A raíz de un artículo de Crisis Creativa escrito por Fósforo, colé el típico tocho-comentario que suelo endosarles en ese blog, pero tras hablarlo con el señor Vrede, luego he pensado “¿y por qué no ampliarlo y convertirlo en un post en este blog, que el pobre lo tengo medio muerto?”. Y ahí vamos.
El artículo original de Fósforo puede gustar o no, puede ser tomado como una generalización absurda de una serie de colectivos o como un buen golpe de realidad a lo que son esos colectivos… Yo paso a deciros a continuación qué es lo que opino sobre lo que ha estado ocurriendo en la Red desde el “incidente de Megaupload”.
Todos recordaréis que el jueves 19 nos acostamos en España con la noticia de que Megaupload, el servicio de alojamiento de archivos en Internet, fue cerrado por el FBI y sus responsables detenidos en Nueva Zelanda (seguido por las posteriores menciones a Kim ‘Dotcom’, alias El Gordo de Megaupload). Esto encendió la chispa de mucha gente indignada, gritando consignas en pos de la libertad de expresión, de los derechos fundamentales y de oponerse a la Ley Sinde-Wert, a PIPA, a SOPA y a ACTA, entre otros.
Creo que tras una semana podemos pensar las cosas fríamente, hemos visto noticias con distintos enfoques y puntos de vista, opiniones diversas… Con todo esto, podemos ya ir forjando nuestra propia opinión sobre el asunto de Megaupload y qué pasa en Internet.
Megaupload
La gente ha hablado mucho de libertad de expresión en Internet. Y es normal: legislaciones como Sinde-Wert, PIPA, SOPA y ACTA, en un principio con la (para nada mala) finalidad de evitar que la gente se lucre con el trabajo de otro, pueden usarse para censurar y abusar, debido a su ambigüedad y a que, como en el caso de Sinde-Wert, no haya un juez que dicte sentencia y quede limitado a una comisión de propiedad intelectual.
Pero ¿qué tiene que ver Megaupload con la libertad de expresión? Es algo que, al menos a mí, se me escapa.
Vamos a ser sinceros: Megaupload no era una empresa altruista precisamente. Es cierto que se podían compartir archivos propios, pero también es verdad que MU era sobre todo conocida por tener una gran cantidad de material protegido por derechos de autor; y quien más y quien menos, hemos descargado alguna película o un capítulo de cierta serie desde MU o cualquiera de otros servicios similares (RapidShare, FileServer, etc.). Hasta aquí no parece haber demasiada diferencia con P2P y BitTorrent (excepto que aquí está siempre compartido, no mientras el usuario esté conectado), así que no debería haber problema, ¿no? Pues ahora recordad otra cosa: había una serie de cuentas premium, con supuestos beneficios para los usuarios que pagaran una cierta cuota.
Detengámonos un momento… Megaupload estaba lucrándose, y no es posible que no supieran que había material con derechos de autor, pero entonces ¿eso no es delito? Al parecer, MU borraba los archivos cuando se denunciaba una violación de propiedad intelectual… o eso se creía, ya que según algunas fuentes lo que se hacía realmente era borrar el enlace, sin tocar el archivo original. El sistema de nube de MU funcionaba de forma que no hubiese archivos repetidos, simplemente varios enlaces. Y si un enlace caía, ya otra persona, cuando subiera el archivo de nuevo, tendría un nuevo enlace… apuntando al archivo original.
A todo esto, hay que añadir que además de por piratería y violación de derechos de autor, se acusa a MU de delitos como blanqueo de dinero. ¿Qué sabemos realmente de MU y de su cierre?

Me sigue pareciendo mal por toda la gente que compartía sus archivos (las fotos que habían hecho, las maquetas del grupo en que toca…) con otros en MU, pero por otro lado, si tantas tropelías (¿se sigue diciendo esta palabra? es que uno es algo vejete) ha cometido MU, pues han jugado con fuego y se han quemado.
