Las Paridas de Ozanúnest

5 05 2008
En primer lugar, las gracias a Oza por tomarse la molestia y el tiempo en hacer esta historia. En segundo lugar, espero que la disfrutéis…

En la Guarida, la situación estaba al rojo vivo…
– ¡Maldito seas! – gritaba Sacáis, digo Sacmis, si el corrector ortográfico me da permiso – ¡Te he dicho que no te acerques a Pymie y a mí!
– ¡Venga, vamos! – le contestaba yo -. Él es invencible, podrías enviarlo a buscar una aguja en un pajar sin que se le clavara y muriera… ¡Cachis, que se me escapa el secreto!
– ¿Ein?
– Nada, nada, que aquí hay conspiradores que, por un motivo u otro, querrían acabar con un Cabeza Pirámide…- me volví, mi mirada suspicaz pasó por Draug (a quien el corrector no llamó Dragó, pero me gusta más así), Sek, Clara, Monty, Yaiba, Morde y Charlie.
– ¡Eh, que estamos en nuestra casa! ¡Faltaría más! – protestó Clara -. No nos interesa acabar con un Cabeza Pirámide.
-¡Claro que no! – dijo Monty -. ¿Quién nos traería la ternera ahora?
-En realidad yo quería derrotarlo para probar mi fuerza, Ozanu-san, pero… prefiero seguir comiendo ternera -. admitió humillado Yaiba.
– Pero… ¿Qué más quieres saber, Oza, sobre el Cabeza Pirámide? – me preguntó Charlie.
– Nada, sólo quiero entrenarme con él: Yo soy mejor jugador por mi capacidad de evitar al enemigo, pero estoy perdiendo mis reflejos, así que pensé: “¿Qué mejor que entrenar con un Cabeza Pirámide?”. Sus ataques son letales sin remedio, así que o caigo, o me crezco.
– ¿Entrenar tus reflejos? ¿Para qué? ¿Acaso quieres volver a Silent Hill? – me preguntó Sacáis, como sería conocida en adelante por la maldad del corrector.
– ¡Sí! Ha aparecido Silent Hill: Origins, en el cual sale Alessa, y también hay adelantos en la red de la quinta parte, aunque espero de corazón que sea parte verdadera de la saga, y no como la cuarta, que quisieron meterlo en la saga cuando habían comenzado a programarlo como un juego diferente. ¡Malditas franquicias!
– …- comentó Pymie, taciturno.
– Pero me estoy yendo por las ramas. ¿Qué me dices, Pymie? ¿Te hace un entrenamiento? A ti también te vendrá bien, pues soy hábil en el esquive: En el primer juego, un enano que quiso atacarme mordió el suelo, mientras yo seguía corriendo a la torre.
– ¡…! – Pymie no pudo reprimir su desconcierto.
– ¡No me da la gana! ¡Luego te emocionas, y acabas con él con alguna técnica! – chilló S… No, no dejaré que el corrector sea un canalla de nuevo.
– ¡Pero si…! Da igual, me entrenaré con algún Tyrant de Resident Evil… No es lo mismo, pero valdrá para el calentamiento. Oye, Charlie, quería hablar contigo…
– ¡Dime! – me senté en el sofá, y le enseñé unos papeles que saqué del delantal de Monty.
– ¡Eh, que no soy un portafolios!
– Mira, es un estudio del público que sigue las Paridas. Lo más importante es que observes este dato del pico de las visitas.
– Veamos… ¿Número de veces que un friqui babea por un póster de Xena? ¿Pero qué…?
– ¡Oh, perdona, eso es un documento de mis labores de contraespionaje contra el sensacionalismo! – escondí de nuevo los papeles en el delantal de Monty, y saqué otros de la nariz de Morde.
– ¿Tienes algo más escondido…? – preguntó con sorna el fanpiro.
– Sí, en el sobaco de Clara hay unas fotografías de una pop-idol japonesa – Morde se lanzó como una fiera, pero Clara contraatacó y los aullidos de Morde se oyeron en todo el bloque.
– ¡Pringado! – dije, y sonreí con maldad -. Mira, este sí es el estudio.
– ¡Huuuuuum! – estuvo leyéndolo un buen rato -. Según esto, el número de visitantes que leen una tira donde sales tú es treinta veces el número normal. Curioso…
– ¡¿A que sí?!
– … Porque le pedí a Sac que me hiciera un estudio de las visitas, y resulta, amigo mío, que mi público busca chistes, referencias friquis y chicas monas. En este orden.
– ¡Oh…!
– Así que me parece que no, Oza.
– Bueno, pues… ¡Fanfic corriente y moliente!

