Ascendancy: Capelons

11 05 2008

Tercera especie en discordia… ¡ahí va!

Capelons: Camufladores planetarios

Eres el Cazador Líder de los Capelons. Tu gente ha tenido tanto éxito en su mundo de origen que su número ha aumentado y las presas escasean. Debes liderar la caza de las estrellas y encontrar nuevos mundos para que los Capelons vaguen.

Debe existir algo como en el mundo de origen. Seguro que habrá razas de cazadores de otros mundos, y amenazarán con no dejar nada a los Capelons si no eres más rápido y más diestro.

Los Capelons son masas de fibras flotantes que pueden reordenar sus cuerpos rápidamente para asumir cualquier forma. Se desarrollaron en un mundo altamente depredador donde su camuflaje y cambiante forma fueron útiles para atrapar a sus escasas y escurridizas presas antes de que lo hicieran sus competidores.

Con el tiempo desarrollaron el poder de repeler a los depredadores y a otras amenazas como una extensión telepática de su habilidad de camuflaje. Se hacen pasar tan inadvertidos que el ser amenazante se olvida de lo que hacía, permitiendo al Capelon cobrar su presa y escapar.

Los Capelons pueden combinar sus energ¡as individuales. Una población planetaria de Capelons puede esconder un planeta entero.

Habilidad especial: Los Capelons pueden hacer que sus colonias sean invisibles (=invencibles) durante un día. (Activa) Necesita 66 días para tener suficiente energía para usarla.

Naves:
Pequeña
Mediana
Grande
Enorme

Opinión personal:

Ésta es una de las especies que menos me gusta del juego, por no decir la que menos. Digamos la verdad: ni su diseño, ni su historia ni su habilidad especial son llamativas.

Diseño original, sí, pero para nada interesante, e incluso diría que feo con ganas. Y la historia… ¿Los Depredadores de Ascendancy? Pues no, puesto que los Depredadores cazan por deporte, mientras que los Capelons lo hacen en el sentido animal, es decir, para sobrevivir. Y poco más.

Y su habilidad especial puede salvarte durante un día, pero al siguiente tus planetas dejan de ser invisibles/invencibles y te puedes despedir de tu planeta como no lo tengas bien repleto de escudos y armas orbitales y de escudos superficiales para evitar invasiones.

Como especie controlada por el ordenador, es como si no tuviera habilidad especial cualquiera y lo único que puede pasar es que tardes un día más en tomar un planeta, pero nada más. Sólo son problemáticos a la hora de negociar, pues hacer una alianza con ellos es bastante complicado.

Puntuación: 4 / 10

La presa había caído fácilmente. El gran depredador mostraba sus grandes colmillos en un burdo intento de imitar una sonrisa. Su zarpa oscura se posó sobre el cuerpo de su víctima, cubierto por su propia sangre, su mirada vacía fija en el cazador que le había dado muerte.

La presión que ejercía la zarpa se iba haciendo mayor a medida que la bestia bajaba su gran cabeza escamosa, abriendo sus fauces, listas para el primer bocado de su trofeo.

Entonces sintió el ligero golpe en la parte derecha de su cabeza.

La bestia se giró para ver quién había sido tan osado y estúpido como para atacarle. El golpe no había sido nada, apenas un pequeño toque, pero había interrumpido al depredador. Interrumpir a aquella enorme criatura de afilados dientes era un error muy grave que pocos se atrevían a cometer.

Y sintió otro golpe en su cabeza, viniendo ahora de la izquierda. Y en cuanto se giró, sintió de nuevo un pequeño golpe en la parte derecha.

Se volvía violentamente mientras la sucesión de pequeños golpecitos continuaba. Alguien le golpeaba, alguien estaba jugando con la bestia. Pero no podía verlo, no había manera de localizarlo. Pero el olfato de la criatura le decía que había algo.

