DraugDraug’s Swedish Adventures (y 3)

5 06 2008

Y aquí llega el episodio final de la excitante (¡ja!) saga que relata las andanzas de vuestro seguro servidor por tierras suecas.

TETRAPOL Y MULTIMEDIA, SUS AMIGOS Y COMPAÑEROS

Una de las asignaturas que he tenido en el último cuarto del curso era Wireless Networks (redes sin cables, vamos), donde hemos aprendido sobre el estándar IEEE 802.11 (el WiFi, vamos), WiMAX, HSPA, LTE… y un montón de siglas, acrónimos y especificaciones.

Pues bien, en dicha asignatura se nos designó a varios grupos la tarea de investigar, recopilar información y, sobre todo, hacer una gran presentación en la última semana del curso acerca de diversos temas. Había una lista con varios temas, que eran básicamente lo que estábamos dando en la asignatura y más, pero también se podía elegir un tema que no estuviera en la lista.

Pues bien, uno de mis compañeros de grupo propuso que habláramos de TETRAPOL, una tecnología que es sobre todo usada por fuerzas de seguridad (policía, bomberos) en varios países del mundo (y aunque no lo creáis, sí, en España se usa). Claro que recopilar información acerca de una tecnología de uso tan privado resulta tarea harto complicada, pero resulta que el chico que había propuesto el tema ya había trabajado en ello antes, así que, extrañamente, resultó más sencillo de lo que parecía… claro que no era tan sencillo, ya que a pesar de ello aún existía cierta tarea de búsqueda y recopilación de información acerca de TETRAPOL. Durante casi dos meses.

Claro que no era nada comparado con la otra asignatura, Multimedia. Sí, una asignatura sobre multimedia. Sonidos, imágenes y vídeo, principalmente. Una asignatura básicamente de proyectos, uno tras otro, para tratar de hacernos la vida imposible y también para decidir el 80% de la nota final. Sí: cuatro proyectos que deciden el 80% de la nota final de la asignatura, con lo que el examen se queda para un 20%, para, digámoslo, subir nota o incluso salvar tu evaluación. Mi caso no sé cuál es exactamente, ya que en los tres primeros proyectos había conseguido 37 puntos de 55 (nunca codificar vídeo había sido tan difícil), aún no sé la nota del cuarto y el examen lo hice el viernes pasado.

Pero bueno, fueron dos asignaturas, incomprensiblemente, más fáciles (al menos en apariencia) que cualquier otra de este año. Aunque claro, comparadas con la aberración que era Wireless Communications (la que aprobé en la revisión de examen), cualquiera es más fácil que ESO.

MEGAFESTU

Una cosa que saben muy bien los suecos es organizar fiestas enormes. En Chalmers sobre todo. Con motivo del final de curso, organizaron lo que podríamos llamar la MegaFESTU. Es decir: una fiesta de estas grandes enormes con mucha gente, mucho alcohol (no en mi caso), muchas chicas guapas (esta vez no he tenido tanta suerte ;_;)…

Básicamente, uno que ha estado en otras FESTU (sí, así llaman allí a las fiestas grandes de Chalmers) podría pensar que era más de lo mismo, pero el aliciente de tener juegos (escalada, castillo hinchable…) o el tener mucho más espacio para que entrara más gente pues es una diferencia muy notable. Y el espacio ayudaba sobre todo a que uno se pudiera mover sin dificultades, cuando lo normal es que casi acabes asfixiado.

Y bueno, no hay mucho que contar sobre ello, realmente, porque es algo que hay que vivir en persona. Mereció mucho la pena estar allí, bailar con los amigos y, sobre todo, no tener a las desgracias humanas que tengo como compañeros de piso cerca.

PELICULILLAS QUE VER

Los suecos parecen tener adversión al doblaje excepto si es para series animadas (y a veces ni eso, que hay cortos de Disney que los dejan en inglés puro y duro). Pero en mi caso, eso es bueno. Muy bueno. Especialmente para poder ver tres películas que tenía ganas (bueno, en realidad una tenía ganas de verla, otra quería ver el destrozo de los Wachosky y la otra… creo que era simple tradición) y enterarme sin pensar “¡no hay quien entienda el sueco!”. Es bueno de poder entender el inglés.