La Guarida
Hora bantú: 15:00
¡Hora zulú!
¿¡Y a quién coño le importa!?

En la Guarida, Morde navegaba por la red, aprovechando que Sac y Pymie habían ido a buscar un buen afilador para el cuchillo de él. Entró en el You Tube, y descubrió los vídeos de los friquis del Mugen.

– ¡Hum…! ¡Vaya, peleas entre personajes de distintos juegos…! Y algunos personajes de películas algo disimulados, como Sadako. “Ella” sale en muchos.
Navegó y navegó, hasta que descubrió los vídeos de Meter Griffin, ¡digo, Peter Griffin! (¿Déjà vu?) en el You Tube. De todos, sólo uno le llamó la atención.
– ¿Team Draug? ¡Eh, Draug! – llamó al elfo -. ¿Tú has subido vídeos al Tubo?
– ¡No, en absoluto!
– ¿Será Charlie?
– ¡Será! Por la red se hace llamar así, ya ves…
– ¡Esto mola…! – y buscó los demás vídeos -. ¡Ahí va, si están todos…! ¡Hasta Dan! ¡Tengo que comentárselo a Mike!

Empezó a bajar las escaleras a saltos, por lo cual se tropezó y acabó bajándolas rodando como una pelota. Se estrelló junto delante de Mike, que estaba leyendo un tomo de la edición española de Lamu.

– ¡Qué gente! – se quejó entonces el baliflid -. ¡Escribir “atajo de inútiles”! ¡Todo el mundo sabe que es “hatajo de inútiles”, con hache! Y me parece que en un tomo de Death Note también apareció esta falta… ¡Leches, Morde! ¿Qué te pasa?
– ¡Nada, nada, estoy bien! – contestó el fanpiro recolocándose algunos huesos -. ¡Rápido, a tu ordenador!
– ¿Has encontrado algo divertido?
– ¿Divertido? ¡Grandioso! Resulta que Charlie ha subido vídeos en el Tubo…
– ¡Buah! ¡Yo también subí un vídeo que grabé cuando se armó el follón del rabbid…!
– ¡Lo sé, lo sé! ¡Pero este es mucho más divertido! ¡Son vídeos del Mugen!
– ¿Y…?
– ¡Y salen vecinos!
– ¡No jodas, Morde! ¡Vamos, que eso bien vale escaquearse del curro!
Entraron lo más rápido que permitió la maltrecha osamenta de Morde, y entonces comenzaron las carcajadas. Nadie protestó, pues siempre era mejor que oír “¡Mortal Kombat!” o “¡Santa rajadura!”.
Un momento después, en el bloque entró el último czarniano.

-¡Malditos! ¡Mira que no concederme el subsidio especial para “Los últimos…”! ¡Se lo conceden al último mohicano, al último kryptoniano y hasta al último de la clase, pero a mí que me parta un rayo! – lamentaba así el cazador de recompensas su suerte, cuando oyó las risas y vio la portería vacía. Suspiró.
– ¿Qué diablos estará haciendo la rajada rata…? ¡Al menos, se lo pasa bien…! – se quedó escuchando.
– ¡Qué bueno! ¡La que le meten a Lobo en este combate! – comentó Mike.
El czarniano estuvo a punto de perder el puro, que recuperó con sus rápidos reflejos.
– ¿Pero qué…?
– ¡Eso no es nada! ¡Ya verás el vídeo con Makoto! – dijo Morde. Las risas crecieron aún más. Lobo siguió escuchando mientras se acercaba sigilosamente. Entró en la portería ágilmente con un salto, y vio a la parejita de monstruitos del You Tube.
– ¡Oh, Señor, qué bueno ha sido eso! ¡Este Charlie es un crack! – dijo Mike.
– ¡Ya te dije que son lo mejor! – dijo Morde – ¡Mira, mira, ahora es cuando Lobo va a hacer un combo aéreo!
Lobo se apoyó sobre la mesa, y se asomó desde encima de Morde y Mike. Ellos seguían riendo como idiotas.
– ¡La leche, qué grande! ¿Te imaginas que ahora Lobo estuviera aquí, viendo esto? – preguntó Mike.
– ¡Anda, anda, Mike! Seguro que armaba una buena – ambos rieron, mientras se daban la vuelta, y repentinamente las carcajadas cesaron para pasar a expresiones de horror.
– ¿Qué hay, muchachos? – preguntó el czarniano.
Siguieron callados, Lobo se sentó en una de las sillas. Se fumó lentamente el puro mientras veía el vídeo.
– ¿¡Será mamarracho…!? ¿Draug? ¡No lo puedo creer!