Se abalanzó sobre el aire que había a su izquierda, pero no mordió más que eso, aire. No había nada allí. Pero el olor seguía, sabía que tenía que haber alguien allí. El enorme depredador seguía moviéndose, ahora fiándose únicamente del rastro que dejaba el olor de su estúpido agresor. Un rastro que desaparecía tras unas rocas.

Olisqueando ahora sin éxito, el depredador finalmente decidió abandonar la búsqueda y volver a lo que se traía entre manos… o, mejor dicho, entre dientes. Caminó lentamente hacia el lugar donde debía estar su presa…

… Pero desde la distancia observó que no estaba su presa.

Se acercó rápidamente, pensando que la distancia o algún accidente del terreno le estaba engañando. Pero cuando llegó al lugar donde debía estar su presa sólo vio el charco de sangre fresca. Miró al suelo, tratando de buscar un rastro de sangre, algo que le llevara hasta el ladrón. Pero no había nada, absolutamente nada.

Desesperado, el gran depredador rugió, lleno de ira.

A muchos metros de allí, lejos de la vista del depredador, la presa se sostenía en el aire, flotaba. Pero pronto se reveló el truco, al aparecer dos grandes masas flotantes de fibras de tonalidades amarillas, verdes y pardas, continuamente cambiando sus formas, teniendo cuidado de no derramar la sangre de la víctima para no dejar un rastro tras de sí.

– Esto nos hace parecer más oportunistas que auténticos depredadores – dijo una de las dos grandes masas fibrosas.

– Puede que hoy hayamos sido oportunistas -, respondió su compañero -, pero eso se debe a que hemos subestimado al enemigo. No volverá a pasar… Por cierto, ¿te gustó mi truco de los golpes?

– Demasiado infantil – contestó la primera masa -. No es propio de un auténtico cazador Capelon.

– Pero funcionó. Es lo que importa.

Los Capelons eran conocidos por ser depredadores y maestros del camuflaje. Esta vez estos dos miembros de dicha raza no habían tenido tanta suerte como depredadores, pero sí habían mostrado ser mucho más astutos que su rival. El engaño había trabajado a la perfección y ahora se habían cobrado su presa. Con esto sus familias tendrían un buen banquete este día. Algo que ya no era tan común como solía ser entre los Capelons.

Su ecosistema se estaba empezando a resentir. Las presas empezaban a escasear mientras la población Capelon crecía sin control. Todavía podían sobrevivir sin pasar por una tremenda hambruna, pero los Capelons se habían dado cuenta de que tarde o temprano su fuente de alimento desaparecería.

Algunos habían pensado que podrían empezar a incluir a otros depredadores en su menú. Sin embargo, varios factores les hacía descartar dicha idea como solución a la futura crisis. Los más ancianos de entre los Capelons ya habían sido testigos de varios cazadores poniendo en práctica dicha idea y no pensaban dejar que se repitiera. Varios de estos depredadores rivales serían capaces de descuartizar un Capelon en pocos segundos, a pesar de que los maestros del camuflaje eran simples masas de fibras. Otra razón estaba en que la mayoría de sus competidores, de alguna manera u otra, eran venenosos para el sistema digestivo de los Capelons.

Necesitaban una nueva alternativa, pero ¿qué? No lo sabían.

Se oyó una gran explosión a lo lejos. Ambos Capelons seguían portando su presa y parecía que estaban ignorando lo que había pasado. Pero el humo y las llamas les hizo replantearse su idea de seguir flotando con su presa como si nada.
Se fueron acercando lentamente al lugar de donde provenían las llamas y el humo. No estaba demasiado lejos de donde se situaban, por lo que no les llevó mucho rato llegar. Aún con su presa entre sus fibras, observaban la estructura frente a ellos.

Era una especie de barcaza, de grandes dimensiones, y de tonalidades pardas. Se preguntaban cómo había llegado hasta allí. Los Capelons solían recorrer grandes áreas en misiones de reconocimiento y ninguno de estos Capelons recordaba haber visto esta barcaza antes cuando pasaron por este lugar una hora antes.