Aviso que puede que cuele algún spoiler…

¿Y cuál quería ver y tenía ganas? Iron Man. Sí, no os equivocáis. Aun a pesar de que Tony Stark no es de mis personajes favoritos de Marvel, la cosa es que quería ver cómo había quedado la película. Tras bazofias como Ghost Rider o Spiderman 3, uno se preguntaba si las películas de Marvel podrían levantar cabeza. Y, sorpresa la mía, Iron Man me gustó muchísimo, me pareció una película que sabía asentar las bases de Stark, de su alter-ego metálico y de lo que nos podemos esperar (aparte de la escena de después de los créditos, con Samuel L. Jackson a lo Ultimate Nick Furia hablando de la “Avenger Initiative” o “Iniciativa Vengador”).

Claro que como otras películas de supertipos, existe un pequeño problema: como primera película de lo que sería una saga, se nos tiene que contar el origen del personaje. Es lo que se ha visto en X-Men, donde vemos el origen de la Patrulla X cinematográfica; en la primera de Spiderman; en Hulk… Es una lacra que tienen las películas de superhéroes, pero que, qué queréis que os diga, no hay más remedio que aceptar.

Ahora… la película de los Wachosky… Speed Racer
Desde ya os advierto que soy de los no pocos detractores de los Wachosky, que fueron unos genios de la estafa gracias a su trilogía Matrix. La primera podía pasar como una películilla pretenciosa con muy buenos efectos especiales y estética robada de Ghost in the Shell, pero la segunda y la tercera constituyen uno de los grandes timos de la historia del cine (y mira que la pelea a lo Dragon Ball de la tercera película no está mal). Así que tras ver los trailers de Speed Racer y sabiendo quiénes estaban al cargo me temí lo peor…

Puede que fuese eso, que estuviera predispuesto a ver una mierda de proporciones épicas. O puede que estuviera equivocado. Pero al final resulta que vi una chorrada muy entretenida.
No, en serio, la película es tan estúpida como la serie original, pero a diferencia de ésta, la película de Speed Racer es tremendamente divertida y una muestra de que los Wachosky pueden hacer algo ‘bueno’ sin tener que meter filosofía de retrete ni pretenciosidad.
También contribuye que Susan Sarandon y, sobre todo, John Goodman se marquen unos papelones como los padres de Speed/Meteoro (que por cierto, el chaval que hace de Meteoro es pasable) o que el tándem niño-chimpancé de la película, en vez de ser lo típico de “¡qué asco, que alguien se cargue a esos dos!”, sea una mezcla explosiva y muy graciosa (Chim-Chim es Diox). Y ahora os preguntaréis… ¿Christina Ricci? Aceptable e incluso ese peinado ridículo le favorece (no es por nada, pero la Ricci a mí me parece fea y frentona, aparte de escuálida).

Lo malo es que Speed Racer también es un espectáculo epiléptico (demasiadas luces y colorines, de verdad) y también que dura demasiado, las carreras podían haberse acortado todas un mínimo de cinco minutos (hablando de las más largas, que no son pocas) y todo habría quedado perfecto. Una chorrada perfecta, vamos. Y una sorpresa para mí.

Finalmente vamos con la que queda… Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal. Yo iba con miedo al cine, pensando que no vería una película de Indy. Ésa era la sensación que yo tenía con los trailers. También esperaba que no fuese peor que El Templo Maldito (en serio: excepto la presentación en Shangai y la parte en que a Indy se le cruzan los cables, esa película es HORRENDA).
Pues bien, se cumplió al final que sí vi una película de Indiana Jones y que no es peor que El Templo Maldito. No llega a ser lo que fueron En busca del Arca Perdida ni a La última Cruzada, pero es una película digamos… pasable. Entretenida, al menos.
Un Harrison Ford viejuno interpretando a un Henry Jones Jr. viejuno en plenos años 50 tratando de detener a los soviéticos (liderados por una espectacular Cate Blanchett a lo ucraniana, aunque le cuesta arrancar) para que no se hagan con un poder inimaginable. Como si en el pasado tener a los nazis tras el Arca de la Alianza y el Santo Grial no fuese suficiente… Y además vuelve Marion Ravenwood. Y esa relación Jones-Marion sigue siendo igual de carismática que en la primera película.