Se levantó, pasó entre las estatuas, y subió las escaleras a saltos, por lo que llegó muy rápido a la Guarida (¡Otro déjá vu!). Una vez allí, intentó abrir la puerta de una patada, pero Sekhmet la había preparado para evitar que Shao Kahn la rompiera a martillazos. No se hizo daño, pero un intenso dolor sacudió su sistema nervioso.
– ¡Gizzo Fyital! -maldijo. Pero su dolor mereció la pena: La puerta se abrió. No por encantamiento, sino porque Clara quería saber quién era el animal.
– ¡Lobo…! ¡Has ganado la apuesta, Sek! – Clara pensó que había sido Dan mientras practicaba Saikyo -. ¿Qué quieres? ¿No sabes llamar a la puerta?
– ¡El elfo! ¡Quiero al rajado elfo! – gritó Lobo.
Clara se quedó de piedra, y se giró hacia Draug.
– ¡Eeer…! ¡Draug, creo que te ha salido un pretendiente!
– ¡Te lo tengo dicho ya, ídolo de los macrofílicos! – a Clara se le encendieron los ojos -. ¡No soy gay!
– ¡Y yo tampoco! – declaró Lobo, entrando -. ¡Tengo que hablar contigo sobre unos vídeos en el Tubo!
– ¿Otro? Los vídeos son de Charlie, que usa mi nombre como nick en el internet. Y ahora, si me disculpas, tengo que seguir investigando cómo volver a Daron… ¡Digo yo! – Draug se marchó solemne, y Lobo se quedó con Sek, Clara y Yaiba.
– ¿De qué vídeos hablas, Lobo? – preguntó Sek.
– ¡De unos que vuestro amigo ha colgado de mí! ¡Cuando lo pille, lo machaco!
– Veamos – comentó Clara, y se acercó al ordenador – You Tube… Draug… ¡Vaya, hay resultados! Veamos… ¡Anda, aquí aparece Arina, qué gracia…!

Todos vieron el vídeo, y empezaron a reírse con las monerías de Arina, ¡digo Harina! ¡No, Arina ya está bien! Hasta a Lobo se le pasó el cabreo, y empezó a partirse el culo mientras compadreaba con los demás. La mayoría de vídeos desfilaron ante sus ojos, y al acabar, necesitaron hacer ejercicio para recuperarse.

– ¡Y pensar la cantidad de veces que habré visto a Oume quitándose la dentadura! – comentó Yaiba -. ¡Qué peligro! – y volvió a reírse.
– Parece que ya se te ha pasado el cabreo, Lobo – dijo Sek secándose las lágrimas.
– ¡Bueno, es que mola cuando es otro!
– Mal de muchos…-insinuó Clara.
– ¡Bueno, creo que me voy, muchachos! – anunció Lobo, y todos pudieron respirar.
Una vez fuera, Lobo pensó que no era una mala idea comunicar a los demás la existencia de los vídeos. Para ello, como pensó que casi todo el mundo tendría puertas “anti-Shao Kahn”, decidió escribir notas e introducirlas en los pisos de los desconocedores actores.
– ¡Hale, ahora a esperar que empiece la fiesta! – y siguió fumando mientras reía malvadamente.

En los pisos de los implicados, empezaron a oírse maldiciones en japonés, cantonés, americano (¿?) y mortalkombatés, es decir, “¡Mortal Kombat!”.

– ¡Reunión de la comunidad de vecinos, inmediatamente! – exigió Shao Kahn.
– ¿Qué reunión, ni qué pascuas? – gritó Oume-. ¡Al piso de ese descarado, ahora mismo!
– ¡Ahí, ahí! – exigió Arina.
– Yo me apunto, que así tengo una excusa para ver a Clara – les dijo Lucas.
– Lucas… francamente, me parece que no está bien – dijo Arina.
– ¡Estoy emocionado! – gritó Dan -. ¡Al fin alguien reconoce que mis habilidades de Saikyo son dignas para incluirme en un All-Stars!
– ¡Pues yo estoy que echo humo! – gritó aún más Sail… ¡No, Makoto Kino! -. ¡Al menos, podría haberme dado otro traje, diantre!
– A mí no me importa tanto, ¡mientras pague mis derechos de imagen, por supuesto! – declaró Wade.
– Entonces, ¿por qué maldecíais? – les preguntó Lucas a Wade y a Dan.
– ¡Hombre, nos ha asombrado! ¿A ti no? – le preguntó Wade.
– Es que yo soy de los que se quedan con la boca abierta – reconoció Lucas.
Todos vieron a Lobo en el rellano, fumando mordazmente su purito.
– ¿Sabías algo de esto? – le preguntó Shao Kahn.
– ¡No, Kahn! He salido para disfrutar del airecillo que entra de la puerta, ¡no te digo! ¡Pues claro que lo sé, como que he repartido las rajadas notas! ¡Sólo es que quiero disfrutar un poco, hombre!
– ¿No te importa? – dijo Arina.
– Sí, pero después se me pasó con vuestras “actuaciones” – todos lo fulminaron con la mirada -. Bueno, sugiero presentarnos allí y esperar al muchacho.
– ¿Esperarlo? ¿Ya has estado allí? – preguntó Oume.
– Sí, y no está… Habrá que esperar…
– Mejor, así podré estar con Clara más tiempo – y no hace falta decir quién lo comentó.
Llamaron a la puerta, y les abrió el elfo.
– ¿¡Cómo que no estaba!? – dijo Shao Kahn -. ¡Aquí está! ¡Mortal…!
– Espera, Kahn, que no ha sido este, ha sido el otro, el rubio. El tal Charlie – le explicó Lobo.
– Pero en el vídeo se leía Draug…
– Es su nick
Mientras Shao Kahn reflexionaba sobre el significado de ello, Draug les inquirió por su visita.
– ¿Qué hacéis aquí?
– ¡Queremos que Charlie nos explique varias cosas! – dijo Harina, (¡Ahora sí!), ¡digo Arina!
Todos estuvieron de acuerdo. Draug comprendió.
– Los vídeos… Sí, pasad.
Todos entraron, y debido a la reducción de espacio, Sek se sintió entonces incómoda mientras le explicaba a Clara las tonterías de Lady Leviatán, y la imitaba.
– “¡Yo soy una Diosa…!” – decía Sek cuando vio a toda la peña que entraba en su hogar.
– ¡Jajaja, qué bueno! – reía Clara -. ¿Eh? ¿Y estos a qué han venido?
– A nada – dijo Lobo -. Sólo a hablar con Charlie sobre sus vídeos.
– ¡Oh, sentaos, sentaos…! – dijo con sorna Sek, y la frase de Lucas la interrumpió.
-¡Hola, Clara! – dijo con voz ridículamente melosa. Un gólem hecho de azúcar habría resultado menos empalagoso.
– ¡Lucas, déjame que no quiero ponerme de mala uva!
Oume ignoró a los jovenzuelos, y se dirigió a Sek.
– ¿Tardará mucho en llegar ese pánfilo?
– Pues sí, tardará…
– ¿Como cuánto?
– Como un mes.
Todos se quedaron asombrados.
– Está en Suecia estudiando, ¿no lo sabíais? – contó Draug.
– Yo… yo no lo sabía – reconoció Wade Wilson.
– Yo, de hecho, pensaba que había cumplido al pie de la letra ese comentario que le dediqué en su día, ese de “¡¿Cuándo te he dado a ti permiso para existir?!”. Hasta ahora, ¡claro! – declaró Lobo.
– Es que es muy discreto si lo comparamos con la mayor parte de vosotros – comentó Arina.
– ¡Muy sosaina! – clamó Oume.
– ¡Oh, y yo que quería agradecerle su amabilidad! – lamentó Dan.

Shao Kahn estaba callado, meditaba todo lo que oía. Aún estaba sufriendo los efectos derivados del excesivo trabajo intelectual que tuvo que realizar para darse cuenta de que no era Draug el autor de los vídeos, como el ordenador del creador de este patético texto cuando hace más de tres cosas a la vez.

