Cuando el autor se ahoga

3 05 2014

El título hace referencia al hilo del mismo nombre que Spyz ha abierto en Subcultura.

Resumo el problema planteado: hay autores que, llegado un momento, miran su obra y se preguntan por todas esas cosas que ahora, mirando hacia atrás, ven que están mal. Ya no solamente las primeras páginas de una novela o un cómic, sino momentos concretos, que no tienen por qué estar en el comienzo. Y que el autor sea muy crítico mientras otra gente no parece verlo tan mal.

¿Qué han de hacer entonces esos autores? ¿Es más importante que el autor esté cómodo con su obra o tiene que dejarla tal cual si así gusta a los lectores? Y si quiere cambiar, ¿qué debe hacer: continuar mientras capea el temporal… o rehace su obra?

Yo respondí ya en ese hilo, pero me gustaría ampliar un poco más, no limitarme a copiar y pegar lo que dije y plantároslo así, sin anestesia, en este blog.

Hay un tema que en el mundo webcomiquero algunos se plantean: ¿puedo redibujar las páginas antiguas, porque me parecen una vergüenza ahora que las veo? Por poder, puedes, nadie te lo va a impedir…

… Pero a mí la idea de redibujar un cómic entero… como que no. Especialmente cuando hablamos, como en este caso concreto, de un webcómic, de un cómic publicado en Internet. Una de las cosas que a mí me llaman bastante la atención es la posibilidad de ver la evolución de su autor (o autores) a lo largo del tiempo, ver cómo una persona deja atrás un dibujo muy mejorable y una narrativa o un guion que dejan bastante que desear para ofrecer un dibujo, una historia y una estructura mucho mejor resueltos.

Tal vez la única ocasión en la que uno sí se lo debería pensar seriamente es si uno quiere publicarlo para venderlo. Ahí uno ve esa abismal diferencia entre los dibujos modernos y los actuales, y cuando uno quiere publicar, quiere mantener más o menos el mismo nivel de calidad. Ahí está claro que uno debe valorar adecuadamente su esfuerzo, tiempo y dedicación, ver si vale la pena ponerse a redibujarlo todo, o hacer unos pequeños retoques.

Pero en otros casos… ya digo, hablamos de un webcómic, y a mí al menos me gusta ver la evolución de uno mismo.

Vayamos a la práctica, con un ejemplo sencillo y propio, algo egocéntrico…“Las Paridas de La Guarida”, 29 de enero de 2006. Esta es la primera página del webcómic.

“Las Paridas de La Guarida”, 16 de febrero de 2013. Esta es la última página del webcómic.

Como veis, entre ambas páginas hay siete años de diferencia. Entre medias ha habido un montón de cambios, para bien y para mal, tanto a nivel de dibujo como de narrativa, de experimentación, de guion, de ser un compendio de chistes absurdos y referenciales con cameos a ser algo más serio, menos entendible pero con un final digno.

Y aun con todos esos cambios, no he pensado nunca en rehacer las páginas antiguas de mi primer webcómic, aunque las vea y diga “¡Diox, qué cosa más horrenda!”. Porque, ya os digo, hay algo ahí: evolución.

Si cuando hacéis algo ahora luego miráis atrás y notáis una gran mejoría, es que estáis yendo por el buen camino. Estáis evolucionando, cambiando para mejor, aprendiendo de vuestros fallos…

Es eso, en este ejemplo tenemos un webcómic que comenzó con historias cortitas con los mismos personajes (este es un consejo que el Maestro Juan Espadas ya ha dicho más de una vez), y que con el tiempo fui evolucionando, experimentando, cambiando algunas cosas, tratando de dar argumento a cosas inconexas… luego ya depende de si acabara siendo una chufa o si siguiera gustando, eso ya es cosa de cada cual y ya largué un señor tocho sobre mi experiencia el año pasado… tocho que, además, toca un tema que ahora vamos a ver también.

Es decir, que tienes la oportunidad de ver cómo vas mejorando poco a poco, algo que me parece interesante y, desde luego, satisfactorio. Volver la vista atrás no está mal (siempre y cuando la malvada nostalgia no te ciegue), aunque sepas que tienes que seguir adelante y no estancarte. Ver lo que hacías antes y mirar lo que haces ahora te hace ver que tu esfuerzo merece la pena. Y que lo peor sería no ver mejor alguna.

Vale, ahora vamos con el otro tema que he dicho que íbamos a ver: el agotamiento, el ahogamiento, el cansancio, el hastío… que te puede provocar tu propia obra.

La solución más sencilla, al menos en la teoría, es que uno se pare a pensar en cómo se están haciendo las cosas. Porque a veces uno debe mirar si lo que está haciendo es porque le gusta o porque se está obligando, si hace algo que le satisfaga o si únicamente quiere contentar a sus lectores, sin importar si disfruta o no de su propia obra.

Uno se pregunta: “¿Es así como debe ser? ¿Va según lo planeaba? ¿Hay que hacer cambios? ¿Me gusta lo que estoy haciendo?”

Si uno se siente obligado, entonces es bueno darse unas horas o unos días para descansar y continuar. El hastío de la propia obra es lo peor que puede pasar.

De nuevo, y volviendo otra vez a mi primer webcómic… Hubo un tiempo en que estaba cansado, agotado… Miraba lo que estaba haciendo y, como dije hace un año y poco:

Puede que en lo gráfico fuese mejorando (solo hay que ver las páginas desde el principio para darse cuenta), aprendiendo a base de golpes, por supuesto. Pero eran la parte narrativa y la historia las que se resentían, por esa obsesión de que terminara el webcómic algún día. Era casi como si considerase que este webcómic era una carga, que no era la diversión que tenía al principio.

Había esa sensación de que lo que estaba haciendo ya no me gustaba, ya era todo por obligación, que estaba alargando algo que no debería seguir. Tuve que parar durante un tiempo y pensar qué era lo que debía hacer…

Y tras pensar en ello, llegué a una conclusión: llevar la recta final definitiva de mi primer webcómic. Y fue entonces, después de pararme a pensarlo largo tiempo y volver, cuando disfruté más de lo que hacía. No por terminarlo, sino por estar más liberado mentalmente, nada de forzar la maquinaria. O tal vez fuera eso: el dejarme de rodeos, el encaminarme al final, el no dejarlo incompleto pero no llegar a decir que es una carga y debe quedar colgado o hastiándome hasta el fin de los tiempos. El querer darle un final digno me servía de proceso liberador.

Esa es una de las formas en que uno puede pensar en acabar con la carga: darle un buen final a su obra, dejarla completa, aunque haya tenido momentos en los que uno no estuviera satisfecho, o se sintiera ahogado con lo que hacía.

Por supuesto, hay muchas más formas de encaminar esto: puedes hacer que las situaciones vayan poco a poco cambiando a algo que te haga sentir más cómodo; puedes cambiar el tono; puedes incluso terminar una etapa y seguir con otra… Hay muchas formas de librarse del hastío una vez te lo has pensado bien, la de terminar dignamente tu obra es una de tantas, como digo.

Vamos, que mi punto de vista es ese: mejor que rehacer una obra entera, es sentarse, pensar en qué puedes hacer, tratar de mejorar, descansar, liberarte del ahogo y del hastío… Si tienes que terminarla (de forma natural, claro, nada de ‘todos mueren’ ni demás trucos facilones tipo Ctrl+Alt+Del), adelante, podrás empezar otra obra con todo lo aprendido; si quieres seguir pero ir poco a poco dándole un nuevo enfoque, también; si quieres rehacerlo, nadie se va a oponer, ni siquiera los que no estamos convencidos de esa decisión salvo en ciertas circunstancias.

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2 responses

3 05 2014
John Wheel

Una de las razones por las que no me parece buena idea rehacer un cómic es que cuando alguien ya no quiere hacer un webcómic no va a hacerlo y punto. Reiniciarlo no cambia que se ha cansado y me sobran dedos en una mano para contar las veces que ha servido de algo.

5 05 2014
Nubis

No he leído el hilo, responderé directamente al mensaje principal.

Por mi parte sólo repetiría una historia dándole un nuevo concepto totalmente diferente, aprovechando personajes e ideas básicas que definan. Hacer de cero repitiendo patrones es limitarse a una zona de comodidad, y poner en situaciones radicalmente opuestas a los mismos personajes es una buena lección (además de divertido).

Por otro lado, si uno se cansa y no se siente a gusto con la historia se notará en el resultado final. Si a los fans les gusta pero al autor no, el que se resiente es el autor hasta parar en seco sin motivación y con mala sensación que le bloqueará. Son mejores los descansos de vez en cuando para lograr buena productividad.

Y por ultimo, si uno se ve forzado a crear es que, sinceramente, no le gusta lo que hace. Palos agusto no duelen, y el arte es joderse a lo grande sin darnos cuenta, sin que nos importe porque la recompensa no tiene precio. Si a uno le gusta lo que hace, no hay excusas que valgan ni que nazcan.

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