Ascendancy: Baliflids

30 04 2008

La segunda especie. Más de uno sabéis quién pertenece a ésta, ¿no?

Baliflids: Grandes diplomáticos

Los Baliflids de tres generaciones se reúnen a tu alrededor, el Viejo Cuentacuentos, lo más cercano que los Baliflids tienen a un líder. Los jugueteos y las bromas disminuyen y la muchedumbre espera silenciosa a que empieces.

Este mundo es divertido, pero hay un Universo entero para explorar. Cuentas una historia, para entretener a tus compañeros, sobre un grupo de roedores de tres lenguas que construyen grandes e impresionantes naves y vuelan por el espacio. Será una broma para todos los tipos grandes y sin sentido del humor que andan por ahí mirándose el ombligo. Pero cuidado, a menudo los más tontos tienen impresionantes colmillos.

Los Baliflids son simpáticos organismos parecidos a los roedores. Se criaron en un mundo tranquilo pero competitivo donde desarrollaron la habilidad para desarmar y vencer a sus competidores. Otras criaturas se muestran instintivamente protectoras hacia los Baliflids.

Un Baliflid siendo atacado por una insaciable bestia Strak se quedará tranquilo mirando al furioso y enorme depredador con una expresión parecida a la de una risa contenida. A menudo el depredador se parará en seco, sin saber el porqué pero sintiendo que su agresividad se desvance ante la visión de la expresión relajada del Baliflid.

Los Baliflids tienen una enorme capacidad para divertirse, no se toman nada demasiado en serio y son
amistosos y curiosos. A pesar de su inofensivo aspecto, los Baliflids son muy inteligentes y altamente perceptivos. Sobrevivieron como especie debido al uso de su empatía con el entorno y las motivaciones de otras criaturas.

Habilidad especial: Los Balifids son grandes diplomáticos. Pueden forzar a todas las especies a hacer las paces con ellos. (Activa) Necesita 100 días para tener suficiente energía para usarla.

Naves:
Pequeña
Mediana
Grande
Enorme

Opinión personal:

Los Baliflids, junto a Chamachies, Frutmaka y Dubtak, son de mis especies favoritas, tanto por su historia como por su diseño (aunque el dibujo es el del Viejo Cuentacuentos) y por su habilidad especial. Aunque por el resto se puede tratar como una especie sin habilidades especiales, los Baliflids tienen una habilidad que en ambientes neutral y hostil se convierte en vital, siendo su única lacra el que sea activa (pero es que si no, nadie le declararía la guerra a los Baliflids).

Tener a unos roedores de tres lenguas apuñalándote por la espalda y luego te pongan ojitos de cordero degollado y le digas “venga, va, no pasa nada” es una gran idea. Son negociadores y usan su empatía para la diplomacia. Y además estas ratas no se toman nada en serio, pero nunca llegando a ser unos payasos.
Cuando juegas contra los Baliflids, raramente harán uso de su habilidad especial, y será con otros enemigos, nunca contigo, así que no tienen nada de especial. Por el resto, los Baliflids son bastante reacios al principio en sus negociaciones, pero luego son grandes aliados.

Puntuación: 8.5 / 10

El enorme monstruo observaba incrédulo cómo la pequeña Baliflid, que no se alzaba más de medio metro del suelo, le sonreía. Cualquier otra criatura trataría de huir o enfrentarse a la más desagradable de las muertes: ser devorado por una bestia Strak. Pero aquella Baliflid, sin embargo, ni tan siquiera hacía el ademán de moverse.

Estaba quieta, con una expresión relajada y, a la vez, llena de alegría. El enorme depredador la seguía mirando, confuso, sin saber cuál sería su siguiente acción. Algo en aquella pequeña y peluda criatura le impedía proseguir con su caza.

Lentamente, la bestia Strak empezó a retroceder, sus ojos aún fijos en los de la pequeña Baliflid. Cuando se encontraba a más de diez metros de ella, el depredador se movió con grandes y ágiles pasos lejos de la pequeña criatura.

