How to Tochomake

9 11 2013

¡Aprende en menos de mil palabras a escribir tochos de más de dos mil!

(Advertencia: el siguiente texto no debe ser, en ningún momento, tenido en cuenta como una verdadera guía para hacer tochos. Este texto es realmente un resumen de la experiencia del propio autor, y seguramente esté lleno de incoherencias y contradicciones.

Por cierto, el título que se ha puesto para el artículo es de carácter jocoso. Si te sientes estafado porque no te ha funcionado su método, la culpa es tuya por no leer esta advertencia.)

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A veces uno se pregunta cómo se puede llegar a escribir tanto texto en tan poco tiempo. Cuando por ejemplo comento en Crisis Creativa y dejo un comentario más largo que el propio artículo comentado, o cuando Nubis saca un tema interesante y planto un bloque de texto (convenientemente separado en párrafos), como veréis por aquí.

Digamos que lo primero que hace falta para eso es una cosa: ganas. Y algo de qué hablar. Vale, son dos cosas. Para escribir largo y tendido necesitas estas dos cosas. ¿De qué te sirve escribir mucho si no te apetece, o si no tienes un tema que te interese? Aunque sea una crítica en la que lances bilis Odiatóder o quieras responder a un post con el que no estás en nada de acuerdo, si no tienes esa chispa, ¿para qué?

Y ahora alguno se preguntará “vale, muy bien, pero… ¿cómo saco yo el tema del que quiero hablar?”. Uno puede buscar ese tema de forma proactiva, rebuscando entre sus cosas, sean anécdotas o alguna obra que haya visto últimamente; o también puede surgir con un paseo, escuchando música, jugando, leyendo, viendo la tele… Nunca sabes de dónde te puede llegar la inspiración.

En el caso de que quieras contestar a un post en un blog o en un foro, es más sencillo: ya has entrado en un tema que es de tu interés, sea para hablar bien o mal de él.

Claro que, como ya he dicho, para eso necesitas tener ganas, interés. Ahora bien… ¿cómo conseguir esas ganas?

Piensa en el tema que estás escribiendo. ¿Hablas de algo que te gusta mucho, de una anécdota curiosa, de tu desahogo tras ver el enésimo horror artístico? El objetivo que te marcas con tu texto es motivación suficiente para escribirlo.

Y si ves que estás cansado mientras escribes, sencillo: descansa, distráete con algo diferente para recuperar fuerzas.

Al final la cuestión es dejar que tu cerebro funcione, a su bola o no, y saques así un tema que tratar. O más de uno, normalmente con algo que los relacione. Márcate una meta y empieza a obtener ideas, las saques tú solo o vengan ellas por su cuenta y riesgo.

Y esas ideas que han ido surgiendo ¿qué hacer con ellas? Antes de nada, ordenarlas. Los textos suelen tener una estructura muy marcada en algunos casos (introducción, desarrollo y conclusión… presentación, nudo y desenlace, vamos), aunque puedes jugar con ella según te convenga. Hazte un pequeño guión de qué quieres desarrollar.

Ilústrate, busca información si la necesitas (a veces debes tirar de datos objetivos o contrastar otras opiniones para tu texto). Desarrolla las ideas conforme a lo que tengas sobre ellas, tanto datos objetivos como apreciaciones subjetivas, y dale coherencia y cohesión al conjunto de lo que estás escribiendo.

Cohesión y coherencia… Debes dejar claro que este texto, aunque hable de varios temas, es un todo, tanto en lo estructural como en su contenido (por ejemplo, como ya he mencionado, busca un nexo que una esos temas). Que se note que cuando alguien lo lea sepa que está escrito por la misma persona, y no vea muchos trozos mal copiados y pegados.

Está claro, ¿no? Has de dar una sensación de unidad a tu texto, aunque hables a lo largo del mismo de cosas distintas. Si lo lees y sientes como que has dado un cambio brusco, vuélvetelo a mirar…

Porque sí, la corrección de tu propio texto es importante. Muy importante. Una vez terminas el texto, léetelo no una, sino dos, tres, cuatro veces. No vas a tener un tocho perfecto a la primera. Necesitas releer lo que has escrito, incluso puede que mientras estés escribiendo también estés corrigiendo.

¿Qué entendemos por corrección? No solamente mirar las faltas de ortografía (y si escribís rápido o vuestro cerebro autocorrige las faltas aunque sigan ahí, sí, hay que darle varias pasadas), también hay que asegurarse de mantener la coherencia y la cohesión.

Tampoco está mal evitar redundancias, para acortar el texto y no hacerlo cansino, siempre y cuando tu intención no sea ser excesivamente machacón con un tema o busques en la repetición un recurso cómico (que no siempre funciona).

Y por supuesto: intenta que tus párrafos estén espaciados. Los textos largos en plan bloque sin separación agotan la vista. Con los párrafos, dejas descansar al lector. Igual que los puntos, y las comas; también puedes permitirte punto y coma.

Con esto ya tenemos todo, ¿no? Un tema con sus ideas ordenadas, la motivación para escribir, ponerse a ello, estructurar el texto bien, repasar lo escrito y, finalmente, terminar.

Pero ¿cuándo está uno realmente satisfecho con su texto? ¿Cuándo dice “ya así está perfecto”? Es sencillo: cuando tú lo creas conveniente. Aquí no hay fórmulas mágicas.

Y ya veis, hay muchas de las cosas que he dicho que podéis o no aplicaros, porque ya se sabe que “cada uno es un mundo”. Lo mismo ninguna es aplicable a vuestros respectivos casos.

Recordad que todo esto lo digo desde mi experiencia, y esto me sirve para blogs, comentarios o incluso para meterme en el NaNoWriMo. Que igual vosotros lo hacéis y me miráis mal porque no os sale, pero para eso pongo una advertencia arriba del todo, ¿no? 😛

Y creo que no hace falta añadir más.  Y sí, si comprobáis cuántas palabras hay en total en este texto… efectivamente, no llegan a las mil.

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3 responses

9 11 2013
Hacer textos largos

[…] Hacer textos largos […]

9 11 2013
How to Tochomake | El muro de Charlie Draug | klinews.com

[…] How to Tochomake | El muro de Charlie Draug […]

10 11 2013
John Wheel

Yo es que estudié filosofía. Luego está muy gracioso cuando en dA la gente empieza un comentario diciendo “siéntate porque esto es largo” o termina con “perdona por el ladrillo” y el comentario en cuestión no pasa de las cincuenta palabras con advertencia incluída. Qué poco lee la gente.

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