Entonces surgió una figura de entre las llamas. Una criatura alta, erguida sobre dos de sus seis patas, escamosa y vestida con extrañas ropas, se iba moviendo con dificultad hacia el exterior de lo que quedaba del enorme vehículo. Se tiró al suelo y comenzó a rodar en un intento de apagar las llamas. Lo consiguió, pero la figura se quedó quieto durante unos segundos, respirando con tremenda dificultad.

Los dos Capelons, curiosos pero cautelosos, dejaron a su presa en el suelo y comenzaron a flotar hacia el extraño ser.
Misteriosamente, seguía vivo, a pesar de las terribles quemaduras y de las heridas que su cuerpo presentaba, pero no tardaría mucho en morir. El ser observó a los Capelons acercarse. Empezó a hablarles, pero era un idioma que jamás habían escuchado, por lo que no entendieron nada.

Los Capelons se miraron entre ellos y luego al ser, que seguía mascullando algo mientras apuntaba al cielo. Los Capelons miraron al cielo instintivamente y luego a la criatura, que describió un arco con su dedo desde el cielo hasta donde estaba la gran barcaza.

Dijo algo más, pero su voz se apagó de pronto. Y quedó totalmente inmóvil.

– ¿Estará muerto? – se preguntó el primero de los Capelons.

Su compañero creó una especie de tentáculo con sus fibras y alargó dicha extensión hacia el ser que habían encontrado. Lo tocó suavemente, gradualmente con más fuerza. Pero no respondía de ninguna manera.

– Totalmente.

Ambos Capelons flotaron más cerca del cuerpo sin vida de aquel extraño ser que nunca habían visto.

– Parecía que decía que venía del cielo… – dijo de repente el primer Capelon -. El cielo… Sólo hay nubes y estrellas en el cielo.

– ¿Y si ha venido de una de las estrellas? Imagínatelo… – el segundo Capelon se quedó mirando fijamente el cadáver -. Y ahora que lo pienso, viéndolo tan tostado…

Varios tentáculos salían de la masa de fibras que era el Capelon y empezaron a palpar la superficie del cuerpo inerte. Algunos de los tentáculos se retiraron y las zonas del cuerpo que habían sido palpadas estaban vicosas y presentaban pequeñas mordeduras.

– ¡¿Estás loco?! – le gritó el primer Capelon -. ¡¿Qué pasa si esa cosa te mata?! Hay depredadores de nuestro mundo que son venenosos para nosotros, ¡¿qué pasa si este ser que a saber de dónde ha salido…?!

– Delicioso.

La interrupción del segundo Capelon dejó a su compañero confuso. No parecía tampoco mostrar síntomas de envenenamiento. En un Capelon, dichos síntomas eran fáciles de vislumbrar, además de inmediatos, mientras su estructura fibrosa se iba desintegrando lentamente.

Pero eso no estaba pasando en aquel momento. De hecho, el Capelon parecía disfrutar cada vez más de este nuevo sabor que había encontrado.

Se miraron el uno al otro, luego a la presa que habían conseguido en primer lugar… y luego al cuerpo sin vida del ‘ser de las estrellas’.

– Comida… de las estrellas… – el primer Capelon alzó su mirada hacia el cielo -. Puede… que ésa sea la solución…

– Pero… ¿y si no cae más? – dijo el segundo Capelon, uno de sus tentáculos fibrosos apuntando a la gran barcaza.

– Entonces demostraremos por qué somos depredadores – fue la respuesta que recibió -. Si ellos crearon una barcaza para surcar el cielo, ¡nosotros podremos también! Y si tenemos competencia incluso más allá de nuestro mundo… sabrán quiénes son los cazadores supremos. Sabrán quiénes son los Capelons.

Anuncios

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: