hay una fea costumbre de culpar a la víctima de lo que hace, como si fuese el verdadero detonante de su desgracia:

  • ¿Vas a manifestarte contra el Gobierno y un policía te da en toda la cabeza con la porra? ¡Ah, no haberte manifestado!
  • ¿Vas con minifalda porque te gusta y un animal te viola y te deja tirada y destrozada en un callejón oscuro? ¡Ah, no haberte vestido así!
  • ¿Haces una viñeta satírica sobre Mahoma y te vuelan la tapa de los sesos unos retrógrados? ¡Ah, no haberlo dibujado!

(Mis disculpas a Fleibur por copiarle sus ejemplos, pero es que me parecen acertadísimos)

Pues no. No es culpa de la víctima. ¿Tú de verdad buscas que te rompan la cabeza, que te violen o que te maten? No. Estas personas no buscaban nada de eso, solamente querían expresarse de distintas formas, querían desahogarse, sentirse bien, no buscaban que alguien les hiciese daño. Pero es muy, muy fácil pensar que algo habrían hecho, mientras miramos desde la barrera.

Y también utilizar esta culpa a la víctima como excusa para decir que el mundo es una mierda, que no es el país de la piruleta. Sí, lo sabemos. El mundo es un asco, no es un mundo ideal. Pero la actitud de echar la culpa a la víctima y no hacer nada más es, simplemente, darle la victoria a los que con la fuerza, el poco seso y el terror se imponen, porque ellos hacen que este mundo sea más mierda, y si claudicamos estamos dejándoles hacer más estiércol de este planeta.

Actitud 2: Con los musulmanes no se puede tratar

¿Hola? ¿Islamofobia? Sí, que te están llamando por la línea 1 porque unos radicales han matado a gente y la reacción ‘lógica’ es echar peste sobre el Islam, así en general.

No, señores, no podemos de pronto culpabilizar a toda una religión de esta actitud. Que sí, cierto, las religiones cada vez tienen menos sentido en el mundo, pero directamente decir “Islam = terrorismo”, ¿no es generalizar a lo bestia desde la ignorancia? Hay noticias sobre radicales que dicen cometer atrocidades en nombre de Alá, pero no solamente en países occidentales, sino también en Oriente Medio. ¿Es que como están lejos, los atentados en Pakistán e Irak, por ejemplo, no deben importarnos? Por desgracia, eso es lo que parece, y lo que se nota en el día a día.

Es cuando nos golpean directamente a nosotros cuando nos damos cuenta de que los extremismos son horribles, pero muchos creen que para luchar contra los extremistas hay que ser unos extremistas. Que ojo por ojo, diente por diente… Pero ojo por ojo y el mundo se quedará ciego. Creen que la venganza es la justicia y que el problema es el Corán, en vez de pensar en las condiciones en que viven las personas que se han visto arrastradas a esto, qué ha fallado en la educación de estas, en las verdaderas intenciones de estos yihadistas (que dudo que sean religiosas), en cómo una persona desesperada puede ser manipulada, lobotomizada, hasta convertirse en un fanático cuyo cerebro está desconectado prácticamente de forma permanente. Hay muchos factores, pero nos gusta reducirlo todo a uno o dos como mucho, vaya a ser que tengamos que pensar.

E igual que digo el Islam podría ser otra religión, o incluso no haría falta una religión para aprovecharse de los desesperados para cometer estas atrocidades. Pero no hay que meter en el mismo saco a todo el mundo porque hayas escuchado de oídas alguna cosa sobre el Islam, y que ni siquiera te has molestado en contrastar si es cierto lo que dicen.

Si acabamos pensando que nosotros tenemos que ser más extremistas que los extremistas solamente alimentaremos el odio con más odio. Y, nuevamente, ganarán los terroristas y los retrógrados.

Actitud 3: Libertad de expresión, PERO…

Y no solamente es el clásico “PERO”, aquí se engloban muchas cosas, como el infame ‘¡con Mahoma no hay huevos!’, o los límites del humor. La sátira es lo que es: reírse de la realidad mientras es consciente de esta, dar un golpe en la mesa mientras señala y se carcajea de lo que ocurre, apuntando para que veamos claramente lo que pasa.

Leí a un amigo decir hace tiempo que el humor gráfico anestesia, que no nos deja ver la realidad. Sigo estando en contra de esa afirmación, aunque la libertad de expresión nos permite a los dos discutir el tema, comparar nuestros puntos de vista. El humor puede servirnos como válvula de escape, pero dicho humor también nos da una bofetada para que veamos en qué mundo estamos viviendo.

El humor nos hace ver cómo nos van recortando nuestros derechos, cómo los políticos nos roban con sus corrupciones varias mientras nos dan lecciones de moral, cómo los populistas de salón se creen que pueden dirigir la izquierda, cómo la derecha más rancia quiere chuparnos hasta el tuétano… Que yo me río con las viñetas de Monteys, Fontdevila y Vergara, pero también me hacen ver que nuestro país es un asco y que el mundo en general no es mucho mejor.

