Tekken de carne y hueso

1 06 2013

La ¿película? animada de Tekken fue de una mediocridad apabullante donde solo destaca Heihachi partiendo hachas con la boca.

CLÁSICO.

Porque peleas, pocas, cortas e insípidas. Intentan contar una historia, por muy llena de tópicos que esté, pero se olvidan de que a un juego de lucha tú no vas a enterarte de la historia de Fulano, sino a usar a Fulano para reventarle la boca a Mengano. Por eso los juegos de Netherrealm Studios aún tienen que comer muchas natillas para llegarle a un Street Fighter o a un King of Fighters.

Pero ese no es el tema de hoy…

En vez de eso, sigamos con las películas de Tekken, que es a lo que me estoy dedicando a destripar… Bien, bastantes años después, alguien creyó que era buena idea hacer una película de Tekken con actores de carne y hueso. Vamos, debe ser el mismo creativo que pensó que La leyenda de Chun-Li iba a ser un taquillazo, porque si no, no me explico cómo esto vio la luz. Y aun así, no es tan dolorosa como otras producciones basadas en videojuegos. Es hasta… entretenida. Dentro de su ridiculez, lo es.

El póster en plan serie B no ayuda a tener buenas expectativas.

Algo que no tiene claro la película de imagen real de Tekken es si ser fiel al original o pasárselo por el forro. Se pone a pegar brincos entre ambos conceptos, parando más en el segundo que en el primero. Tampoco es que uno pueda esperar una adaptación fiel, eso es algo que los aficionados a los videojuegos, y más a los de lucha, deberíamos tener más que asumido. Recordad: hablamos de juegos donde la finalidad es inflar a hostias al rival, por mucho que nos cuenten las historietas de los Mishima.

Al menos la película va directa: hay un torneo de artes marciales organizado por la Mishima Zaibatsu, se apunta gente, cada cual con sus motivaciones, y ea, a pelear.

Por supuesto, no puede ser tan sencillo y la película lo arregla rápidamente: nos vamos a una distopía donde las corporaciones del conglomerado “Puño de Hierro” toman descaradamente el control del mundo tras la Tercera Guerra Mundial, dividiéndolo en ocho zonas de influencia. La más prominente es, obviamente, la Mishima Zaibatsu (aquí llamada Tekken… curioso… porque en japonés eso es “puño de hierro”), que controla Norteamérica y organiza el torneo Tekken (valga la redundancia) para demostrar su poder frente a las demás corporaciones, que envían a sus representantes para conseguir el control de la Mishim… digo, la corporación Tekken.

La historia se centra en Jin Kazama, protagonista de la saga de juegos a partir de su tercera entrega, pero no os dejéis engañar por el nombre: aunque su actor, Jon Foo es de ascendencia irlandesa y china, pero si no os lo digo, no os enteráis de que es en parte asiático.

Puede que actúe en piloto automático, pero da unas hostias… y acaba hecho un cromo.

Jin malvive con su madre, Jun, en los bajos fondos de Ciudad Tekken (¡vale, nos hemos enterado, esta es la peli de Tekken, pesaos!), consiguiendo dinero con trapicheos varios. Cuando su madre muere en una redada de la corporación Tekken, Jin decide inscribirse en el torneo para vengarse, obteniendo la plaza de “la elección del pueblo” y agenciándose como manager a un tal Steve Fox, que para nada se parece a cierto boxeador británico de cierta saga de videojuegos… y sabes que es británico porque suelta un ‘wanker’ cada dos por tres (aunque creo que los australianos también lo hacen, pero no me hagáis mucho caso).

¿Y contra quién se quiere vengar Jin? Obviamente, contra el jefazo de la Mish… corporación Tekken, que no es otro que Heihachi… oh… Dios… mío…

Sí, damas y caballeros: ese es Heihachi Mishima, interpretado por Cary-Hiroyuki Tagawa, alias Shang Tsung. El estigma de este pobre hombre es que le recuerden por su “Your soul is mine”. Y ahora también por ser Heihachi y la caracterización que le han encasquetado.

Porque vamos a dejar algo claro: hay cosas que no se pueden trasladar a la vida real sin provocar risas. Al menos no se pone a romper hachas con los dientes… Eso sí, a pesar de ser más calmado que el original, tiene también la idea de usar la fuerza para crear un mundo mejor bajo su mando. Y al menos el señor Tagawa le pone ganas.

Pero Jin no solo quiere luchar contra Heihachi, sino que también se las verá con Kazuya, hijo del viejales y que en la película es un malo con perilla genérico interpretado por Ian Anthony Dale. Eso sí, a pesar de la ausencia de pelo de punta y cejas kilométricas, han respetado del Kazuya original las miradas de cabronazo y las mismas ganas de destronar a su padre. Rencillas familiares, ¿quién se las iba a esperar, eh? ¿Y a que no sabéis quién va a traicionar a quién? ¡Bienvenidos a la familia Mishima!

Kazuya no sabe si traicionar a su padre para hacerse con el poder de Tekken o para que Heihachi deje de salir en la tele con esos pelos.

Y ya que estamos con el tema de parecidos entre el personaje del juego y el de la película, y aunque ya he repetido que esto de las adaptaciones hay que darlo como un caso perdido, volvamos a lo de respeto/falta del mismo. Porque es curioso cómo se hacen las cosas en esta película.

