Ducktales Remastered

8 02 2014

Recordad que hasta el 28 de este mes podéis preguntar COSAS. Aunque visto lo visto, al final va a estar hasta más desierto que el Ask… En fin, vamos a lo que toca hoy…

¡Ah, la nostalgia! La siempre engañosa nostalgia… Esa nostalgia que te ciega y te hace creer que hay cosas que, en el pasado, molaban una barbaridad y luego no pasan de mediocres en el mejor de los casos cuando las vuelves a ver, o leer, o jugar, ya con unos cuantos años más.

Y visto el título, ya alguno se habrá echado las manos a la cabeza. Pero tranquilos, mis mangurrianes, porque ya sabéis que con lo referido al tío Gilito McPato no tengo queja. Incluso la serie animada de “Patoaventuras”, habiendo envejecido de forma irregular (hay partes que aguantan mucho mejor que otras) y cuya versión de Gilito es demasiado blanda comparada con el viejo cascarrabias de los tebeos, sigue siendo una serie animada muy entretenida y un buen homenaje a las historias de Carl Barks (por mucho que a Don Rosa le dé urticaria la serie).

Y también sigue siendo (muy) entretenido el primero videojuego aparecido para NES y para Game Boy, de la mano de la antaño fantástica Capcom.

Boxart NES

“Ducktales” (usaré el nombre en inglés para referirme al videojuego) es un juego tras el cual se encuentra el equipo que hizo el primer “Megaman” una realidad. ¿Eso que quiere decir? Diversión y dificultad. “Ducktales” tenía de ambos, y no precisamente en pocas cantidades.

La aventura de Gilito McPato por el mundo en busca de cinco grandes tesoros (el Cetro del Rey Inca, la Moneda del Reino Perdido, el Gran Diamante del Centro de la Tierra, la Corona Perdida de Genghis Khan y el Queso Verde de la Longevidad) mientras se defiende de sus enemigos con solamente su bastón, es uno de esos clásicos de NES que está ahí, bien presente y muy recordado. Tardes de frustración y de dedos dolorosos para unos cuantos, pero… ¡ay, para otros!

Porque como ya digo… ¡Ah, la nostalgia! Muchos recuerdan solamente dos cosas del juego: el salto-pogo con el bastón del tío Gilito y el genial tema musical de la Luna. La nostalgia puede ser muy dañina y no dejarte ver más allá de estas dos cosas. Pero creedme: nostalgia aparte, es un juego que ofrece mucha diversión y aguanta bastante bien el paso del tiempo…

… Excepto por un diseño de niveles a veces cuestionable (especialmente el Amazonas y las minas africanas) y un control no todo lo preciso que debería, y más con respecto al salto-pogo. Son dos puntos negros en un juego que, sin embargo, reluce lo suficiente para que estos fallos (o, al menos, apreciaciones mías un tanto negativas) apenas afecten a lo que es realmente un clásico básico de las plataformas.

Y no lo digo con esa nostalgia de la que os advierto, porque hace no mucho jugué a la versión de NES para opinar sin estar cegado por esa maldita put… perr… furc… ¡bueno, por la nostalgia!

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Curiosamente, Gilito en el juego aparece con su ropa roja de los cómics en vez de la azul de la serie animada.

La cuestión está en que un juego tan querido, al que el factor nostalgia no ha conseguido disfrazar por completo de lo que no es, ¿era necesario que tuviese un lavado de cara? ¿Era necesaria una versión remasterizada de la primera odisea videojueguil de McPato?

Cualquiera puede decir que no, que el juego ya estaba bien tal y como salió en la NES.

Pero qué queréis que os diga: yo he disfrutado más con “Ducktales Remastered”.

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Los chicos de Wayforward, conocidos entre otras cosas por ser los creadores de la medio-genio Shantae, se encargaron, con las oportunas “bendiciones” de Capcom y Disney, de darle un lavado de cara a “Ducktales”. Una empresa difícil, sobre todo porque planeaba la sombra más temida de los remakes: ser más de lo mismo. Y más con un clasicazo.

Un remake que consigue añadir algo más al producto original, para mí, es un buen remake. Y creo que “Ducktales Remastered” consigue eso: es muy respetuoso con el juego original, lo toma de base para ofrecer un juego parecido, pero diferente.

Lo primero que llama la atención es, obviamente, el apartado gráfico. Hace décadas que las limitaciones técnicas de la NES fueron superadas y ahora tenemos en nuestras pantallas al tío Gilito y al resto de habitantes de Patoburgo con un aspecto calcado al de la serie animada. El cambio de los sprites de NES a unos personajes en HD, de movimientos fluidos y que nos llevan de vuelta a los tiempos del “Club Disney” es muy notable, y para bien, con el aroma a buen hacer que les caracteriza.

En este apartado también destaca otra cosa: los fondos. Estos son tridimensionales, en vez de tirar de animación 2D como sí hace la mayoría de los personajes (el jefe final del Amazaonas es 3D). Esto, al principio, choca debido al contraste con los personajes, pero tras la primera impresión (tal vez porque te acabas acostumbrando), ves que se integran mejor de lo esperado.

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Seguro que, como estamos hablando de una serie y un videojuego muy recordados por su música, estaréis pensando “¿habrá destrozado Wayforward la magnífica banda sonora del juego original?”. Pues no.

De hecho, las remezclas de los temas clásicos tienen una calidad muy notable, aunque, obviamente, el tema de la Luna brilla con luz propia una vez más. Curiosamente, en algunos de los temas de esta nueva versión, aprovechando la remezcla, se han añadido pequeñas porciones de tan mítica música, convirtiéndose así en el leimotiv del juego, y por méritos propios.