– Si tantas ganas tienes de agradecérselo, Dan, hablemos con él – propuso Sek.
– ¡Buena idea! – dijo entusiasmado Dan -. ¿Por teléfono?
– ¡No! Ni por la red, que le va fatal. Usaremos este interfaz de comunicación. Crea una imagen tridimensional de la persona con la cual hablas – explicó Sek.
– ¡Cómo mola! – aclamó Arina.
– Sí, lo “tomé prestado” cuando me retiré de la armada neoarcadiana…
Sek dispuso, tras retirar la mesa y unas cuantas sillas, una plataforma circular. La enchufó tras apagar todos los demás electrodomésticos y la luz. De pronto, la plataforma emitió una luz azul oscura. En ese momento, Sek cogió su móvil y dio un toque. Los haces no eran de intensidad constante, así que creaba la sensación de estar contemplando el mar.
En el seno del mar, se materializó al final la figura de Charlie.
– ¿Qué quieres, Sek?
– ¿Dónde puñetas guardará Charlie eso en su piso sueco? – susurró Clara a Draug.
– Me parece que en el sótano… Para eso le da un toque antes.
– Charlie, te piden explicaciones por los vídeos – explicó Sek.
– ¿Qué vídeos…?
– Los de You Tube.
Charlie se quedó helado cuando vio a los presentes.
– Bien, puedo explicarlo… – comenzó.
-¡No hay nada que explicar! ¡Mortal Kombat! – Shao Kahn se lanzó contra Charlie, sólo para estrellarse contra la pared y destrozarla.
– ¡Tú pagas los gastos! – le dijo Sek señalándolo con el dedo.
– Bien, quería decir que el hecho de que algunos de vosotros aparezcáis en esos vídeos, se debe a que os admiro tanto como luchadores, como personas – aclaró Charlie.
– ¡Hombre, pero eso es usar nuestra imagen! ¡Si como mínimo pagaras…! – quiso explicarse Wade, pero lo interrumpió Lobo.
– ¿En serio me admiras?
– ¡Hombre…! Bueno, tu estilo es envidiable, y tu ética, y…
– ¡Vale, te perdono! ¡Vas a ser un tío de puta madre, y todo!
– ¡Y yo, pero claro, antes me gustaría una compensación…! – intentó explicar Wade, pero Dan lo interrumpió.
– ¡Te doy las gracias! ¡Desde que llegué aquí, no he oído sino palabras de desprecio hacia el Saikyo! – Dan se llegó a postrar ante Charlie, a pesar del rubor que se adueñó de las mejillas del último.
– Bueno, creo que puedo hacer la vista gorda – concedió Oume
– Pues si eso es todo, creo que podemos hacernos los suecos – dijo Arina, y rió. Nadie la acompañó.
– ¿Qué pasa? ¿Es que ninguno lo ha cogido? ¡Es un juego de palabras! ¡Bah, que os folle un pez! – y salió muy indignada con Oume. También se fue Dan, con porte señorial. Lobo se disponía a irse mientras Wade quiso intentarlo otra vez. De pronto, se levantó Shao Kahn.
– ¡No estoy de acuerdo! ¿Por qué mi única aparición muestra mi derrota ante el czarniano?
– ¡Oh…! – exclamó Charlie. Tenía una buena explicación.
Lobo miró al ex-emperador del Mundo Exterior, queriendo vacilarlo.
En ese preciso instante, se abrió la puerta y aparecieron Pymie y Sac.
– ¡… … …! – supuso jocosamente Pymie.
– ¿¡Cómo te atreves!? – preguntó Lobo.
– ¡Ahora verás! – juró Wade.
– ¡Mortal Kombat!

La pelea desatada entre los cuatro fenómenos provocó grandes destrozos, como la separación entre habitaciones de la Guarida, la destrucción del interfaz, y graves daños personales a Lucas, a pesar de que Clara lo consideró un mal menor. Un desastre generalizado que todos lamentaron.


En Suecia, Charlie pensó que aún así se había librado de una buena.


En la portería, Morde y Mike siguieron paralizados hasta que Yaiba intentó usarlos de muñecos de entrenamiento. Echaron a correr, y no pararon ni cuando rebasaron la meta del horizonte.


Para los demás vecinos, fue un día la mar de tranquilo.

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