Hay actores que consiguen tener un parecido, al menos físico, bastante razonable con su alter-ego poligonal, y es el caso de Eddie Gordo, las hermanas William (aunque Nina se vea ridícula con el spandex lila), y Raven. Luego están los que tienen algunas licencias (Bryan Fury con perilla y cuerdo; Sergei Dragunov sin apenas cicatrices y con cara de persona normal; un nuevo Yoshimitsu; Heihachi… sí, Heihachi, a pesar de las risas; Jin hasta cierto punto; Christie Monteiro siendo aún más caucásica que Jin…). Y finalmente los que ni se molestan en parecerse, como Kazuya, Miguel (alias “luchador aleatorio”) y Steve Fox.

Con estas caracterizaciones no puede salir nada mal, ¿verdad? ¡¿Verdad?!

Soy el primero que admite que uno puede, y a veces debe, tomarse sus licencias en la adaptación. Pero que se aclaren: o todos se respetan más o menos, o tomaos las licencias con todos o… Vale, esto ya se ha convertido en una pataleta, sigamos con la crítica en sí…

El caso es que estar o no bien caracterizados no sirve de nada si actúan como si estuviesen leyendo el papel justo enfrente. O si actuaran, porque la mayoría solo están para liarse a guantazos y apenas sí tienen una línea de diálogo, si es que la tienen.

Porque ¿qué sabemos de ellos? ¿Por qué participan? Son carcasas vacías, sin motivación más allá de “me envía mi corporación”. Y los protagonistas no es que se luzcan, sus actuaciones no pasan de decentes, aunque el que destaque sea Heihachi.

La historia, ya lo he dicho, va a lo directo: un torneo de artes marciales organizado por una corporación malvada en una distopía y Jin busca vengar a su madre. Al menos es honesto. Eso sí, la trama no deja de ser una torpe sucesión de escenas y tópicos que intenta desarrollar a los personajes. El mayor desarrollo que se ve es que Jin empieza a controlar su ira (“la maldición de la sangre Mishima” es una velada referencia al Devil Gene de los juegos, pero no, aquí nadie se convierte en un demonio con alas) y le pone los cuernos a su novia con Christie. Así. Tal cual.

De momento vamos bien servidos de Mishimas, pero ¿qué hay del torneo, merece la pena la ensalada de tortas? Pues, sorprendentemente, las peleas están bastante bien coreografiadas y entretienen. La realización técnica es decente para algo con tufillo de producción SyFy, y aun siendo la enésima distopía, y en las peleas es donde más luce. Son luchas fáciles de seguir, y que te mantienen atento a lo que sucede.

Ojo, estoy hablando de las peleas en el torneo, las demás escenas de acción son demasiado genéricas, previsibles y aburridas. Puedes echar una cabezadita entre pelea del torneo y pelea del torneo, y seguro que hasta te parece buena película.

Sí: el de la izquierda es Miguel. Empiezo a echar de menos al “gitano Migué” del juego…

Como pensamiento final, y aunque sorprenda viendo que esta película es otro pastiche genérico con personajes unidimensionales, no se puede comparar con Mortal Kombat: Aniquilación, La leyenda de Chun-Li, Dead or Alive o King of Fighters como bodrio peliculero basado en un juego de lucha.

Su historia es absurda y olvidable, sí, como la historia de cualquier juego de la saga Tekken; tiene personajes planos, sí, como cualquier juego de la saga Tekken (aunque esto me grangeará no pocos odios); hostias como panes, sí, como en cualquier juego de la saga Tekken. Aunque haya cosas que la alejen de los juegos, la esencia de ser algo estúpido con peleas bien coreografiadas está ahí. Como la primera película de Mortal Kombat, pero sin visos de convertirse en un placer culpable como aquella (curioso cuando no soy fan de MK e incluso miro esa saga con malos ojos en según qué juegos).

Como veis también, con esta no me he querido extender demasiado. Es de esas películas que, a diferencia de la animada, es recomendable ver con unos amigos para ponerla a parir mientras te echas unas risas. Ya digo: es mediocridad en estado puro, pero para entretenerse (aunque solo sea una vez y riéndose de ella entre pelea y pelea), es muy válida.

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3 responses

1 06 2013
mariods86

Pues mira, estoy totalmente de acuerdo. Tiene ese punto de cutrez que la pone al nivel de Street Figthter: La última batalla. Estupidez como la copa de un pino, pero resulta muy entretenida y divertida si se mira en plan cachondeo. Eso sí, me has fallao, pensaba que ibas a comentar la parte donde Kazuya aparece luchadno con dos hachas referenciando una vez más la escenita de su padre en la peli animada. ME HAS FALLAO. XDD

1 06 2013
John Wheel

Osea, que la peli es como el juego pero con cinemáticas para amenizar las pantallas de carga entre combate y combate.

14 06 2013
Chuck Draug

@Mario DS: Si hubiera hablado de la pelea final, habría puesto la imagen de Heihachi o habría dicho “Kazuya lucha con dos hachas; Heihachi las hubiera roto a bocados antes de empezar a dar puñetazos”. xD De todos modos, es eso: es cutre (de ahí lo del tufillo a producción SyFy), pero tiene una historia fácil de obviar y las peleas están bastante bien. A fin de cuentas, Tekken es peleas.

@John Wheel: No se puede definir mejor. Una película basada en un juego de lucha no debería dejar de ser eso. Pero le meten historia y es cuando la cagan. Por eso si es tan olvidable como esta, genial, pero cuando van de series como en Dead or Alive o directamente hacen la gilipollez de King of Fighters, apaga y vámonos.

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