Otra cosa que se ha hablado: Megabox, un servicio de música en el que, al parecer, MU estaría en contacto con los músicos, dándoles la mayor parte de las ganancias, y que podía suponer la competencia de las grandes discográficas. Algunos apuntan a que esta competencia que podría surgir sería la verdadera razón tras el cierre de MU, pero ¿es esto cierto o es algo que ha salido al paso para intentar parecer que los de MU “no son tan malos”? Ni lo sé ni, sinceramente, me importa.
¿Que las multinacionales audiovisuales tenían miedo? Se convertiría en un competidor más que las trataría de tú a tú… porque seguramente se convertiría en lo mismo que aquellas. Así que es normal tener miedo a la competencia, y más cuando ha tenido tanto reconocimiento entre varios internautas como es Megaupload, pero ¿tanto para inventarse una serie de cargos para empapelarles? ¿No es demasiado jugar a la teoría de la conspiración?
La cuestión está, también, en que mientras unos hablamos de libertad de expresión y que se ofrezca un nuevo modelo de cultura en el que todos salgamos ganando, punto en el que todavía no hay mucho en común que digamos, otros solo hablan de “todo gratis” y se pillan un berrinche con el asunto de Megaupload.
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Anonymous y sus acciones
¿Qué es Anonymous? Para quienes no lo conozcan, Anonymous es un movimiento surgido en ese agujero negro (para bien y para mal) que es 4chan. Comenzó como una meme que representaba a los internautas como un colectivo sin rostro, una mente colmena anárquica que acabó convirtiéndose en un movimiento activasta (hacktivista también). Son fácilmente reconocibles ya que hicieron suya como símbolo la máscara de Guy Fawkes que llevaba V, el héroe-terrorista-inserte-su-definición-aquí del cómic “V de Vendetta” que daría lugar muchos años atrás a una película, entre cuyo merchandising está la máscara de marras.

Por mucha máscara de Guy Fawkes que haya, este símbolo representa mejor a Anonymous
Anonymous se ha dedicado al activismo en la Red e incluso a llegar más lejos y actuar fuera de la misma, manifestándose y apoyando movimientos como el del 15-M u “Occupy Wall Street”. Pero de un tiempo a esta parte, parece que una parte de Anonymous se ha convertido en una parodia de lo que es (¿o fue?) realmente este grupo, tumbando webs porque sí, sin realmente haber una razón de peso que sí caracterizaría al Anon común… o incluso proponer un tema de actualidad (trending topic) en Twitter para que la gente les mire.
¿Ataques DDoS? ¿Trending topics? ¡Hasta las fans de Justin Bieber pueden conseguir un TT en cuestión de minutos! Y al parecer hacer un ataque DDoS no es precisamente difícil, por lo que he oído y leído.
No es todo Anon, cuidado. Aquí se habla de una parte de Anonymous que parece empecinada en llamar la atención. ¿Es esta la labor de lo que fue y supuestamente debe seguir siendo Anonymous? No lo sé, la verdad. Pero cada vez que veo estas cosas, me pregunto: ¿cuánta gente queda de lo que fue realmente el movimiento? ¿Cuántos de ellos son, como dijo Un tipo con boina hace un tiempo, realmente Mongonymous, gente que ni siquiera saben de qué va el asunto y solo lo hacen “por llevar la contraria” o “por llevar la máscara del V de Vendetta ese, que es to’ rebelde”?
Os digo que aquí no quiero caer en burdas generalizaciones, y es que visto lo visto, una parte Anon y que da la nota (para mal) parece dispuesta a representar a todo el movimiento “porque sí”. Es una lástima que se caiga en la generalización por culpa de esa gente, igual que la gente que clama por “todo gratis” está dando mala imagen al resto de internautas para no pocos.
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“Todo gratis”, la industria y su modelo
Por un lado tenemos la industria audiovisual. Editoriales, discográficas, estudios de cine, televisión y videojuegos. Hablamos de ellos como dinosaurios inmóviles que no quieren abandonar un modelo de negocio que nos parece caduco, que temen lo que la tecnología puede hacer y, no pocas veces, lo asociamos con la invención de la imprenta, que desató las iras de aquellos que escribían manuscritos en pergamino.
En buena parte, esto es cierto. Hemos visto a ciertos editores cargar contra el e-book o cómo algunos aún desconfían de Spotify o de Netflix o de Steam como nuevos modelos de negocio, porque los intermediarios no se llevan tanto. Hemos leído y oído de todo.
Pero claro, ahora os preguntaréis por qué he mencionado Spotify, Netflix y Steam. Son tres plataformas: una de música, otra de cine y la última de videojuegos. Se basan en cosas tan sencillas como el streaming de música y vídeos y el acceso a juegos de ordenador a precios asequibles e incluso con ofertas interesantes.
Precisamente, soy usuario de Steam, así que conozco lo que he podido ver. La plataforma de juegos creada por VALVe es un modelo que no está mal. Gracias a Steam, he conocido y comprado juegos, más de lo que solía hacerlo. ¿Por qué? Precios accesibles, ofertas bien pensadas… hay que tener cuidado y no comprar más de lo que realmente vas a necesitar (el síndrome del coleccionista mezclado con Diógenes: empiezas a comprar y no paras, incluso comprando juegos que nunca jugarás), pero es un modelo que funciona por el momento y que aprovecha las ventajas de que los desarrolladores, independientes o no, ofrezcan directamente su producto a través de esa plataforma.
Claro, está el problema de “es que como Steam caiga, pierdes todo, porque está todo en la nube”, y estoy seguro de que VALVe y las desarrolladoras que utilizan la plataforma lo habrán tenido en cuenta, además de que puedes hacer copias locales. Pero vamos, la cuestión es que, con sus ventajas e inconvenientes, es uno de los caminos, en mi opinión acertados, a tomar. No es perfecto, pero no hay que ignorarlo.
Y aun así, un buen sector de la industria cultural, como ve que hay un beneficio más directo hacia el creador, no está conforme. Y aquí entramos en el tema de gestores como la SGAE, que también se llevan un buen pellizco y llegan hasta a ir a los pueblos a pedir cuentas por usar música en las fiestas locales, por ejemplo.
Es decir, que visto esto, hay un sector muy visible de la industria que no se mueve, que no evoluciona, pero también hay otro sector, que está dejándose ver más, y que está intentando aprovechar la tecnología y la ventaja que supone utilizarla para promocionarse y para ofrecer productos a precios asequibles sin que sus beneficios se vean afectados.
Por otro lado están los consumidores, en este caso, limitándonos a lo que son los internautas. Cualquiera que navegue por Internet es un internauta. La Red ofrece todo tipo de información y contenido, y algunos han aprovechado para compartir ya no solo información propia, sino ajena… y sin pagar.
Y entre eso y que mientras los precios suben nuestros salarios no parecen seguirles, la gente piensa “pues entre pagar una burrada y no pagar, está claro, ¿no?”. Esto ha llevado a algunos a defender lo que se llama el “todo gratis”. Mientras unos hablan del libre acceso a la cultura (libre no quiere decir gratuito, aclaremos), otros lo único que quieren es que el último capítulo de su serie favorita esté disponible sin apoquinar (más allá de lo que ya pagamos por la conexión a Internet, obviamente).
De nuevo, no quiero caer en ninguna generalización. Ya os adelanto: yo descargo. He descargado por P2P, por Torrent e incluso por Megaupload y otros servicios de alojamiento y descarga directa, pero si algo me gusta, lo compro. Pensad en esto como en los préstamos: un amigo te presta algo que es suyo y, si te gusta, se convierte, en el caso de algunos, en una compra segura (claro que entonces algunos éramos unos críos y a ver cómo lo hacíamos para convencer a nuestros padres).
Si no fuera por los episodios de Futurama que veía en el ordenador porque siempre me los perdía en Antena 3, no habría comprado en su tiempo el cofre con las 4 primeras temporadas (las que me gustan) de la serie, ni tampoco habría comprado nuevos cómics de Deadpool si no hubiese leído “Cable & Deadpool” en el ordenador, serie que me convenció de que, contrario a mi pesimismo porque “esto ya no son los 90″, el Mercenario Bocazas seguía dando caña de la buena (hasta hace un par de años)… y así podría seguir. Y ya he hablado de Steam.
Quiero decir: este “compartir información y contenido” puede servir como promoción para la industria, lo que se traduce en más gente dispuesta a pagar por tener el original. Claro que ya he hablado también del precio asequible, pero también existe el tema de esperar a una oferta para hacerse con algo que, en un principio, no has tenido.
Pero de nuevo, repito, está la gente que cree en el “todo gratis”. No son todos los internautas, no todos los que navegan por la Red son piratas ni caraduras que piensan que la cultura libre y la cultura gratuita son lo mismo. Y esto lo dice un dibujante de webcómic, que ofrece su trabajo en la Red…
… Y aprovecho así para presentar a los terceros en discordia y los que sufren los daños colaterales: los autores. En mi opinión, más que nosotros los consumidores, los autores son los grandes perjudicados en este asunto. Ahora diréis algunos “claro, porque como cobran poco con tanto intermediario…” y es solo una parte del problema. La otra parte ha nacido a raíz de las declaraciones de algunos de ellos y que han puesto en un compromiso al resto, a quienes esto, en un principio, ni les va ni les viene.
Casos como el de Víctor Manuel, que se atrevió a decir que todo consumidor es un ladrón en potencia, o cualquier parida que haya soltado Alejandro Sanz, especialmente por Twitter (él o el becario que tenga redactando sus tuits, no sé) son malos ejemplos. Y luego está el tema de autores que apoyan a la SGAE, bien por beneficio o por ignorancia. Y estas personas han llevado a no pocos en Internet a creer que los autores son tal malvados como las multinacionales o la SGAE, y que solo quieren nuestro dinero.

Una tira de 2011 publicada en "Sinergia Sin Control" sobre algunos autores metepatas que condenan al resto con sus meadas fuera del tiesto. Podéis acceder a la entrada original pulsando sobre la imagen.
Cuando eres un autor, un creador, te das cuenta de que tu trabajo debe ser reconocido, por todo el tiempo que has invertido en él, y también que si quieres ganarte la vida con ello, puedes hacerlo, o al menos intentarlo. Pagar por el disco de tu grupo favorito, por el libro de tu autor de culto o por el videojuego de tu saga favorita es un “me gusta lo que haces, te mereces mi apreciación” en forma de dinero (claro que luego viene el tema de intermediarios y que el autor reciba una miseria al final comparado con el beneficio inicial). Y hay que saber reconocer la labor de esas personas que escriben, dibujan, filman, programan todas esas historias y aventuras que tanto te gustan.
Pero ya lo estáis viendo: nada de esto es tan sencillo de hacer en un momento. Lo triste es que la solución es, en teoría, sí que es sencilla. Triste contradicción, porque todo se podría solucionar si ambos “bandos” (si pensamos en bandos como industria vs consumidor) se sentaran y se dejasen de extremismos, porque al final todo el mundo sale perjudicado: empresas y autores serán considerados villanos que pretenden arruinarnos y chuparnos hasta el tuétano, y los internautas serán una pandilla de mocosos caraduras que quieren todo gratis. Y para estas generalizaciones estúpidas no estamos algunos.
Ahora, la gente no parece estar tan por la labor en este tema (y cuando alguien lo intenta, como Álex de la Iglesia, consigue malas miradas por alguna razón). Es fácil hacer esto, quejarse desde tu ordenador o desde tu despacho. El movimiento se demuestra andando, demostrando que Internet no es un foso de maldad que quiere robar a los creadores, que unos pocos no pueden representar a todo un colectivo.
Hasta que el “todo gratis” y la demonización de los autores como “cómplices de la SGAE y las multinacionales malvadas” desaparezcan, hay mucho que hacer.
He dicho.





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