Pero para quienes las remezclas no son de su agrado, a medida que avancen en el juego y desbloqueen objetos de la galería (sí, hay una galería), podrán acceder a las músicas originales en 8 bits. Y no solo eso: ¡hasta los temas nuevos tienen versión de 8 bits, y muy bien ejecutada!

También, aprovechando que le han dado un señor lavado de cara al juego, cuenta con gran parte del reparto original de la serie poniendo voz a sus respectivos personajes en las pequeñas escenas que cuentan la historia-excusa. Es decir, que si queréis volver a escuchar el entrañable acentaco escocés que Alan Young le endosa a Gilito McPato, pues ahí lo tenéis nuevamente, más de 25 años después. Y sí, digo “reparto original” y digo “Alan Young” porque las voces solamente están en inglés…

… Si bien textos están debidamente traducidos al castellano, así que veréis “Gilito McPato” en vez de “Scrooge McDuck” o “Isidoro Dorado” en vez de “Flintheart Glomgold”, y leeréis “Golfos Apandadores” en vez de “Beagle Boys”.

Aunque hay algunas partes de la traducción que me chirrían, seguramente por influencia del doblaje hispanoamericano, y aquí sí que me voy a permitir contradecirme y de paso maldecir a la nostalgia un rato largo. Aunque “Junior Woodchucks” sea literalmente “Marmotas Junior” (o “Jóvenes Marmotas”), uno no abandona el viejo “Jóvenes Castores” tan fácilmente; y siempre preferiré “Pato Aparato” como traducción de “Gizmoduck” antes que “Robopato” (además de ser más fiel al original, suena mucho mejor Pato Aparato, ¡dónde vamos a parar!).

Y ahora vamos a la parte que a mí me interesa más: la jugabilidad. Porque es genial ver unos gráficos que me recuerden a la serie, escuchar (gran parte de) las voces originales y disfrutar los remixes. Pero ¿es un juego divertido?

Sí.

“Ducktales Remastered” entra en lo que considero un buen remake: es respetuoso con el material original, pero también tiene sus propios elementos, que se integran en el conjunto y dan lugar a un juego más equilibrado, aunque se sacrifique algo de dificultad.

Para empezar, el control de Gilito es bastante más preciso que en la versión de NES. Usar el salto-pogo del bastón y salvar fosos resulta menos complicado y traicionero que antes. Además, para quienes el pogo habitual (botón de acción más abajo mientras saltas) es duro, pueden usar la opción del pogo fácil: pulsa el botón de acción mientras saltas, no necesitas dejar pulsado abajo para dar botes como un loco en busca de tesoros.

DuckTales-Remastered-2

Este punto juega a favor y en contra del remake realizado por Wayforward. Por una parte, hace más accesible el juego, dándole la oportunidad a quienes no jugaron en NES de disfrutar de una nueva versión de las aventuras de Gilito en los videojuegos. Pero por otra, esto hace que la dificultad del juego descienda bastante en nivel normal, ya que la facilidad del salto, tanto normal como pogo, hace que los obstáculos sean más fáciles de evitar.

Pero para compensar esta aparente facilidad, los jefes finales han cambiado muchísimo. Sus patrones de ataque se han visto ampliados para hacerlos más difíciles, convirtiéndose en enemigos algo más imprevisibles que en el cartucho original. Alguno incluso cambian tanto que casi parecen nuevos, como ocurre con ¿el? yeti del Himalaya, que ahora es gigantesco.

Las fases originales se mantienen, así que Gilito volverá a visitar el Amazonas, Transilvania, las minas africanas a su nombre, el Himalaya y la Luna. Pero además se añaden dos nuevas fases: un nivel de tutorial en el almacén de dinero de McPato, donde deberá detener a los Golfos Apandadores mientras el jugador aprende a manejar al pato multimillonario; y el nivel final del juego, que no es una repetición de Transilvania como en el original, sino que es el Monte Vesubio, la guarida de la bruja Mágica de Spell, quien por supuesto sigue siendo la jefa final de la fase de Transilvania.

Además, las fases clásicas han recibido algunas mejoras en cuanto a diseño de niveles. Esto hace que aunque en buena parte el recorrido sea muy parecido al de sus versiones originales, ahora las fases se encuentren mejor estructuradas y no parezcan hechas a cachos pegados, sino que cada una es un todo bien realizado.

“Ducktales Remastered”, con todo, es un juego que puede durar unas 2 horas aproximadamente, pero a pesar de esta corta duración, cuenta con una baza: la rejugabilidad. Los objetos ocultos, la galería de arte y música para desbloquear, el desafío de llenar los tres acres cúbicos de dinero de Gilito (y nadar en el dinero) y la posiblidad de jugar en niveles de dificultad más elevados (y más afines a los tiempos puñeteros de la NES) hacen mucho en favor de la rejugabilidad del título, volviendo a recorrer las mismas fases sin cansarte.

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En definitiva, está claro que “Ducktales Remastered” no es un juego perfecto, y para algunos estará por debajo del título original. Pero es un buen título, uno que te da diversión suficiente para pasar un rato agradable mientras la nostalgia se larga, dejando que disfrutes como cuando eras nano delante de la NES o la Game Boy. O, como en mi caso, más que antaño.

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2 responses

8 02 2014
Fadri

Pues habrá que jugarlo. XD

11 02 2014
Goro

siempre prefiero los originales aunque este remasterizado no se ve tan mal

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