Ascendancy: Chronomyst

13 08 2008

¡Las especies de Ascendancy vuelven una vez más!

Chronomyst: Viajeros estelares

En el Cónclave se hizo obvio que los Chronomyst han desarrollado una fuerte necesidad de seguir la luz de las estrellas. El deseo de Chronos es claro y brillante.

Tu luz brilló vivamente en el Cónclave. Guía a los Chronomyst en su búsqueda.

Los Chronomyst son una raza profundamente religiosa y filosófica que pasa mucho tiempo en meditaciones parecidas al trance, explorando el espacio interior. Cuando se unen con su dios, Chronos, los Chronomyst flotan a través del tiempo y del espacio a diferente magnitud que los que no ascienden. Han descubierto una forma de usar esta capacidad para acceder a las líneas estelares y acelerarse en su interior.

Los Chronomyst están compuestos en su mayor parte por componentes orgánicos ópticos, y su inteligencia está formada por rayos de luz que se tuercen y rebotan en sus lentes y espejos interiores. La luz brillante aumenta su perspicacia mental y les permite concentrarse más profundamente en su comunión con Chronos.

La sociedad Chronomyst no está estructurada. Hay una reunión interminable llamada el Cónclave, donde los individuos Chronomyst vienen y van, reflejando rayos de luz, definiendo y comunicando la evolución de su cultura y creencias. El Cónclave de los Chronomyst es una de las maravillas del Universo: una interminable e intrincada danza de rayos de colores a la que todo Chronomyst se une durante una parte de su vida.

Habilidad especial: Los Chronomyst pueden alterar el paso del tiempo. Pueden moverse rápidamente por las líneas estelares. (Pasiva)

Naves:
Pequeña
Mediana
Grande
Enorme

Opinión personal:

Los Chronomyst son una de las especies alienígenas más extrañas y originales que he visto en bastante tiempo. Todo el tema de cómo son me parece interesante, algo que podría quedar genial en relatos de ciencia-ficción muy a lo Arthur C. Clarke. Realmente interesantes, sí.

Ahora bien, donde de verdad valen la pena es en su habilidad especial, tremendamente útil, sobre todo en los comienzos. Puedes viajar rápidamente por entre las líneas estelares, consiguiendo llegar antes a tu destino. Esto hace que la desesperación que a veces puede ser el ir de un sistema planetario a otro pase más rápidamente. Además, al ser pasiva, siempre está en uso.

Como especie contra la que jugar, los Chronomyst hacen uso, obviamente, de su habilidad especial. En tema de diplomacia, son tan duros a la hora de negociar como los cristales de los que están hechos. De hecho, esta raza, junto a los Nimbuloids y a los Shevar, es la que menos oportunidades te da de formar una alianza.

Puntuación: 7.75 / 10

Aquel vasto océano encerraba más de lo que uno podía ver desde su superficie. A medida que uno iba descendiendo hacia las húmedas profundidades, mientras extrañas criaturas que nada tenían que ver con los peces de la Tierra se desplazaban en silencio, ocurría un hecho insólito. En vez de observar cómo la oscuridad cubría todo el submarino paisaje, una luz cada vez más brillante iluminaba las profundiades abisales, donde enormes estructuras cristalinas parecidas al cuarzo surgían del fondo marino junto a rocas que serían frías y oscuras si no fuese por la templada e intensa luz que las envolvía.

Aquello era la mayor de las ciudades de los Chronomyst. Estos seres vivían aislados, meditando en su quietud y luminosidad, en casi permanente comunión con su divinidad, Chronos. El espectáculo de luces se hacía más intenso al tiempo que uno se iba adentrando en sus calles de cristal y piedra, mientras diversas joyas refulgentes se movían impulsadas por sus pequeños tentáculos. Éstos eran los Chronomyst.

Las luces que emitían aquellos seres se veían reflejadas en las estructuras que formaban su ciudad y dicho reflejo volvía a los Chronomyst. Era un espectáculo luminoso impresionante, aunque para los Chronomyst la luz no era sino parte de su vida dedicada a Chronos y al conocimiento del yo interior.

Pero había algo cuyo brillo era más intenso que el de estas calles. A medida que uno seguía moviéndose por este lugar de hermosa luz, no tardaría en encontrarse con la maravilla más grandiosa que se pueda observar en éste u en otro universo.

Los Chronomyst lo llamaban “El Cónclave”. Describir la belleza de las luces que se podían observar era totalmente imposible y a día de hoy cualquier descripción de dicho Cónclave no hace justicia a lo que los ojos de un testigo directo pueden observar. Millones de Chronomyst se reunían y sus luces se reflejaban, dando lugar a un juego luminoso tan maravilloso como sobrecogedor. La intensidad de las luces iba aumentando a medida que más Chronomyst se iban uniendo a la eterna ceremonia. Nadie sabe cuándo comenzó, ningún Chronomyst lo recuerda ya. Pero desde tiempos inmemoriales, el Cónlclave había reunido generaciones de Chronomyst, ofreciendo cultura y conocimiento.

Pues los Chronomyst habían aprendido que la luz podía transportar información. Toda luz contenía una porción de conocimiento que no podía ser desaprovechada. Era por eso que los Chronomyst la reflejaban y recibían constantemente, alimentándose de sabiduría milenaria. El Cónclave simplemente amplificaba todo aquello, reuniendo el saber Chronomyst en sus maravillosos haces de luz.

Y aquel día en especial, el Cónclave estaba más animado de lo habitual. Visiones de otros mundos, lejos en el espacio y en el tiempo, habían invadido las mentes de los Chronomyst en su meditación y era de aquello de lo que más se discutía en el Cónclave de luz.

¿Era esto lo que había más allá de su ciudad de luz, cristal y roca, más allá de su océano,y su mundo? Otros mundos. Y, probablemente, otros seres.

Habían visto las estrellas del firmamento, a veces después de subir a la superficie del océano llevados por la curiosidad, la mayoría desde las profundidades marinas de su meditación, donde la débil luz de los astros era, sin embargo, muy perceptible para los Chronomyst. Pero nunca pensaron en ellas de la forma en que pensaban ahora, después de aquellas visiones de mundos alienígenas.

Los Chronomyst se mostraron un poco desconfiados ante dichas visiones en un principio, pero aquel principio de duda no duró más que unas milésimas de segundo en sus cerebros de cristal orgánico, que procesaban información a una velocidad próxima a la de la luz. Vieron en estos sueños una señal de Chronos para conquistar el espacio y el tiempo, más allá de su búsqueda interior, y así llegar hasta aquellas estrellas, hasta su luz.

Así era la Voluntad de Chronos.

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