Pero claro, habrá gente que mire esas viñetas y diga “oigan, que no se pasen ustedes, ¿eh?, vaya a ser que alguien les denuncie o les peguen un tiro”. Porque la gente que dice esto vive, como ya he dicho varios párrafos antes, en una falsa sensación de seguridad, de que a ellos no les va a pasar nada, y tienen miedo de que, bueno, pase algo, pero mientras no pase (o, mejor dicho, no les pase a ellos), pues ahí estamos, bien tranquilitos y acobardados.

Cada cual toma su decisión y no todos tenemos los cojones que tienen varios humoristas gráficos, yo mismo ya he confesado que no estoy a la altura. Pero una cosa es que tomes tu decisión y otra, como más de uno, es querer imponer ese miedo, ya sea con esos “PERO” esperando coaccionar a quienes quieren expresarse, o con las armas y la muerte para cerrarles la boca sin que puedan replicar nunca más.

Porque al final el terrorismo es eso: la victoria del terror, del miedo, de imponerse con violencia ante las ideas ajenas, del querer tener la última palabra a base de matar. Esto puede ser en Kabul, en Bagdad, en París o en Madrid. Es querer ser más que nadie a base de no dejar a nadie con vida, porque no saben razonar, porque les han comido la cabeza en su desesperación, en su ignorancia, para que crean que hacen bien al matar a quien opine diferente, incluso a gente de su propia familia, de su propia comunidad.

¿Qué vamos a tener al final con todo esto? ¿Vamos a acabar pensando que lo mejor es reprimirnos? ¿Que es mejor estarse quietecitos y callados, vaya a ser que pase cualquier cosa por decir una palabra de más? ¿Dejar que el miedo nos domine? ¿Que nos recorten las libertades ‘por nuestro bien’, hasta que incluso ir al baño sea un delito?

El problema está en que no tenemos el mismo valor que los humoristas gráficos. Ellos se expresan y nosotros incluso les aplaudimos, pero ¿nos paramos a pensar que igual se sienten solos? ¿Que igual ellos quieren que nos unamos, que no sean los únicos? ¿Que igual deberíamos agarrarnos los machos y salir también al ruedo?

No es algo que se solucione en cinco minutos, es algo en lo que tenemos que pensar, madurar la idea y tomar una decisión.

¿Se puede sacar una conclusión final, aparte de “mierda de mundo” y “no podemos rendirnos ante el terror”? No lo sé, ni creo que estas dos conclusiones sean las únicas. Ya lo he dicho: hay muchos factores, e igual habrá muchas conclusiones que puedan sacarse, y al final, seguramente, la mayoría solamente consigan deprimirnos.

A eso añadir que aparte del tema de “Charlie Hebdo” está la muerte de gente que no está relacionada con la revista (dos policías, para empezar), el secuestro de un supermercado judío, los asaltos para detener a los extremistas que acabaron con su muerte y con la de cuatro rehenes… Ya aquí no está solamente el tema de la libertad de expresión, o qué pasa con los fanatismos, o si somos o no valientes. Hay muchas, muchas cosas, muchos temas. Y estaremos raspando la superficie.

Y como siempre, los comentarios están aquí, disponibles, para que os expreséis. No me veréis censurándoos, ni me veréis diciendo que os calléis. Expresaos, aunque seáis el epítome de las tres actitudes que he comentado más arriba. Vosotros sois responsables de vuestros comentarios como yo lo soy de los míos.

Mantegamos, eso sí, una conversación civilizada. Porque si nos convertimos en animales cobardes que saltan a la defensiva, nuevamente, el terror habrá ganado.

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2 responses

12 01 2015
maryusama

Yo creo que el tipo de humor del semanario atacado y la religión de los atacantes no tiene lugar en el hecho de que unos asesinos han matado a gente que solo trabajaba editando una revista. Y la prueba está en que han muerto musulmanes en el ataque (uno, vale, no en plural, pero tú me entiendes) y que días después ha muerto más gente en un altercado relacionado.
Y que quien mezcle esos temas con el hecho de que hay unos asesinos y hay unos muertos está muy confundido. Que los asesinos podrían haber profesado cualquier religión, y las víctimas podrían haber sido – y lo han sido – trabajadores de cualquier otro lugar.
Que si la gente se quiere meter con el humor satírico o con los musulmanes que abran un hilo en forocoches, no sé.

12 01 2015
Chuck Draug

Hay muchos temas a tratar, yo en este caso me he centrado en la parte que, desde el miércoles, me ha tenido dando vueltas, que es lo de la revista, y el rollo que ha surgido a su alrededor, sobre todo con esos activistas de pandereta y esos hipócritas que van de “viva la libertad de expresión” pero luego van metiendo miedo a los que echan huevos.

Por supuesto, no todo es libertad de expresión, que hay muchos factores. Por eso ya digo que sigo teniendo mis dudas, que igual estoy metiendo la pata… Pero vamos, tenía que sacarlo, y prefiero equivocarme y que haya debate.

Porque luego está el tema del otro asesino, el que mató a la policía, se atrincheró en el supermercado y acabó con cuatro rehenes muertos. En ese caso dudo muchísimo que haya relación con lo otro, por mucho que digan que estaban coordinados.

Lo que está claro es que ha habido asesinatos, ha habido gente inocente que ha muerto por culpa de unos fanáticos que creen que matando van a alguna parte.

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