Para un Baliflid esto era rutina. Incluso para los más pequeños.

– ¡Samy! – gritó una voz adulta, masculina aunque algo aguda.

La pequeña Baliflid se giró para ver a su padre, el cual la doblaba en altura, acercarse hacia ella. La cogió en sus brazos y abrazó a su hija fuertemente.

– Cariñito, no te pongas a juguetear con los depredadores… ¿o es que quieres perderte la historia del Viejo Cuentacuentos?

– ¡Sí, sí, quiero ir a escuchar al Abuelo!

– De acuerdo, ¡pues vamos allá! – dijo su padre mientras ambos se ponían en marcha hacia a la Gran Plaza.

No es que fuese su abuelo genético, pero los Baliflids más jóvenes conocían al Viejo Cuentacuentos, el líder de aquellos roedores de tres lenguas, como el Abuelo. Nadie sabía cuántos años tenía, pero estaba claro que había sobrepasado ampliamente la esperanza de vida típica de un Baliflid, era el último de su generación… y aún tenía energía para seguir dando guerra y contar más relatos.

Habían pasado cinco semanas desde que el Viejo Cuentacuentos hablara de sus sueños sobre la conquista del espacio. Más de un joven inexperto o de algún acomodado noble se había reído de él antes de que el bastón del venerable anciano cayera sobre el cráneo de algún incrédulo, provocándole un pequeño chichón, imponiendo su respeto sobre las burlas que no dejaban de interrumpirle. Los demás, sin embargo, habían escuchado aquel relato con gran entusiasmo, unos pensando que es un cuento bonito y optimista… y otros, sin embargo, pensando en que ese relato podía convertirse en una realidad con el tiempo.

Era por ello que muchos científicos trabajaban duramente en los diversos institutos de tecnología y ciencia de la Ciudad Central, la que podría considerarse como capital de los Baliflids.

Uno de los grupos de investigación más importantes se estaba encargando de los motores para futuras naves. Habían conseguido crear un motor de gran potencia, la suficiente para, al menos, llevarles a otros planetas de su sistema planetario y volver.

El avance en este campo había sido posible gracias a las notas dejadas en el diario del viejo Tonklin (que en paz descanse), un científico que vivió hace muchas décadas y que soñaba con la exploración espacial. Y por ello el motor que habían creado lo habían bautizado “Motor Tonklin beta”. La ‘beta’ venía a cuento de que el “Motor Tonklin alfa” había estallado y mandado a más de un científico al hospital. Y esperaban que pronto lo pudieran llamar “Motor Tonklin” a secas.

Mientras tanto, otro grupo estaba haciendo grandes progresos en el estudio de las futuras colonias espaciales. Los científicos Baliflids habían probado ya que los suyos no podían vivir en el vacío ni con una cantidad muy limitada de oxígeno. Suya era la labor de crear bases coloniales que pudieran proveer a los colonizadores Baliflid unas condiciones parecidas a la de su mundo natal en caso de que aquellos planetas tan lejanos no las tuvieran.

Los pensamientos del padre de Samy sobre semejantes avances se vieron interrumpidos cuando la voz de su hija le llamó:

– ¡Papá, papá, que va a empezar! ¡Busquemos sitio!

El Baliflid adulto sacudió su cabeza. Entre tanto pensamiento sobre los avances de su sociedad había perdido la noción del tiempo. Ya estaban en la Gran Plaza, ahora lo que debían hacer era buscar un sitio entre la muchedumbre que esperaba impacientemente a que el Viejo Cuentacuentos comenzara su relato.

El anciano Baliflid vio cómo los más rezagados comenzaban a unirse al fin. Se aclaró su vieja garganta, tosió un par de veces. Estos eran los signos que utilizaba para que la gran masa de Baliflids allí reunida empezara a callarse y a dejar de dar brincos y juguetear.

Y entonces fue cuando el Viejo Cuentacuentos comenzó a narrar una nueva historia…

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