La película sigue ese ‘sentimiento Indiana’ de las tres anteriores películas. Por supuesto, que se mantenga el espíritu no quiere decir que la película sea una maravilla, ni mucho menos. El Templo Maldito también tiene el ‘sentimiento Indiana’ y es para darles de patadas a Lucas y Spielberg. Con esta cuarta entrega pasa lo mismo, pero a menor escala.

La gente se lleva mucho las manos a la cabeza por el tema alienígena, pero yo me pregunto: ¿y el Arca de la Alianza? ¿y el culto arranca-corazones de Khali? ¿y el Santo Grial (que no nos engañemos, era un invento de los Cruzados, el ‘cáliz’ que mencionaba Jesús en la Última Cena era más bien metafórico)? Esto no es demasiado grave, si Indy primero se las tuvo que ver con fuerzas místicas, ¿por qué no con fuerzas extraterrestres?

Luego está el tema de las fantasmadas. Creo que la mayor fantasmada que existe en la saga es, sin duda, El Templo Maldito en sí, pero especialmente la escena en la que Indy, Willy (odiosa Willy) y Tapón (odioso Tapón) caen desde cientos de metros de altura, desde un avión, con una balsa hinchable y caen sobre una ladera nevada y descienden por ella como si tal cosa.
Una de las cosas que más me gustó de La última Cruzada fue el componente autoparódico acerca de las fantasmadas. Pues bien: en esta cuarta película no sólo esa autoparodia no existe, sino que además se multiplican nuestras amigas las fantasmadas.

Hay fantasmadas al estilo de la saga (y es que Indiana Jones sin fantasmadas carismáticas, no es Indiana Jones), como las típicas cataratas o las hormigas gigantes carnívoras… pero hay dos que llegan al nivel de la balsa de El Templo Maldito (esa fantasmada nunca será superada):

– La nevera es, sin lugar a dudas, la fantasmada estrella. Puedes sobrevivir a una explosión nuclear dentro de una nevera. Vale que la nevera al final se queda para el arrastre, lo suficiente para que la puerta se pueda abrir (porque en aquella época las neveras no se podían abrir por dentro, creo), pero tú sales vivo y limpito.

– Los monos. El personaje que interpreta Shia LaBeouf (personaje que es una mezcla de James Dean y un Indiana Jones adolescente) se las ingenia de alguna forma para que los monos le ayuden a él y al grupo de Indy a quitarles la calavera de cristal esa a los soviéticos. Una escena muy tarzanesca y rara que uno puede pensar que a Lucas y a Spielberg se les fue la mano con la cosa que estuvieran fumando. Pero tampoco mata mucho.

En definitiva: arqueología, fantasmadas, Indiana Jones, guiños a las anteriores películas (estatua de Marcus incluida)… No voy a ponerme demasiado quejica como puede hacer Cels Piñol (porque sí, con el Episodio III y con este Reino de la Calavera de Cristal se ha puesto MUY quejica), porque si no tendría que despotricar sobre las otras tres películas anteriores (especialmente El Templo Maldito). No me he dejado arrastrar por la nostalgia viruetil al ver esta película… también influye que viera las otras tres antes de ver esta última y así poder ver las películas como las veo ahora… aunque en realidad mi opinión sobre ellas no ha cambiado mucho, sinceramente (bueno, sí, El Templo Maldito la tengo en aún peor consideración).

EL ‘RETONNO’

Y finalmente, ya estoy de vuelta en España. Tras más de ocho horas entre avión y aeropuerto, ya estoy otra vez en casita. Este verano toca volver a por el práctico de la autoescuela, a trabajar y a ver qué más… espero tener tiempo para las Paridas. xD

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